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El afinador de pasos

En el taller de Enrique Gonzálvez se ultima el misterio de la Exaltación con una técnica que tiene al cuidado extremo del costalero por bandera

22 mar 2017 / 08:05 h - Actualizado: 22 mar 2017 / 08:05 h.
"Cofradías","Costaleros"
  • Enrique Gonzálvez, con su hermano, junto a la recién terminada parihuela de la Exaltación. / Reportaje gráfico: R. Avilés
    Enrique Gonzálvez, con su hermano, junto a la recién terminada parihuela de la Exaltación. / Reportaje gráfico: R. Avilés
  • Gonzálvez muestra uno de sus particulares tinteros, sobre los que van anclados los varales de los palios. Es una técnica original de este artesano. / R.A.
    Gonzálvez muestra uno de sus particulares tinteros, sobre los que van anclados los varales de los palios. Es una técnica original de este artesano. / R.A.
  • Gonzálvez muestra uno de sus particulares tinteros, sobre los que van anclados los varales de los palios. Es una técnica original de este artesano. / R.A.
    Gonzálvez muestra uno de sus particulares tinteros, sobre los que van anclados los varales de los palios. Es una técnica original de este artesano. / R.A.
  • El carpintero coloca la zambrana más alta para que los costeros «se defiendan mejor». / R.A.
    El carpintero coloca la zambrana más alta para que los costeros «se defiendan mejor». / R.A.
  • El listón a la altura del hombro, más estrecho para dar más espacio al costalero. / R.A.
    El listón a la altura del hombro, más estrecho para dar más espacio al costalero. / R.A.
  • Ajuste de los varales de un palio de La Línea de la Concepción en el que trabaja actualmente el taller de Gonzálvez. / R.A.
    Ajuste de los varales de un palio de La Línea de la Concepción en el que trabaja actualmente el taller de Gonzálvez. / R.A.
  • El apoyo de los brazos, clave para la comodidad del costalero. Gonzálvez incorpora en los misterios un listón superior para apoyarse mejor en las revirás. / R.A.
    El apoyo de los brazos, clave para la comodidad del costalero. Gonzálvez incorpora en los misterios un listón superior para apoyarse mejor en las revirás. / R.A.
  • El antiguo monte del canasto de la Piedad del Baratillo. En el misterio de la calle Adriano luce ya el nuevo trabajo de carpintería de Gonzálvez. / R.A.
    El antiguo monte del canasto de la Piedad del Baratillo. En el misterio de la calle Adriano luce ya el nuevo trabajo de carpintería de Gonzálvez. / R.A.

Si alguna vez han oído hablar del oficio de afinador de pianos, sabrán que tras esa ocupación hay personas con una alta formación musical y técnica, y cuyas habilidades hay que saber pagar bien. Son, además, personajes muy discretos que dejan todo el protagonismo a los músicos... que no serían nadie sin ellos. Algo así le ocurre a Enrique Gonzálvez, que en lugar de pianos, tiene pasos en su taller.

¿Se puede controlar el movimiento de unos varales? Muchos priostes presumen de tal cosa, pero se encuentran con que la estructura de los pasos no les acompaña. Pasan unos pocos años y la madera en la que se enraízan los varales va dando de sí, o si esa raíz (que se llama tintero) no está bien hecha, no hay quien meza un palio. En su enorme taller de Los Chapatales –una pedanía de Los Palacios–, Enrique Gonzálvez trabaja en una tecnología propia: unos tinteros de alta resistencia y recortados con láser que evitan que la madera que los circunda dé de sí. «Así además se puede controlar mejor el movimiento; la clave está en el tintero y en saber ajustar por arriba el alma del varal», aclara Enrique. «Según quiera la hermandad, así se busca una mecida u otra. Te pueden decir, por ejemplo, que no lo quieren parado, sino con un poco de alegría, pues según eso, se afina». Para ejemplos, dos palios radicalmente diferentes: el de la Virgen de los Desamparados de San Esteban y el del Loreto de San Isidoro. Ambos pasaron también por el taller de Gonzálvez en los últimos tiempos.

Esta nave que mira a la Isla Menor del Guadalquivir llegó a albergar hace pocas semanas a catorce pasos al mismo tiempo, muchos de ellos de Sevilla, pero también provenientes de otros muchos puntos de Andalucía. Actualmente están, por ejemplo, los dos del Nazareno de El Puerto de Santa María, pero los que más llaman la atención son los dos pasos de misterio de la Exaltación (de Sevilla). Sí, dos. A la derecha, aún con los caballos encima, la antigua parihuela, que fue construida en dos partes, «lo que ha provocado que se abra el canasto». A la izquierda, la nueva parihuela (la más grande de Sevilla, según Enrique), hecha de una pieza y diseñada «para que los costaleros trabajen con comodidad», aclara el carpintero.

«Enrique ha sido costalero y sabe qué hace falta para trabajar a gusto debajo de un paso», nos cuenta Mariano Falcón, el capataz del barco del Jueves Santo. «Yo tenía cierta inquietud cuando se encargó la parihuela, pero este domingo vine con la cuadrilla a probarla y quedaron muy contentos», cuenta Falcón. Contentos también quedaron en el único bar de esta pedanía, cuando aquella noche vieron entrar a cuarenta costaleros a tomar una cerveza; «no se han visto en otra», nos relata Antonio, uno de los operarios del taller, presente en este particular ensayo de la cuadrilla del Cristo de Santa Catalina.

Así, con el celo de un relojero suizo, trabaja este palaciego que fue maestro de carpintería en la prestigiosa escuela artesana Della Robbia de Gelves, cuyos trabajos de precisión no sólo se circunscriben a los pasos. En breve les llegará un altar, el de la Santísima Trinidad de Torralba de Calatrava (Ciudad Real), con nada menos que once metros de altura.

Y nada más termine la Semana Santa, otro paciente colosal: el misterio de los Panaderos.


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