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Guía cofrade: Chicotá (79)

Prosigue la Guía Cofrade de El Correo para saber de la Semana Santa sevillana tanto como los especialistas de El Correo de Andalucía

27 feb 2017 / 06:36 h - Actualizado: 27 feb 2017 / 06:36 h.
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  • Chicotá del misterio de la hermandad de la Estrella en el Puente de Triana. / Julio Muñoz (Efe)
    Chicotá del misterio de la hermandad de la Estrella en el Puente de Triana. / Julio Muñoz (Efe)

Uno de los términos fundamentales del espaciotiempo cofradiero es chicotá, palabra que va directamente al meollo del asunto. La chicotá es el desplazamiento de un paso procesional desde que se levanta hasta que se arría. Lo cual, así dicho, puede parecer sencillo de comprender. Y no lo es. Porque al igual que sucede con la de Einstein, la física semanasantera también tiene sus relatividades. Chicotá es el trayecto, pero también el tiempo empleado en describirlo. Y unidad de medida, ya puestos: «De aquí al templo hay dos chicotás», se oye decir al respetable cuando se entrega a esa afición tan suya de calibrar, medir y comentar todas las variables que intervienen en el fenómeno. La palabra tasa también la calidad con que se realiza: «¡Vaya pedazo de chicotá!», exclama el espíritu extasiado tras deleitarse con el andar de un paso bien llevado a los sones de determinada marcha. Pero esa expresión también sirve para aludir a la duración. O sea, que efectivamente todo es más complejo.

A toda esta diversidad conceptual se suma el detalle de que las chicotás no son todas iguales, ni mucho menos. De hecho, no hay dos similares; sucede como con las huellas dactilares y con el común de las cosas únicas en su especie. Varía el ritmo, la velocidad, el paso, la descriptividad del suceso –el lugar, la música, la inspiración del capataz y de los costaleros, la hora del día o de la noche, el ambiente...–. Hay chicotás tremendas y solemnes en las que el paso viene de costero a costero, lenta y majestuosamente, como gusta hacer con los grandes barcos de la Semana Santa; otras veces, se avanza sobre los pies, sin mecer el paso, en ese andar estremecedor en el que parece que nada se mueve y que todo es exquisito y milimétrico; está el Gran Poder con su paso racheao, que es como decir que la propia talla del Nazareno viene andando por sí sola, como es seña de la casa...; y si llueve o hay alguna alteración seria del orden o similar, está el paso de mudá, que resuelve en medio minuto una chicotá que podría haber durado cinco o diez, en un vámonos que nos vamos cofradiero más que justificado. La chicotá la ordena el martillo. Entre un a esta es y un pararse ahí. Que sería otra de las acepciones del término.


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