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El cantaor saetero del pueblo y la tradición

Kiki de Castilblanco, afamado cantaor flamenco, será nombrado Hijo Predilecto de su pueblo el Día de Andalucía

22 feb 2018 / 16:24 h - Actualizado: 22 feb 2018 / 17:10 h.
"Música","Semana Santa en la provincia"
  • Kiki de Castilblanco, en una foto de archivo, cantando una saeta. / El Correo
    Kiki de Castilblanco, en una foto de archivo, cantando una saeta. / El Correo

«Qué guapa vas Madre mía / después de lo que has sufrío / una pena te acompaña / porque pa siempre has perdío / al hijo de tus entrañas», reza la saeta más popular de Kiki de Castilblanco, afamado cantaor y saetero. Embajador de su pueblo con su incomparable voz, es parte de la banda sonora de la Semana Santa. Indispensable predicador del cante, ha rezado desde los balcones más cotizados para las mejores cofradías. Una trayectoria de cuatro décadas plagada de reconocimientos, al que sumará el que su pueblo –como mejor profeta del cante en su tierra– le dedicará el próximo Día de Andalucía.

Alto y enjuto, Francisco Moya conserva la estética de los flamencos añejos, con pañuelo al cuello como guarda y escolta de su preciado instrumento. Aficionado al cante «desde que era un chiquillo», y guiado por la afición de su padre, las labores en el campo y los cerros donde cuidaba los rebaños de cabras fueron los primeros escenarios en los que aprendió a entonar los distintos palos del flamenco.

Con el apodo de su padre, y con Castilblanco por bandera como nombre artístico, destilando sabor a pueblo y tradición, se lanzó al mundo del cante. «Me fijaba mucho en Calixto Sánchez, cuando acabé la mili hice amistad con él y lo seguía, pero luego fui haciéndome mi camino».

En los años 80 empezó a participar en concursos. El primero, en Tocina, lo ganó. En el siguiente, en Pilas, quedó segundo. Lo ganó Fernando Góngora, «pero me dio tantos consejos que fue como ganarlo. Como que si se me cerraba una puerta, intentara abrirme otra». A raíz de ahí «no había concurso que se me resistiera», admite sin presunción.

Una intensa actividad compaginada con su familia y su trabajo en unos grandes almacenes, que le quitó momentos de vida personal pero le dio un inigualable palmarés de premios, reconocimientos y galardones en los mejores y más prestigiosos concursos y certámenes más allá incluso de la provincia de Sevilla.

Una veintena de primeros premios en concursos en Camas, El Viso del Alcor, Torremolinos, La Isla de San Fernando o Loja –por citar algunos–, a los que se suman más de 20 menciones especiales en certámenes y lugares como el Puerto de Santa María, Dos Hermanas, Mairena del Alcor, la Peña Flamenca la Platería de Granada –la más antigua de España–, «que me abrió muchas puertas» o la Peña Flamenca de Huelva.

Kiki siempre se lanza al cante ataviado con chaqueta. Pero su planta elegante queda eclipsada cuando empieza a entonar. Una voz potente y profunda, intensa y precisa clava los más variados palos, que en cada quejido y en cada requiebro arranca los oles emocionados de los que disfrutan de su cante. De técnica magistral, estira y apura el aire para alargar notas y escalas hasta unos límites donde parece imposible que la voz llegue.

Cuenta en su haber con dos discos, Pilar Viejo y Gergal, y con el orgullo de compartir escenario «con todos los mejores: Camarón, el Lebrijano, Manuel y Curro Mairena, la Niña de la Puebla. En aquellos tiempos no paraba».

Como artista, domina todos los palos, lo que le ha ganado el reconocimiento de la afición al cante. Pero su trayectoria ha ido paralela a la de saetero, la que más reconocimiento le ha dado fuera de los circuitos del flamenco. Partes indisolubles de un mismo todo, Kiki se define como cantaor, pues «la saeta es un palo más». Huévar del Aljarafe, La Algaba o Alcalá del Río son algunos de los pueblos donde año tras año, desde hace ya 40, continúa cantando. Aunque para él, «todas las imágenes son iguales», reconoce que su espinita es no haber podido cantar aún a la Macarena.

Aún en activo, su currículum como saetero supera incluso al ya de por sí extenso que acumula como cantaor. Saeta de Oro de Radio Nacional de España, cuenta con premios en prestigiosos certámenes como el de Osuna, El Cenachero de Málaga y muchos otros a lo largo de la geografía andaluza, incluso desde Francia se reclamó su arte. «Se me cataloga como el cantaor de la carcelera, pero también las canto por seguiriya y martinete».

El próximo 28 de febrero recibirá el reconocimiento de su pueblo y el cariño de toda la gente que le sigue. El Ayuntamiento de Castilblanco de los Arroyos le hará entrega del título de Hijo Predilecto y le impondrá la Medalla de Oro de la Villa. Homenaje que «es una alegría y una responsabilidad», asegura. Además, su figura y su trayectoria quedará constatada con un azulejo que, tras el acto, se inaugurará en las instalaciones del Hogar del Pensionista de la localidad.

Y aunque dice estar «un poco agobiado» de tantas exaltaciones, hermandades y procesiones donde lo solicitan, iniciada la Cuaresma vuelve a meterse de lleno en su faceta de saetero. En prácticamente todos los pueblos de Sevilla ha emocionado con su cante. Solicitado en localidades de toda Andalucía, en Extremadura, Madrid, Barcelona y hasta París, sigue regalando su arte sin distinción. Rezando con la voz en magistrales saetas, plenas de sabor al pueblo que le da nombre y al campo donde su padre, el Kiki, le enseñó a cantar.


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