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La Trinidad

Juan de Astorga y La Trinidad: 200 años de Esperanza

El próximo mes de junio se cumplen dos siglos del comienzo de la hechura de la última dolorosa de la Semana Santa

31 ene 2019 / 12:48 h - Actualizado: 31 ene 2019 / 13:06 h.
  • A la izda. la Virgen de la Esperanza, a los pies del primitivo Cristo de las Cinco Llagas, en una antiquísima fotografía. A la dcha. La Esperanza, montada en el antiguo paso de misterio, en el interior de la iglesia de la Trinidad a comienzos del siglo XX. / El Correo
    A la izda. la Virgen de la Esperanza, a los pies del primitivo Cristo de las Cinco Llagas, en una antiquísima fotografía. A la dcha. La Esperanza, montada en el antiguo paso de misterio, en el interior de la iglesia de la Trinidad a comienzos del siglo XX. / El Correo

La hermandad de la Trinidad ha superado el medio milenio asentada en el mismo lugar. La tierra de las huertas dio paso al asfalto y los bloques del desarrollismo pero la devoción sigue intacta en torno a las Cinco Llagas de Cristo, el mandato de la Santísima Trinidad y... la Esperanza. En ese trozo de la Sevilla extramuros, solar de los antiguos frailes trinitarios, edificó su capilla y dependencias, a los pies de la iglesia del viejo convento. Y allí sigue hoy; exactamente en el mismo punto geográfico. Es una historia sabida y contada pero ahora nos interesa otro hito fundamental sin el que no se puede entender la historia de la vieja cofradía de los hortelanos.

La corporación abrió un nuevo tiempo en su historia en 1819, pronto hará 200 años, con el encargo de la imagen mariana que acabaría condesando una devoción que entonces ya alcanzaba los tres siglos. Juan de Astorga, su autor, ya había labrado la imagen de la Virgen del Buen Fin de la cofradía de La Lanzada en 1810. Pero el modelo iconográfico más reconocible del escultor de Archidona quedó definitivamente fijado con la dolorosa que gubió en 1817 para la extinguida corporación del Despedimiento, que se hallaba establecida en San Isidoro. Hablamos de la actual Virgen de la Angustia de la hermandad de los Estudiantes. Es el precedente más preciso de la que, seguramente, es la obra cumbre de la producción mariana de Juan de Astorga.

Hablamos de la última Esperanza de la Semana Santa de Sevilla, comenzada el 19 de junio de 1819 y concluida el 9 de febrero del siguiente año. La incorporación de la bellísima dolorosa de Astorga dotó de un nuevo carisma a la hermandad de las antiguas huertas de la Trinidad. Lo curioso es que el rastro de su autoría se perdió con el tiempo. La propia hermandad recoge que llegó a adscribirse a la producción de Pedro Duque Cornejo, un escultor tardobarroco alejado del delicado romanticismo de Astorga, que ejerce como puente entre los rigores del academicismo imperante sin abstraerse de las fuertes raíces barrocas que aún se respiran en la ciudad.

Juan de Astorga y La Trinidad: 200 años de Esperanza
A la izda. el recordado palio blanco de la Esperanza en la conocida colección de postales del ‘Escudo de Oro’. A la dcha. el palio blanco surca la Ronda en la década de los 60. / El Correo

No deja de ser chocante que el propio Félix González de León, que coincidió en el tiempo y el espacio con Juan de Astorga, no recogiera su autoría en su monografía sobre las cofradías hispalenses. Y aunque la impronta de la imagen es de por sí reveladora, el archivo de la corporación del Sábado Santo anula cualquier interpretación o duda: se conservan los recibos y las cartas de pago suscritas con el escultor, que cobró un total de 900 reales por labrar la nueva imagen.

