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El Domingo de Ramos soñado

Con calor y sin un atisbo de nubes, sin grandes incidencias aunque sí con un retraso significativo en la Carrera Oficial transcurrió la primera jornada de esta Semana Santa

10 abr 2017 / 00:18 h - Actualizado: 10 abr 2017 / 11:04 h.
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  • El Señor de la Entrada Triunfal en Jerusalén sobre su borriquita se abre paso entre la multitud. / Manuel Gómez
    El Señor de la Entrada Triunfal en Jerusalén sobre su borriquita se abre paso entre la multitud. / Manuel Gómez

Con los cristianos coptos que sufrieron ayer un nuevo atentado en Egipto –38 muertos y al menos 100 heridos–, con todos los cristianos perseguidos en el mundo y con las mujeres maltratadas, en la mente y, sobre todo, en sus oraciones que verbalizaron los capataces en las dedicatorias de las levantás, las ocho hermandades –nueve cofradías– que hacían estación de penitencia a la Catedral regalaron el Domingo de Ramos soñado a la ciudad que, respondió, pese al calor de las primeras horas, echándose a la calle, alimentando la bulla y asumiendo el aforamiento de calles.

El Domingo de Ramos se estrenó unos minutos antes en el Porvenir. El incremento del número de nazarenos en la nómina y la ganas de una jornada sin sobresaltos empujó al nuevo hermano mayor, Manuel Núñez, y el diputado mayor de gobierno de La Paz a echar la cofradía a la calle antes de las 13 horas. De hecho, a la hora oficial del inicio de la salida de la cruz de guía, ya estaba el paso del Señor de la Victoria en la calle. El cambio de capataz al frente de este misterio después de décadas de la saga de los Santiago se notó tan solo en un andar más aliviado. Ernesto Sanguino, curtido precisamente junto al prolijo capataz y experimentado ya ante este llamador en la coronación de la dolorosa de Illanes el pasado octubre, cumplió con nota la encomienda.

Pero antes de que la Virgen de la Paz conquistara la Campana, con sus nazarenos de tres en tres, luciendo la corona enriquecida por los hermanos Delgado, gracias a las donaciones de sus hermanos y devotos, se cumplió el rito que abre oficialmente la Semana Santa, en esta ocasión, también con novedades.

Rafael Molina, enfundado por última vez en su túnica blanca de nazareno de la Borriquita, pedía ante el palquillo la venia que arranca con ese imprescindible «A Dios por el Amor». En su casa y en la de su abuela, Julia Candáu, había estado ensayando los últimos días «recorriendo pasillo arriba, pasillo abajo, recitando el nombre». Su madre, Fátima Domecq, tan orgullosa como la abuela, confesaba que, «al final, nos lo hemos aprendido todos en la familia». Pero esta venia dio pie a otra confesión, la de la devoción del nuevo presidente del consejo, Joaquín Sainz de la Maza, que también se estrenaba en este menester, por esta hermandad: «Donde yo, como tú, nací y viví la Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén». Sin perder el tono rosa tradicional de las flores, el paso de la Borriquita estrenaba exorno floral, rosas de distintos tamaños y hojas verdes reemplazaban a los habituales claveles.

Pese al susto del incendio en la cocina de un restaurante de la calle Zaragoza poco antes de que comenzara a salir la cofradía desde Molviedro, la hermandad de Jesús Despojado llegó a tiempo y compacta ante el palquillo. Como en otras ocasiones a lo largo de la tarde, el diputado mayor de gobierno de la cofradía pidió la venia con un niño vestido de nazareno de la mano. Un auxiliar de la cruz de guía dejó un ramo de flores blancas sobre la mesa del palquillo para las dolorosas del Domingo de Ramos. Con el torso completamente descubierto, incluso un brazo, Jesús Despojado, sobre el paso exornado con rosas malvas y rojas sangre con yedra, avanzó perfectamente acompasado con la música de Virgen de los Reyes. Orquídeas y otras flores blancas perfumaban el palio de la Virgen de los Dolores y Misericordia.

Sobre la mesa de la última cena, hogazas de pan, nueces y dátiles; en el friso y las jarras laterales, rosas rojas, espigas y hojas verdes; desde la trasera llegaban los sones de Eucaristía que ponía la banda de música de Las Cigarreras para el misterio de la Sagrada Cena en el inicio de la Carrera Oficial, donde los costaleros lo llevaron con especial mimo.

La Escolanía de María Auxiliadora antecedía con su música celestial al Señor de la Humildad y Paciencia, cuyo monte apenas se veía cubierto por un original exorno floral en el que destacaban amapolas rojas y margaritas naranjas, que contrastaba con los lirios y cardos en las jarras laterales.

Esperanza de vida, la nueva marcha de Manuel Marvizón, dedicada a los donantes de órganos y estrenada en el pregón de Alberto García Reyes hace una semana, acompañó a la Virgen del Subterráneo hasta que, desde el Duque, se arrió en el palquillo.

