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1946. El año que la Angustia se estrenó en el Martes Santo

Aquella Semana Santa, Gracia y Esperanza procesionó sin corona, la lluvia descompuso el Lunes Santo y los nazarenos de San Esteban estrenaron túnica.

06 abr 2019 / 08:00 h - Actualizado: 06 abr 2019 / 10:16 h.
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  • Jesús de las Penas, de la hermandad de la Esterlla, en San Jacinto. 1946. / A.P.M
    Jesús de las Penas, de la hermandad de la Esterlla, en San Jacinto. 1946. / A.P.M

El Domingo de Ramos de 1946 fue el segundo del siglo XX en caer en 14 de abril. Sin embargo, el ambiente distaba mucho de aquel de 1935, ya que a la finalización de la Segunda Guerra Mundial la situación política era bien distinta. Como ejemplo de los múltiples cambios a nivel internacional, baste citar la proclamación de las repúblicas de Hungría e Italia, el acceso al poder de Perón o la creación de las Naciones Unidas. En el terreno social se vivieron situaciones tan curiosas como la primera retransmisión en directo de un combate de boxeo, la presentación en sociedad del bikini o el estreno de la primera telenovela. Ese año, Édith Piaf triunfaba en la radio con La Vie en Rose, Albert Camus publicaba «La peste», y las carteleras de los cines anunciaban películas como «El cartero siempre llama dos veces», «Gilda» o «¡Qué bello es vivir!». 1946 también fue prolífico en nombres propios, pues a lo largo de sus doce meses vinieron al mundo cantantes como Freddie Mercury, Cher o Liza Minelli; iconos del cine como Diane Keaton, Sylvester Stallone y Steven Spielberg; y figuras de la política como Bill Clinton, George W. Bush y Donald Trump. Mientras, en España asistimos al alumbramiento de Rocío Jurado, Karina y Camilo Sesto.

De la reapertura de San Julián al robo de San Roque

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¿Y qué ocurrió en aquella Semana Santa de lejanas reminiscencias republicanas? Por lo pronto, los cofrades pudieron disfrutar catorce días antes del pregón de Luis Morales Oliver en el Teatro San Fernando. Un acto presentado por el secretario de la Comisión de Cofradías, Antonio Petit García, y en el que sonaron las marchas Virgen de la Palma, de Manuel López Quiroga, y Angustia, de Pedro Braña. Llegado el 14 de abril, y como venía ocurriendo en varias jornadas desde 1941, la lluvia fue la protagonista a primera hora de la mañana. Pese a todo, la joven hermandad de la Paz decidió echarse a la calle con sus 325 nazarenos —cinco de los cuales estrenaban túnica, pese a la carestía de tela blanca tras la guerra— y un piquete de Infantería. Asimismo, la flamante dolorosa de Antonio Illanes procesionó con nuevos faldones de brocado de plata. También hubo estrenos en la Cena, nada menos que dos apóstoles en el misterio, así como jarras y maniguetas en el palio. Pero si hemos de destacar un hecho, este fue sin duda la reapertura de San Julián, desde donde pudo volver a hacer estación, tras catorce años, la cofradía de la Hiniesta. También fue una jornada inolvidable para los hermanos de San Roque, aunque por razones negativas. Y es que en la madrugada del 27 de enero, la parroquia fue objeto de un robo sacrílego, desapareciendo, entre otros enseres, la corona de su Dolorosa. Posteriormente se supo que la pieza fue arrojada al Guadalquivir por el ladrón, un tal Valentín Herrera. Por esta razón, Gracia y Esperanza procesionó ese año sin corona, pese a los múltiples ofrecimientos de otras corporaciones. Al año siguiente, el Cardenal Segura bendeciría la nueva pieza, obra de Emilio García Armenta. En cuanto al resto del día, la noticia estuvo en San Juan de la Palma, donde la Amargura retrasó su salida una hora por la amenaza de lluvia, debiendo pasar tras el Amor, que estrenaba el dorado de su paso de misterio y la conclusión del palio.

