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Madrid-Washington: una relación más allá de presidentes y partidos

Diplomacia. La alianza entre España y EEUU se remonta a 231 años atrás. Los acuerdos en materia de defensa, sobre todo los de las bases militares, son los más afianzados

09 nov 2016 / 23:10 h - Actualizado: 10 nov 2016 / 07:00 h.
"Elecciones en Estados Unidos 2016","Trump gana la Casa Blanca","Hillary Clinton","Donald Trump"
  • Adolfo Suárez saluda a Jimmy Carter. / EFE
    Adolfo Suárez saluda a Jimmy Carter. / EFE
  • Felipe González junto a Ronald Reagan. / EFE
    Felipe González junto a Ronald Reagan. / EFE
  • George W. Bush abraza a José María Aznar. / EFE
    George W. Bush abraza a José María Aznar. / EFE
  • José Luis Rodríguez Zapatero se da la mano con Barack Obama. / EFE
    José Luis Rodríguez Zapatero se da la mano con Barack Obama. / EFE
  • Mariano Rajoy y Barack Obama, en La Moncloa este julio. / Efe
    Mariano Rajoy y Barack Obama, en La Moncloa este julio. / Efe

Las bolsas europeas saludaron la victoria de Donald Trump con caídas de más de cinco puntos que a lo largo de la jornada se fueron moderando. Es sólo un ejemplo de la inquietud que despierta el próximo presidente de Estados Unidos tanto en los parqués como en los despachos. Un recelo que el excéntrico empresario se ha labrado durante esta larga campaña electoral con ataques a los aliados a un lado y otro del Atlántico (mientras estrechaba lazos con Rusia), los inmigrantes, las mujeres... La lista de agraviados por Trump en este periodo es larga. Unas (malas) formas que han asustado a más de un político, llegándose a poner en cuestión las actuales alianzas con la primera potencia mundial. ¿Pero hay una base real para tanta desconfianza? Si de algo ha dado muestras el republicano es de ser un personaje imprevisible. Al menos como candidato. Otra cosa será como el cuadragésimo quinto presidente de EEUU. En principio parece inviable un viraje de 180 grados en materia de defensa, seguridad y cooperación. Hasta el propio Trump sabe que hay acuerdos que tiene que cumplir y respetar. Y a eso se agarra España.

Las relaciones diplomáticas entre Madrid y Washington se remontan a 1785, apenas dos años después de la plena independencia norteamericana. Lógicamente en estos 231 años ha habido épocas mejores y peores, momentos de disensión y de pleno entendimiento. Desde el enfrentamiento entre ambos países a cuenta de los movimientos independentistas en las colonias españolas que acabó en la guerra de 1898 y con la pérdida a favor de EEUU de los territorios de ultramar (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, las Islas Marianas y Guama), pasando por el franquismo y el aislamiento internacional impuesto por la Casa Blanca hasta los desencuentros por el referéndum sobre la entrada en la OTAN en 1986 y la retirada unilateral de las tropas españolas de Irak en 2004. Pero incluso en las situaciones más delicadas, especialmente durante este periodo democrático, los acuerdos se han mantenido: en juego hay intereses estratégicos por encima de partidos y gobiernos, sobre todo en materia de defensa.

«Si bien es importante un Gobierno estable en España y que funcione bien, la naturaleza de nuestra relación y los nexos de España y EEUU no dependen de qué partido ocupe el poder, ni en España ni en EEUU». La frase es del presidente saliente de EEUU, Barack Obama, durante la visita a nuestro país el pasado mes de julio. En esta línea el jefe del Ejecutivo español, Mariano Rajoy, aseguró este miércoles vía Twitter: «Seguiremos trabajando para reforzar la relación que nos une a EEUU, socio indispensable». Con ambos coinciden los expertos.


A continuación se detalla los tres grandes temas que fundamentan las relaciones entre ambas naciones.


Defensa y Seguridad

EEUU cuadruplica en ocho años su presencia militar en Morón y Rota

La situación geográfica otorga a España una posición ventajosa para afrontar amenazas a la seguridad en escenarios como el africano o el mediterráneo. Unas relaciones que se regulan desde el año 1988 bajo el Convenio de Defensa, que ha sido revisado en tres ocasiones desde entonces: 2002, 2012 y 2015. Unas modificaciones que han multiplicado por cuatro la presencia militar norteamericana en suelo español en menos de una década. Unos números que sirven para comprobar la fortaleza estratégica de la alianza, al menos desde el punto de visto defensivo.

La reforma de 2012, que gestó José Luis Rodríguez Zapatero al final de su segundo mandato después de retirar las tropas de Irak en 2004 y abrir una crisis diplomática que no se ha cerrado definitivamente hasta el pasado julio con la visita de Barack Obama a Madrid y Rota (suspendió su visita a Sevilla tras el asesinato de seis policías en Dallas por un conflicto racial), dio vía libre al despliegue de cuatro destructores Arleigh Burke que constituyen el componente naval del escudo antimisiles de la OTAN. Un escudo cuyo sistema de combate es capaz de interceptar un misil balístico en vuelo y detectarlos en un radio de más de 500 kilómetros. En sus instalaciones hay 2.850 militares, 400 civiles y un total de 2.600 familiares.