En este punto es importante recoger la valoración que realiza José Ignacio Ruiz Alcañiz en la monografía publicada dentro de la colección ‘Arte Hispalense’ editada por la Diputación Provincial. El autor advierte que Astorga participa de esa “idealización romántica” porque “si en sus dolorosas se hubiera sujetado únicamente el canon de la razón... hubiere logrado algo frío, sin vida, como esas estatuas de dioses y ninfas que se dieron en esa centuria”. Evidentemente no es el caso de la producción de Juan de Astorga. Mucho menos de la Virgen de la Esperanza que, como añade Ruiz Alcañiz para todo el conjunto de la obra del escultor de Archidona, participa “de los cánones barrocos, imponiendo en las imágenes, en sus actitudes de cabeza y manos, un carácter calmado y aristocrático, lo que le hace introducir aires de renovación, constituyéndose de esta manera en un hombre puente entre el romanticismo... y el realismo histórico”. Astorga, en definitiva fue el creador de un modelo perpetuado en escultores contemporáneos como Luis Álvarez Duarte que estableció una particular relación de devoción y admiración artística por la Esperanza de la Trinidad que, además, era su vecina de niñez. El creador, ahora afincado en Gines, reconoce sin ambages su poderoso influjo, que ha creado una escuela perfectamente identificable en todos los que han seguido esa misma estela.

Ahora procesiona cobijada por su inconfundible palio verde, última brisa de alegría en una jornada, la del Sábado Santo, presidida por el signo luctuoso del resto de sus cofradías. Pero la no hace tanto salió bajo el recordado dosel blanco pero antes lo había hecho –con la cofradía surcando la ronda en la tarde del Jueves Santo- acompañando al primitivo crucificado de las Cinco Llagas. Así lo hizo hasta el año 1924, en el que fue sustituida por una dolorosa de Rodríguez Magaña que, a su vez, fue relevada por la actual Virgen de la Concepción, obra de Bidón Villar, en 1959. El primer palio, provisional, ya fue de color blanco en 1924 pero al año siguiente se estrenó un dosel oscuro del taller de Rodríguez Ojeda. Hubo otro palio verde antes de llegar, en 1945, al estreno del famoso y recordado palio blanco, obra del taller de Caro que fue pasado a terciopelo verde a mediados de los 80.

Juan de Astorga y La Trinidad: 200 años de Esperanza
La Virgen de la Esperanza en 1923, último año que salió en el paso de misterio. / El Correo

Vida y obra de Juan de Astorga

¿Quién era Juan de Astorga? Merece la pena trazar un resumen apresurado de su trayectoria vital y artística. El escultor romántico nació en la localidad malagueña de Archidona en 1779. En 1793 ya se encuentra establecido en Sevilla para afianzar su formación escultórica en la Real Escuela de las Tres Nobles Artes. Fue miembro destacado de la Sacramental de San Pedro, de la que llegaría a ser hermano mayor; profesor prestigioso de escultura; testigo de los desmanes de la invasión francesa y actor fundamental en la revitalización material de la Hermandad del Santo Entierro, en la que ingresaría como hermano en 1926.

Astorga también participó en la comisión artística que inventarió los bienes de los conventos suprimidos en 1835, germen del futuro museo de Bellas Artes que se instalaría en el desamortizado cenobio de la Merced. El escultor, finalmente, se movió como pez en el agua en la sociedad y el panorama artístico de su tiempo, contribuyendo a la creación del Liceo Artístico Sevillano. Falleció, envuelto de prestigio y éxito social y profesional, en 1849. Sus funerales se celebraron en una parroquia que ya no existe: la de San Miguel. Sus restos fueron sepultados en el antiguo –y desaparecido- cementerio de San Sebastián.

Juan de Astorga y La Trinidad: 200 años de Esperanza
La Virgen bajo su palio blanco, en el interior de la Trinidad a mediados de los años 60. / El Correo

Dentro de su trayectoria como imaginero o escultor religioso hay que destacar obras como el Crucificado de la Escuela de Cristo de Santa Cruz; el proyecto –irrealizado- para el tímpano de la portada de la Concepción de la Catedral de Sevilla; el San Juan de la cofradía del Calvario; la Virgen de los Dolores de Camas; las citadas dolorosas de los Estudiantes y la Lanzada; la dolorosa que se venera en los Capuchinos de Sevilla; el San José –que sigue los modelos roldanescos- de la parroquia de San Pedro; la Virgen de la Soledad de San Ildefonso; la Virgen de las Nieves de Santa María la Blanca; las imágenes secundarias del paso del Duelo del Santo Entierro de Sevilla y un largo etcétera...


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