Primera salida de la Virgen de la Angustia

1946. El año que la Angustia se estrenó en el Martes Santo

La tarde del Lunes Santo estuvo marcada por la lluvia. La refundada hermandad de Vera Cruz tuvo que refugiarse en la Catedral, al igual que las Penas de San Vicente, mientras que los hermanos del Museo —a los que les cayó un aguacero en Sierpes— optaron por el mismo templo para el Señor de la Expiración, así como el Santo Ángel para la Virgen. Al margen del estreno de María Magdalena en el misterio de las Aguas, 1946 sería el año del alumbramiento de la hermandad de Santa Marta, si bien su puesta de largo no llegaría hasta 1948, al igual que San Gonzalo. Otra corporación que vería la luz aquel año fue la de los Javieres, aunque sus primeros nazarenos no saldrían hasta 1957. Por su parte, San Esteban estrenó sus características túnicas azules de cola, que hoy solo mantienen los manigueteros, y Nuestro Padre Jesús de la Salud un nuevo dedo anular en su mano derecha. Por cierto que la Candelaria protagonizó una entrada «apoteósica» en San Nicolás, según la prensa del momento. También se lució la Encarnación de San Benito, exornada con azucenas. Aunque, sin duda, la fotografía de la jornada fue la realizada en la iglesia de la Anunciación durante la primera salida de María Santísima de la Angustia; una imagen de Juan de Astorga que había pertenecido a la desaparecida hermandad del Descendimiento. El acompañamiento musical lo pondría la Banda Municipal, siendo acompañada por el rector de la Universidad, don José Mariano Mota Salado. Al día siguiente, la normalidad se repetiría en las calles, permitiendo a los sevillanos degustar los primeros helados de Los Valencianos, mítico establecimiento de la calle Adriano, recién inaugurado. Aquel sería el Miércoles Santo de San Bernardo, pues gracias a la petición de su hermano mayor, Antonio Filpo Rojas, la ciudad obtendría el título de Mariana —de ahí el guion con el escudo de la ciudad que abre uno de sus tramos—. En cuanto al Buen Fin, esa sería la última ocasión que sus nazarenos vestirían hábito morado, con antifaz y capa de color negro —en 1947 se estrenaría el marrón actual—; mientras que el Baratillo sacaría por primera vez a su hermosa Piedad, tallada meses antes por Fernández Andés. Tras esta hermandad, el misterio de las Siete Palabras haría estación a los sones de la banda de los Salesianos de Utrera, por primera y única vez, siendo reemplazada al año siguiente por el Carmen de Salteras. Por su parte, los Panaderos optarían por los músicos de Intendencia e Ingenieros.

Marchas, espejos y campanillas

1946. El año que la Angustia se estrenó en el Martes Santo

El sol del Jueves Santo volvió a lucir como en las estampas de antaño, dando lustre a cofradías como los Negritos, las Cigarreras o la Trinidad, cuya Dolorosa lució una preciosa mantilla de blonda. Precisamente, como un homenaje al pasado, los nazarenos de la Exaltación volvieron a vestir como en 1885, es decir, con túnicas de cola blanca y antifaz morado, llevando el escudo de la corporación e incorporando el cinturón de esparto de formato estrecho. Otro guiño a la etapa decimonónica fue el estreno de la «Marcha Fúnebre» de Manuel Borrego, dedicada a la hermandad de Montesión. Aunque para estrenos, el del paso de Cayetano González para Jesús de la Pasión, que aquella tarde asombró a propios y extraños con su trabajada orfebrería. Antes, el gobernador civil Coca de la Piñera desfiló tras el paso de la Virgen del Valle, junto a la tradicional «ronda». Ya en la Madrugá, la banda del Regimiento de Soria 9 pondría la nota musical a la Esperanza Macarena, mientras que los de otro regimiento, el de Pavía de San Roque, lo harían en la de Triana. Si bien, el protagonismo de aquella noche sería para el Señor de la Salud de los Gitanos, que estrenaba nuevas andas de José Pérez Calvo. Realizado en estilo rocalla, este sería conocido como el de «los espejitos», pudiéndose admirar actualmente en Écija. Horas más tarde, los nazarenos del Cachorro saldrían a la calle en un año muy especial para ellos: el de la colocación de la primera piedra de su nueva capilla del Patrocinio, diseñada por Aurelio Gómez Millán. Este acto tendría lugar el mediodía del Domingo de Resurrección. Asimismo ese año Marmolejo realizaría nuevas piezas de orfebrería para la Carretería, y Cerámica Santa Ana daría forma al azulejo de San Isidoro, ubicado desde entonces en la fachada de su parroquia. Aunque para expectación la que levantó el Muñidor con su ropón negro y escudo al pecho agitando las campanillas desde el ex convento de Santa María de la Paz. Una figura antiquísima, felizmente recuperada por la Mortaja, que desde entonces da lustre a la tarde-noche del Viernes Santo.


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