Además Rota es el corazón de la marina de guerra española. No en vano en sus 2.300 hectáreas se cobijan las principales unidades operativas de nuestra Armada: del portaaeronaves Juan Carlos I a las fragatas F-100 o el buque de asalto anfibio Galicia.

La revisión de 2015, que contó con la aprobación de todos los grupos del Congreso de los Diputados a excepción de Izquierda Plural, afectó a la base militar de Morón de la Frontera, en Sevilla. Unas instalaciones que han pasado de tener una ocupación temporal a permanente y convertirse en el centro de operaciones del Pentágono para toda África. Este cambio también supuso una ampliación sustancial del número de efectivos norteamericanos en la provincia de Sevilla pasando de 850 a casi 3.000 (de los cuales el 80 por ciento son militares y el resto personal civil).

Un salto cuantitativo más que considerable si se tiene en cuenta que en 2008, según los datos del Ministerio de Defensa, sólo había 1.130 militares estadounidenses en España, muy lejos de los 30.000 en Alemania, los 9.000 en Gran Bretaña o los 11.500 en Italia.


Economía

Inversiones pendientes del nivel de proteccionismo que imprima Trump

Si la defensa es uno de los aspectos capitales en cualquier relación diplomática, la economía no se queda atrás. El año pasado, el comercio bilateral entre España y EEUU sobrepasó los 25.000 millones de dólares. España es el noveno inversor en Estados Unidos y uno de los de más rápido crecimiento, con un total de 58.000 millones de inversión extranjera directa en 2014. EEUU es el tercer inversor directo en España (ha llegado incluso a ocupar el primer lugar), con casi 31.000 millones invertidos a partir del primer trimestre de 2015. Hay más datos. The Hispanic Council calcula que actualmente hay 700 empresas españolas implantadas en EEUU que dan empleo a 75.000 personas de forma directa y 300.000 de forma indirecta. Los sectores de la banca, energías renovables, las obras públicas y las infraestructuras, los servicios financieros, la medicina y la moda son los más importantes. Precisamente los que ayer sufrieron una caída más acusada tras la victoria de Donald Trump.

Sin olvidar el turismo. No en vano, de los mercados emisores que envían más de un millón de turistas anuales a España, Estados Unidos es el que más creció en 2015. De enero a agosto, la llegada de turistas estadounidenses registró un aumento del 21,9% respecto al mismo período del año anterior, según la encuesta oficial Frontur. Una tendencia que también se traslada a Sevilla. El ejercicio pasado la llegada de visitantes yankees a la provincia tuvo un crecimiento del 5,6 por ciento con respecto a 2014.

Unas buenas cifras que hoy politólogos y analistas económicos ponen en cuestión. En esta larga y polémica campaña electoral, Donald Trump ha sostenido machaconamente que Estados Unidos es «estafado» por sus socios y aliados. El republicano, que en su discurso de victoria afirmó que se llevará «bien con todas las naciones dispuestas a llevarse bien con nosotros [por EEUU]», ha amenazado con salirse de acuerdos comerciales o renegociarlos –uno de ellos podría ser el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) con Europa–. El multimillonario ha dejado claro que prioriza el desarrollo de la industria y la infraestructura interna. Un proteccionismo que, en función de su radicalidad, podría mermar el actual nivel inversor.


La herencia hispana

Entre el antiamericanismo residual y la prioridad de la Unión Europea

Que la relación entre España y EEUU goza actualmente de buena salud, resulta evidente. Los lazos económicos, culturales, militares y sociales parecen estrecharse después de la crisis diplomática de 2004 que impidió que hasta este año –tras 15 años de espera– un presidente norteamericano pisara suelo español. La pregunta es si dicha alianza se ha explotado plenamente teniendo en cuenta además la historia que une a ambos países. Según el historiador Charles Powell y el profesor de Relaciones Internacionales en las Universidades de Burgos y Madrid Juan Tovar, no en exceso. El propio Tovar destaca en un análisis publicado por el Real Instituto Elcano coincidiendo con el viaje de Barack Obama a Madrid que la relación con EEUU se sitúa en el cuarto lugar de prioridades para la política exterior española después de Europa, América Latina y el Mediterráneo. «Probablemente sea el único país europeo donde esto suceda, pese a las importantes repercusiones que tiene para España a efectos de seguridad y relaciones económicas», sostiene el profesor y secunda el historiador Charles Powell en una entrevista en La Vanguardia.

Un orden de preferencia que puede tener su explicación en «la pervivencia de cierto antiamericanismo en determinados sectores ideológicos de la política española siendo, asimismo, uno de los países europeos en los que la opinión pública ha demostrado tradicionalmente mayor desconfianza hacia la potencia norteamericana». Un antiamericanismo residual, asegura Powell, que ha decrecido con el presidente Obama gracias a una mejora de la imagen de EEUU. Un avance que deberá pasar la prueba de fuego de la llegada del polémico Trump a la Casa Blanca.

Históricamente los gobiernos españoles han otorgado mayores esfuerzos a la cooperación con Europa. Lógico por otro lado. Sólo José María Aznar pareció priorizar la alianza con EEUU durante los meses previos y posteriores a la guerra de Irak. Pero aquella situación, con la participación del expresidente del PP en la famosa foto del trío de las Azores pese al escaso peso militar de España en aquel conflicto bélico frente a la del Reino Unido, fue una cuestión de feeling entre este y su homólogo estadounidense, George W. Bush, que una apuesta real y duradera como se ha demostrado después


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