Como los de La Paz, los nazarenos de la Hiniesta, y después los de la Estrella, avanzaron de tres en tres por la Carrera Oficial para recuperar los minutos que se iban acumulando en una jornada que ha ganado muchos nazarenos. Con Alma de Dios, el crucificado de la Buena Muerte, ante la Magdalena, sobre su paso exornado con claveles rojos y un friso de lirios, se llevó una ovación de la Campana por el mimo con el que los llevaron sus costaleros. El palio de la Virgen de la Hiniesta no se hizo esperar. Antecedido por la representación municipal, con el alcalde, Juan Espadas, a la cabeza; Juan Carlos Cabrera, delegado de Seguridad, Tráfico y Fiestas Mayores; el portavoz del Partido Popular en el consistorio, Alberto Díaz, la concejal popular Amidea Navarro, y el portavoz de Ciudadanos, Javier Millán -la Hiniesta Gloriosa es la patrona de la corporación municipal y el templete con esta imagen que habitualmente está en el despacho del alcalde va junto al llamador de este palio el Domingo de Ramos-, la dolorosa de Castillo Lastrucci avanzó con la marcha que Manuel López Farfán, Estrella sublime, le dedicó, interpretada por el Carmen de Salteras.

Una alfombra de flores rojas y moradas, del mismo color que la túnica que llevaba el Señor de las Penas de San Roque, exornaba el paso de misterio que representa la octava estación del viacrucis, cuando Jesús fue ayudado por el Cirineo. La banda Esencia, que reemplazó el año pasado a la Centuria macarena, tras este paso, se asienta en la cofradía. Tocada con un precioso tul, la Virgen de Gracia y Esperanza, que llevaba rosas achampanadas y de color rosa palo, presumía de nuevo vestidor, el bordador José Antonio Grande de León, que le ha dado un nuevo aire a esta dolorosa de la plaza Carmen Benítez.

Mientras transcurría toda la cofradía de la ronda, la cruz de guía de la Estrella aguardaba en la confluencia de la Campana con O’Donnell, como todos los años. El esfuerzo de todas las hermandades por cumplir los horarios se antoja cada vez más complicado. Con un aplauso recibieron los abonados del inicio de la Carrera Oficial, que ya cerraron las sombrillas, al otro Señor de las Penas del día, que llegó trianeando a las órdenes de Manolo Vizcaya. Antes de entrar, una levantá por todos los costaleros de Triana. En el palquillo, por la Virgen de la Salud de San Gonzalo, que será coronada en octubre. El paso, que se recreó, sin detenerse en esta plaza, recibió otra ovación cuando se adentraba en la calle Sierpes. Nadie diría que a este martillo se la había partido un perno en el inicio del recorrido y había sido fijado de forma provisional por los priostes.

La Virgen de la Estrella se hizo esperar un poco más. No sólo por las largas filas de nazarenos sino porque el palio se quedó descolgado, con el último tramo de la cofradía roto justo en la Campana. Sin embargo, la dolorosa del rostro anacarado, atribuida a la Roldana, bajo el palio de Garduño, nacido en los talleres de Fernández y Enríquez, exornado con minicalas y flores de cera, recuperó el ritmo y con los sones de Estrella Sublime llegó y se despidió del inicio de la Carrera Oficial. Pero la selección musical también incluía un guiño a su vecina que será coronada en octubre: la Oliva de Salteras interpretó Salve Salud de San Gonzalo en el palquillo y en su pecherín llevaba prendido el escudo de oro que le ha regalado la hermandad del Barrio León, que también conmemora el 75 aniversario de su fundación. También hubo tiempo para Campanilleros y, sin inmutarse, con la elegancia que le caracteriza, se fue alejando y se llevó otra ovación de la Campana.

Imponiendo su silencio, el misterio de la hermandad de la Amargura, que no pudo restar minutos a los 27 acumulados en la jornada pese a completar la Campana a golpe de tambor, avanzó con los romanos recién restaurados -como pudo verse esta Cuaresma en el Círculo de Pasión del Círculo Mercantil, con los sones de Silencio blanco. Con los clásicos claveles blancos y la marcha Amarguras, la Virgen de la Amargura conquistó a un enmudecido, y embobado, inicio de la Carrera Oficial.

Rápidamente fueron pasando los nazarenos del Amor. Sin cruz de guía -es la que abre el cortejo de la Borriquita-, esta segunda parte de la cofradía se hizo corta pese a la cantidad de nazarenos. Sobre un monte de claveles rojo sangre, el crucificado de Juan de Mesa sobrecoge al que lo ve. Menos público esperó en las sillas a la Virgen del Socorro, cuyo paso estaba exornado por tulipanes blancos en las jarras y azahar sobre la mesa del paso, que llegó con los sones de Soleá dame la mano a la Campana.


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