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Cofradías

El Cerro resucitó en su centenario ante la Virgen de los Dolores

Muy multitudinaria procesión que, finalmente, duró tres horas más de lo previsto

Juanma Labrador jmlabradorj /
25 sep 2022 / 17:23 h - Actualizado: 25 sep 2022 / 18:02 h.
"Cofradías","El Cerro"
  • Fotos y vídeo de Carlos Camacho.
    Fotos y vídeo de Carlos Camacho.

De inenarrable se puede calificar lo vivido en El Cerro del Águila el sábado 24 de septiembre en torno a Nuestra Señora de los Dolores. Cofrades de la propia hermandad afirmaban que lo de este fin de semana era algo extraordinario en toda regla, después de que la Virgen no pudiese salir bajo palio desde el Martes Santo de 2019, y tras las dos extraordinarias frustradas en 2018, por la lluvia, y en 2020, por la pandemia. Sevilla sintió un adelanto de ese Martes Santo que aún aguardamos y que en 2022 nos fue arrebatado por las precipitaciones después de dos años sin cofradías. Era imposible andar por el Cerro, tal y como ocurrió hace veinte años el día de la coronación canónica de la Señora. La fuerza de la Virgen de los Dolores es indudable y clarísimamente evidente.

El Cerro resucitó en su centenario ante la Virgen de los Dolores

Parecía que hasta el palio había rejuvenecido, tras la magnífica intervención a las que se han visto sometidas este pasado verano sus bambalinas. Y el aroma que desprendía las flores era toda una delicia, trayendo éstas ese soplo de frescura en medio de la cálida bulla que antecedía a las andas. A duras penas avanzaban los acólitos y la presidencia casi iba alejada de la Virgen ante la cantidad de personas que querían ir con Ella. Estaba feliz Manuel Zamora, el hermano mayor, que ahora culmina este mandato y que iniciará en pocos días el segundo de otros cuatro años. También disfrutó Daniel Perera, el delegado del Martes Santo, si bien no dejaba de estar atento a que todo estuviese en orden de acuerdo a lo solicitado al CECOP para que el paso no tuviese problemas en su discurrir, aunque no faltaron las anécdotas con el típico cable que está algo más bajo al final o levemente destensado.

El Cerro resucitó en su centenario ante la Virgen de los Dolores

La procesión salió puntual, a las siete de la tarde, y treinta y dos minutos después lo hacía la Reina del Cerro entre clamores y llantos. Eso sí, estaba claro que sólo la Madre de Dios sabía a qué hora volvería a entrar. Se antojaba muy difícil, prácticamente imposible, que se recogiese a la una y media de la mañana. A esa hora, había pasado un poco el ecuador del recorrido previsto, y se hallaba en Álvarez Benavides. No podía ir más rápido el paso, y tampoco quería, ni debía, ir arrollando a nadie. Además, la cuadrilla se dejó gustar con los sones perfectos y pulcros de la Banda de las Nieves de Olivares. ¡Qué conciertazo detrás del manto! Una marcha tras otra, y todas con la fuerza con la que sonó «Coronación» de Marvizón nada más salir. Y el repertorio, cuidado y exquisito. Todo salió perfecto en el Cerro cuando la Virgen de los Dolores pone orden en el desorden que genera el amor que suscita su belleza.

El Cerro resucitó en su centenario ante la Virgen de los Dolores

Y nunca se vio sola. Es cierto que ya avanzada la madrugada había menos público que en las horas de la tarde. El cansancio hace mella en muchos, y había que volver a casa. Era imposible ir en coche porque no había dónde aparcarlo. Encima, los taxistas estaban de huelga, y el metro cerraba a las dos (podrían haber alargado un poco el servicio, ya que se intensificó), y todo ello fueron condicionantes para esa leve merma de público. Pero seguía habiendo gente alrededor de su paso, que nadie piense lo contrario. Los que la quieren siguieron junto a Ella de su mano, hasta que entró de nuevo en casa, entre más emociones y pétalos que no dejaron de caer desde los balcones y azoteas durante todo el trayecto. Fue a las cuatro y diez de la madrugada cuando todo culminó a los sones de «Al cielo la Reina de Triana». ¡Qué bien sabe hacer las cosas el Cerro! Siéntase afortunados todos aquellos que acudieron a esta cita y celebraron a la vera de Aquella que concibió, con toda su Humildad, al Cristo del Desamparo y Abandono el centenrio de un barrio sin el que hoy Sevilla no sería la misma ciudad.


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