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La tumba perdida de Juan Manuel Rodríguez Ojeda

La Macarena, con la construcción del columbario, tiene una oportunidad para dignificar la sepultura del genio revolucionario de la Semana Santa

Juanmi Vega @Juanmivegar /
29 nov 2019 / 16:30 h - Actualizado: 29 nov 2019 / 06:00 h.
  • Inscripción de la lápida de Juan Manuel Rodríguez Ojeda. / El Correo
    Inscripción de la lápida de Juan Manuel Rodríguez Ojeda. / El Correo

Las personas nunca mueren cuando son recordadas. Los cementerios no sirven para que descansen allí nuestros seres queridos que ya no están, son más bien lugares a los que ir para no olvidar nunca su memoria y su legado y tener un nexo de unión en el mundo terrenal con ellos.

Dar un paseo por el cementerio de San Fernando es encontrarte con la historia de Sevilla. En la muerte, como en la vida, hay distinciones. Los que más tienen yacen en los mejores sitios, con los panteones más cuidados y con más flores, las lápidas más perfectas y el mármol mejor pulido.

Una pareja se fotografía encima del mármol que delimita el monumento funerario a Joselito “el Gallo”. Otra mira atónita el de Paquirri. La fotografía de Maleni pierde el color con el paso del tiempo y las flores puestas frescas el primero de noviembre ya están marchitas.

La dogaresa que custodia la tumba maltrecha de José Villegas se cruza en las pupilas de los que prosiguen su camino para arrojar un ramo de flores a la rotonda del Cristo de las Mieles, para posteriormente echar un vistazo por las dos ranuras abiertas que tiene el panteón de Aníbal González y contemplar esa recreación del Cachorro.

Andar por allí significa esquivar trozos de mármol que hay en el suelo y leer hasta pararte en una inscripción peculiar o un nombre particular que nos suene.

La tumba perdida de Juan Manuel Rodríguez Ojeda

Hay una tumba que llama la atención. No está completa, pues el paso del tiempo y el expolio han hecho su mella. También es complicada encontrarla debido a la cantidad de nombres que están escritos sobre la lápida. «D. Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Famoso artista» reza la lápida. Poner que ha sido el artista más importante de la Semana Santa, todo un adelantado a su época que escribió en oro no sólo un estilo, sino una época y hasta una percepción de las cofradías que sigue vigente en la actualidad sería muy largo.

Hace 89 años que falleció un genio adelantado a su tiempo. «Desde que en 1900 se estrenara el ‘manto camaronero’ de la Esperanza Macarena, la carrera de Juan Manuel Rodríguez Ojeda estuvo marcada por notables éxitos, definiendo con sus más arriesgadas propuestas las distintas etapas de su trayectoria y con ello lo que se ha denominado el ‘estilo juanmanuelino’» asegura José León, Historiador del Arte, Restaurador y experto conocedor de la vida y obra del sevillano, quien nos acompaña en el recorrido por el cementerio de San Fernando.

«Sí bien es cierto es que entre 1925 y 1930, los últimos cinco años de su vida, estuvieron señalados por multitud de encargos, en los que se permitió retomar los patrones románticos o inclinarse mayormente hacia los cánones del Art Nouveau. La estrella de esta etapa fue, sin duda, el manto de tisú de la Macarena, obra que centró el interés mediático a nivel nacional y que hasta promovió las visitas reales al mítico obrador de la calle Duque Cornejo.

Basta sólo mirar la suntuosidad, la delicadeza y el perfeccionismo de las trazas de este manto para deducir que Juan Manuel falleció en la cúspide de su carrera, envuelto en una gran fama y ampliamente reconocido en todos los círculos intelectuales de la ciudad» explica León.

Con 77 años, la luz de Juan Manuel se apagó. Una versión de aquellos momentos lo sitúa viviendo en el domicilio de su sobrino Guillermo Carrasquilla Rodríguez, en la calle San Luis, donde residía.

El 29 de noviembre de 1930 falleció a causa de una afección cardíaca repentina. El infarto se produjo en lo que él había denominado tantas y tantas veces como su palacio de ensueños y donde creó obras que aún perduran, y perdurarán, en el colectivo de un pueblo.

Las agujas del reloj marcaron las tres de la tarde en el taller de la calle Duque Cornejo cuando Rodríguez Ojeda pasó de ser un «famoso artista», tal y como reza su lápida, a ser algo más. Un icono. Alguien al que imitar.

«Al día siguiente se celebró su funeral en la parroquia de San Gil, la Macarena volvió a vestirse de luto, aunque no con la severidad rigurosa que él le imprimió por la tragedia de Talavera diez años antes. Posteriormente, los restos mortales fueron trasladados al Cementerio De San Fernando. Su cuerpo yacía en una caja de caoba y plata. Sobre la tapa descansaba el capirote verde de la Esperanza y en su interior reposaba el artista que la había presentado al mundo entero como Macarena. Vestía la túnica de nazareno que él mismo creó en 1889 y abrazaba un crucifijo de bronce regalado por su amigo, el desgraciado artista Antonio Susillo» comenta José León.

Los restos de Rodríguez Ojeda están en el cementerio de San Fernando, en una sepultura con los que fueron sus sobrinos y familiares de Carrasquilla.

La tumba perdida de Juan Manuel Rodríguez Ojeda

«Es obvio que Juan Manuel cerraba una etapa y así fue reflejado en la conmoción unánime que se sintió por su muerte y que se materializó en las crónicas de la prensa de entonces. Se le despidió como “creador incomparable del cuadro de belleza que componen las cofradías sevillanas”, también fue reconocido como “el Martínez Montañés de los bordados”. Chaves Nogales en París sentenció: “Juan Manuel ha muerto, aquello se acaba”. En 1931 todas las Vírgenes a las que hermoseó con su arte lucieron crespones negros en sus varales, a excepción de la Macarena que portaba su vara marcada por el luto».

El columbario de la Macarena

Recientemente, los hermanos de la hermandad de la Macarena han aprobado la construcción de un columbario dentro de la basílica. Todavía no hay fechas para el inicio y fin de las obras.

«En una Semana Santa marcada por la homogeneidad estilística y, por lo tanto, en una crisis creativa es más que conveniente y necesario poner en valor el nombre de Juan Manuel y, en reconocimiento de su legado, dignificar su sepultura. El anuncio de la construcción y apertura de un columbario en la basílica se ofrece ahora como la oportunidad idónea para que sus restos vuelvan donde Juan Manuel aún vive y aún asombra, a la basílica de la Macarena, junto a la Virgen a la que tanto y tan bueno ofreció» argumenta José León.

La hermandad de la Macarena tiene en sus manos hacer realidad lo que se publicó hace justo 89 años en su obituario: «Descanse en Paz el hermano de la Virgen Macarena y que Ella, a la que tanto adoro, recoja su alma de cristiano para que disfrute de los goces del cielo».

Como rezan los azucarillos del Bar Goma «aquí se está mejor que allí» en la basílica de la Macarena se está mejor que allí. Brindemos por la memoria de un genio como fue Rodríguez Ojeda. Salud y Esperanza.


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