miércoles, 21 abril 2021
05:36
, última actualización

Amelia de Portugal y el escudo de la hermandad de San Buenaventura

La reina de la casa de Orleans estuvo vinculada a lo largo de su vida a varias hermandades y cofradías de Sevilla

26 mar 2017 / 10:14 h - Actualizado: 26 mar 2017 / 17:06 h.
"Cofradías"
  • En la heráldica de San Buenaventura se ven los escudos de España y Portugal.
    En la heráldica de San Buenaventura se ven los escudos de España y Portugal.

TAGS:

Antonio de Orleans y María Luisa Fernanda de Borbón, duques de Montpensier que cambiaron el rumbo de nuestra Semana Santa a partir de la segunda mitad del siglo XIX, tuvieron una nieta llamada María Amelia Luisa Helena de Orleans, que llegaría a ser princesa. Nacida el 28 de septiembre de 1865 en Twickenham (Inglaterra), a causa del exilio de la familia real francesa, su alumbramiento fue recibido con cierta desilusión por parte de sus padres, Felipe VII de Francia y María Isabel de Orleans Montpensier, quienes deseaban un hijo varón. No obstante el destino le tenía reservado un papel mucho más relevante del que cabía esperar.

Su infancia está unida inevitablemente a Sevilla, gracias a las estancias con los abuelos en el Palacio de Villamanrique y, por supuesto, en el de San Telmo. Por ello no es extraño pensar en la influencia ejercida por estos para que la futura reina portuguesa se aficionase a la Semana Santa sevillana. Tras su boda con Carlos II de Portugal, duque de Braganza e hijo mayor de Luis I de Portugal, la vida de Amelia cambia sustancialmente. Pese a que la juventud de los novios y la poca simpatía que despertó en sus inicios el enlace hicieron temer lo peor —muchos portugueses conocían el amor juvenil de Carlos I con Eulalia de Borbón, de ideales republicanos—, el matrimonio fructificó y tuvieron tres hijos. Desde el principio, Amelia fue una reina activa, sabiendo ejercer de anfitriona en numerosos proyectos sociales, tales como la prevención y el tratamiento de la tuberculosis, así como la fundación de diversas organizaciones de caridad, sanatorios y farmacias. Entre sus muchas aficiones destacaban la literatura, la ópera, las artes plásticas y el teatro. Y por supuesto siempre fue una fiel defensora de los ideales cristianos, herencia de su familia, lo que la llevó al Vaticano para conocer al Papa León XIII en 1892. Ese componente religioso fue decisivo en los momentos difíciles que marcarían su vida posterior. Desde las infidelidades de su esposo al asesinato de este y de su hijo mayor, a manos de dos sicarios del partido republicano portugués. Un profundo dolor del que no se recuperaría nunca y que culminaría con la subida al trono de su otro hijo, Manuel II, y la posterior caída de la monarquía durante la revolución de 1910.

En lo concerniente a su afición por las cofradías, Amelia ingresó como hermana en la Sagrada Mortaja y en Montserrat, corporación ligada desde antaño a su familia y a la corona española, a la que regaló un broche de brillantes para su titular. Este, por cierto, desapareció en el incendio fortuito de su paso de palio, en 1899. Pero su aportación más singular a nuestra fiesta es la que tiene que ver con otra de las hermandades del Viernes Santo: la corporación franciscana de San Buenaventura. Su ingreso en la cofradía tuvo lugar por esa misma época, llevándola al nombramiento de hermana mayor y recibiendo a su vez el título de real por parte de la monarca. Como curiosidad hay que decir que en la heráldica de la hermandad figuran los escudos de los dos países ibéricos, España y Portugal, dada la vinculación de don Alfonso XIII y doña Amelia. Un hecho que les permite ser la única hermandad de Sevilla con el reconocimiento de una casa real extranjera.


Edictos en El Correo de Andalucía