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Cuando falta una semana

La Virgen de la Salud de San Gonzalo fue trasladada entre multitudes hasta la Catedral de Sevilla. Allí, el arzobispo la coronará canónicamente el 14 de octubre

07 oct 2017 / 21:22 h - Actualizado: 09 oct 2017 / 20:53 h.
"Cofradías","San Gonzalo"
  • La Virgen de la Salud de San Gonzalo recorre los primeros metros en su traslado hasta la Catedral de Sevilla. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
    La Virgen de la Salud de San Gonzalo recorre los primeros metros en su traslado hasta la Catedral de Sevilla. / Reportaje gráfico: Manuel Gómez
  • Alfombra de sales de colores preparada por los jóvenes de la hermandad.
    Alfombra de sales de colores preparada por los jóvenes de la hermandad.

Habían transcurrido 190 días desde la última vez que se escuchó. La escena entonces era bien distinta: un revuelo de capirotes y un deseo cumplido por poder volver a pisar las calles de su barrio tras un año en blanco. Estampa de un Lunes Santo para el recuerdo que, a pesar de todo, no era capaz de ganar en felicidad a este sábado de coronación y fiesta en San Gonzalo. La hora, el calor, el gentío... todo recordaba a lo ya vivido, aunque lo que se vivía era inédito hasta para los más antiguos del lugar. Y sí, ocurrió. 190 días después de aquella tarde, volvía a sonar el llamador de plata para llevar al cielo de Triana a la Virgen de la Salud.

Faltaban apenas unos minutos para las tres de la tarde cuando la primera pareja de varales cruzó el dintel de la parroquia. En la plaza ya esperaban ansiosos centenares de hijos de la Virgen que contenían sus piropos emocionados. Una alfombra de sales hecha por los jóvenes de la hermandad era el primer regalo con el que se encontraba la Salud. Nadie quiso pisarla. Se cuidaba con el mismo mimo y cariño con el que sus costaleros iban acercándola al sol de la media tarde. Unos segundos que parecían una eternidad a la espera de su llegada. La Virgen, sin corona, era entregada a su gente con las campanas repicando y una ovación emocionada que la acompañó hasta las primeras notas de la Salve en su honor, con las que sus devotos acompañaron esa primera chicotá de la dolorosa.

A partir de ahí todo fue un canto de amor a María. Cada calle, cada balcón, cada pancarta, cada flor de papel y cada petalada fueron un piropo emocionado a la Virgen de la Salud en su traslado a la Catedral para ser coronada canónicamente. Más de nueve horas de procesión que la llevó a visitar a las hermandades del Rosario del Barrio León, la Estrella, el Baratillo, la Carretería y las Aguas, a cruzar bajo el arco del Postigo y a inundar de recuerdos cada rincón de una ciudad que se sabía hogar de una dolorosa que Triana entregaba por unos días para inundar Sevilla de la Salud de su nombre.


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