Menú

María Magdalena, la santa que tomaron por prostituta

La Iglesia celebra hoy, 22 de julio, la festividad de uno de los personajes más misteriosos y relevantes de los Evangelios: la primera persona que presenció la Resurrección de Cristo

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
22 jul 2022 / 16:25 h - Actualizado: 22 jul 2022 / 16:28 h.
$hmKeywords_Schema
  • Una imagen de la serie televisiva con Paz Vega, como María Magdalena
    Una imagen de la serie televisiva con Paz Vega, como María Magdalena

La Magdalena de los Evangelios se llamaba María, como tantas otras mujeres de aquellos relatos bíblicos, empezando por la propia madre de Jesús. Era de Magdala, un pueblo situado en la costa occidental del lago de Tiberíades, muy cercano a Cafarnaúm, y de ahí que su gentilicio se convirtiera en sobrenombre de uno de los personajes más relevantes y misteriosos de la vida pública de Jesucristo.

Desde luego, todos los evangelistas coinciden en que, después de haber sido una de las personas que acompañaron a Cristo al pie de la Cruz, fue el primer testigo de la Resurrección. Y ese solo hecho, tan trascendente, llevó al papa Juan Pablo II a considerarla, en 1988, “apóstol de los apóstoles”. Se refirió a ella con tal apelativo en su carta Mulieris Dignitatem, cuando el feminismo no se había extendido aún por Europa. Ya en 2016, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó un decreto por el que se elevaba la celebración de Santa María Magdalena, cada 22 de julio, al grado de fiesta en el Calendario romano general, por deseo expreso del papa Francisco. Pero lo cierto es que, hasta llegar a esa consideración, la santa había purgado durante veinte siglos todos sus supuestos pecados que la habían convertido en una Magdalena penitente.

Cuántas Magdalenas en una

María de Magdala no aparece demasiado en los Evangelios canónicos, pero sí en momentos decisivos. Según Lucas, era una mujer pudiente que financió de algún modo la predicación de Jesús y sus apóstoles durante su paso por Galilea. El evangelista añade un dato que no pasó desapercibido para la tradición que convirtió a la ahora santa en una histórica endemoniada: “Le acompañaban los doce y algunas mujeres que había sido curadas de enfermedades y espíritus malignos: María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios”. Estar “endemoniada” o haber sufrido alguna enfermedad no quiere decir necesariamente ser una prostituta, ni mucho menos, pero otras identificaciones, aletadas incluso por un papa, terminaron de convertir a la Magdalena en el morboso personaje que acabaron conociendo incluso quienes estaban muy alejados, durante siglos, de la religión.

En efecto, fue el papa Gregorio I (o Gregorio Magno), a finales del siglo VI, quien identificó a María Magdalena con al menos otros tres personajes distintos de otros pasajes evangélicos: la mujer adúltera que Jesús salvó de la lapidación diciendo aquello de que quien “no tuviera pecados que tirara la primera piedra” (lo cuenta Juan); o la mujer que unge con perfume los pies de Jesús y los enjuga con sus cabellos; o incluso la hermana de Marta y Lázaro. En ningún momento se dice que ninguna de aquellas mujeres se llamaran María Magdalena, pero como la imaginación es tan libre, aquel papa del siglo VI afirmó en una homilía: “Ella, la cual Lucas llama la mujer pecadora, la cual Juan llama María (de Betania), nosotros creemos que es María, de quien site demonios fueron expulsados, según Marcos”. Aquella afirmación, un tanto gratuita, bastó y sobró para darle pábulo a la creatividad, según ha testimoniado la Historia del Arte.

Aunque el cristianismo oriental honró siempre a la Magdalena por su cercanía con Jesucristo, la Iglesia Católica, en Occidente, tuvo una relación ambivalente con el personaje: no dijo nunca que fuera una prostituta, con todas las letras, pero sí se plegó siempre a aquella interpretación de Gregorio Magno de que todas las mujeres supuestamente pecadoras que habían transitado por los textos evangélicos eran la misma mujer: María de Magdala, la amiga del Señor, una prostituta arrepentida. La piadosa calumnia ya había hecho su efecto por los siglos de los siglos.

Magdalena tras el Vaticano II

Fue en 1969, después del Concilio Vaticano II, cuando el papa Pablo VI retiró del calendario litúrgico el apelativo de “penitente” para referirse a la Magdalena. Desde entonces, en la festividad el 22 de julio dejó de leerse el Evangelio de Lucas sobre la mujer pecadora. Sin embargo, la fama ya estaba criada.

El obispo y teólogo inglés Arthur Roche interpretó en 2016, tras el nuevo tratamiento a la Magdalena por parte del papa Francisco, que la decisión eclesiástica se enmarca en el contexto actual a favor de una reflexión más profunda sobre la dignidad de la mujer. “Es justo que la celebración litúrgica de esta mujer tenga el mismo grado de fiesta dado a la celebración de los apóstoles en el Calendario Romano General y que resalte la especial misión de esta mujer, que es ejemplo y modelo para toda mujer en la Iglesia”. Ya el papa Juan Pablo II, también hoy santo, insistió en que, en el momento de la crucifixión, las mujeres demostraron ser más fuertes y valientes que los apóstoles.


Qué hacer en verano en Sevilla y provincia Empleo en Sevilla Más seguros Edictos