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Cuando el cementerio recibió a la Soledad

Se cumplen 14 años de aquel día en el que la dolorosa de San Lorenzo estuvo en el camposanto para la misa por los difuntos

01 nov 2017 / 22:54 h - Actualizado: 01 nov 2017 / 22:55 h.
  • Cuando el cementerio recibió a la Soledad

Comienza noviembre y las dolorosas se visten de luto. Mes de los difuntos, fecha en la que incluso podemos apreciar la pena acentuada en sus rostros. Un ejemplo claro de duelo y recogimiento se encuentra en la parroquia de San Lorenzo. Una de las vecinas más antiguas de la ciudad que habitamos parece tornar su tez aún más pálida en esta época del año.

Hoy se cumplen 14 años desde que la Soledad de San Lorenzo visitó el cementerio de San Fernando. Fue con motivo del 150º aniversario del recinto. Aquel 2 de noviembre de 2003, en rosario de la aurora extraordinario, se trasladaba esta imagen anónima desde su parroquia hasta el camposanto. Caminaba portada en andas. Iba sobria, fiel a su estilo. Vestida de luto, con saya y manto negros, la adornaban unas sencillas flores blancas.

Salió de su templo de madrugada, alrededor de las cinco y media de la mañana. Los fieles acudieron a arroparla en un recorrido solemne en el que se fueron rezando los misterios dolorosos. No hay más que ver las fotos de aquel momento, Ella sabía a donde la llevaban. Su rostro pálido, el que acostumbra a tener en este mes de las almas que se fueron, sobrecogía más que nunca. El luto en la Madre de Dios era portado en andas por los hermanos de San Lorenzo.

Llegaba la Soledad con el despertar de la mañana al cementerio de San Fernando. El Cristo de las Mieles de Susillo fue testigo de su paso. El cardenal emérito de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo –entonces también arzobispo–, ofició la misa de difuntos a las diez de la mañana. Y allí estaba la Soledad que habita en San Lorenzo, asistiendo a un acto especial, pues no es usual verla en las calles fuera del Sábado Santo. Y muy emotivo, pues delante de Ella y con el arrope de tener muy cerca su consuelo, los presentes dedicaron su oración a todas las almas que se encuentran en el cementerio de San Fernando.

Acabada la misa se inició el camino de vuelta. Aún quedaban por delante momentos sobrecogedores. La Soledad de San Lorenzo en su camino de regreso, visitó a la Virgen de la Esperanza Macarena en su basílica. Para gloria de los hermanos que allí se dieron cita, las dolorosas estuvieron frente a frente. Una estampa que aún con sólo pensarla conmueve y, que en la ocasión que rememoramos, fue causa de muchas lágrimas de emoción. Las dos tallas se miraron cara a cara.

Retornó a casa la Soledad. Volvió a su lugar de siempre, habiendo apaciguado tantas almas. Celebraron los hermanos de San Lorenzo un día para el recuerdo, habiendo rezado por tantos seres queridos. Les dejó su Madre en las retinas unas imágenes que no olvidarán. Aquel 2 de noviembre de 2003, en la memoria de Sevilla, se veló por los difuntos con la fe que da la vida por encima de la muerte.

Comienza noviembre y las dolorosas se visten de luto. Mes de los difuntos, fecha en la que incluso podemos apreciar la pena acentuada en sus rostros. Un ejemplo claro de duelo y recogimiento se encuentra en la parroquia de San Lorenzo. Una de las vecinas más antiguas de la ciudad que habitamos parece tornar su tez aún más pálida en esta época del año.

Hoy se cumplen 14 años desde que la Soledad de San Lorenzo visitó el cementerio de San Fernando. Fue con motivo del 150º aniversario del recinto. Aquel 2 de noviembre de 2003, en rosario de la aurora extraordinario, se trasladaba esta imagen anónima desde su parroquia hasta el camposanto. Caminaba portada en andas. Iba sobria, fiel a su estilo. Vestida de luto, con saya y manto negros, la adornaban unas sencillas flores blancas.

Salió de su templo de madrugada, alrededor de las cinco y media de la mañana. Los fieles acudieron a arroparla en un recorrido solemne en el que se fueron rezando los misterios dolorosos. No hay más que ver las fotos de aquel momento, Ella sabía a donde la llevaban. Su rostro pálido, el que acostumbra a tener en este mes de las almas que se fueron, sobrecogía más que nunca. El luto en la Madre de Dios era portado en andas por los hermanos de San Lorenzo.

Llegaba la Soledad con el despertar de la mañana al cementerio de San Fernando. El Cristo de las Mieles de Susillo fue testigo de su paso. El cardenal emérito de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo –entonces también arzobispo–, ofició la misa de difuntos a las diez de la mañana. Y allí estaba la Soledad que habita en San Lorenzo, asistiendo a un acto especial, pues no es usual verla en las calles fuera del Sábado Santo. Y muy emotivo, pues delante de Ella y con el arrope de tener muy cerca su consuelo, los presentes dedicaron su oración a todas las almas que se encuentran en el cementerio de San Fernando.

Acabada la misa se inició el camino de vuelta. Aún quedaban por delante momentos sobrecogedores. La Soledad de San Lorenzo en su camino de regreso, visitó a la Virgen de la Esperanza Macarena en su basílica. Para gloria de los hermanos que allí se dieron cita, las dolorosas estuvieron frente a frente. Una estampa que aún con sólo pensarla conmueve y, que en la ocasión que rememoramos, fue causa de muchas lágrimas de emoción. Las dos tallas se miraron cara a cara.

Retornó a casa la Soledad. Volvió a su lugar de siempre, habiendo apaciguado tantas almas. Celebraron los hermanos de San Lorenzo un día para el recuerdo, habiendo rezado por tantos seres queridos. Les dejó su Madre en las retinas unas imágenes que no olvidarán. Aquel 2 de noviembre de 2003, en la memoria de Sevilla, se veló por los difuntos con la fe que da la vida por encima de la muerte.


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