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Muñoz y Pabón, cien años después (I): algo más que un capillita

Se cumple un siglo de la muerte del canónigo de Hinojos, uno de los motores de la revolución estética que experimentaron las cofradías sevillanas a lomos del Regionalismo

30 dic 2020 / 09:27 h - Actualizado: 30 dic 2020 / 09:36 h.
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  • El cardenal Spínola animó a Muñoz y Pabón a integrarse en la redacción de un joven diario llamado El Correo de Andalucía.
    El cardenal Spínola animó a Muñoz y Pabón a integrarse en la redacción de un joven diario llamado El Correo de Andalucía.
  • Muñoz y Pabón contó con la colaboración de Joaquín Bilbao para reformar la composición del antiguo misterio del Señor de la Cruz al Hombro.
    Muñoz y Pabón contó con la colaboración de Joaquín Bilbao para reformar la composición del antiguo misterio del Señor de la Cruz al Hombro.
  • El antiguo Señor de las Cigarreras, procedente del Pópulo, se encuentra ahora en Hinojos.
    El antiguo Señor de las Cigarreras, procedente del Pópulo, se encuentra ahora en Hinojos.
  • <p>Muñoz y Pabón influyó en la adopción de la túnica lisa para presentar al Gran Poder.</p><p>La túnica lisa del Gran Poder</p>

    Muñoz y Pabón influyó en la adopción de la túnica lisa para presentar al Gran Poder.

    La túnica lisa del Gran Poder

  • Este miércoles se cumple el centenario del célebre canónigo de Hinojos.
    Este miércoles se cumple el centenario del célebre canónigo de Hinojos.

El prematuro fallecimiento de Juan Francisco Muñoz y Pabón le impidió gozar de la apoteosis regionalista de la demorada exposición iberoamericana de 1929. El canónigo de Hinojos había muerto el 30 de diciembre de 1920, a la edad de 53 años, con los pulmones empantanados de nicotina y la pena de haber enterrado en el mes de mayo a un joven amigo, caído en la flor de la vida, que se llamaba José Gómez Ortega y se anunciaba Gallito. Este miércoles hace un siglo exacto de la muerte del impar canónigo de Hinojos. Pero la vida, la obra y hasta el particular universo artístico, literario y sensorial del sacerdote onubense no se pueden entender sin el caldo de cultivo que prestaron los vientos del Regionalismo. No hay que olvidar que ese nuevo envoltorio estético había forjado una nueva forma de presentar a las cofradías. Y uno de los más decididos catalizadores de ese proceso fue el canónigo choquero, activo predicador de los cultos de las hermandades, escritor costumbrista y eslabón de una cadena de voluntades que cambiaron para siempre la piel de la Semana Santa de Sevilla.

El futuro sacerdote aterrizó en la Sevilla finisecular para estudiar y ordenarse y consiguió pasar muy joven las durísimas oposiciones que le convirtieron en canónigo de la Catedral. Pronto establecería una especial conexión con Marcelo Spínola, de breve y fructífero pontificado. Y fue el futuro cardenal el que le animó a escribir en un diario incipiente que había fundado a los cuatro años de tomar posesión de la silla de San Leandro. “A seguir escribiendo. Ni se contente sólo con ser aficionado. Hágase profesional. Teólogos y canonistas, patrólogos y exégetas tenemos muchos. Filósofos y naturalistas tampoco nos faltan. De literatos es de lo que andamos escasillos”, espetó el creador de El Correo de Andalucía a Juan Francisco Muñoz y Pabón, que también debió ser un colaborador de confianza en la famosa concordia suscrita en marzo de 1903 que limó las históricas asperezas que mantenían secularmente las hermandades de la Macarena y el Gran Poder.

Pabón, los Bilbao y la cofradía del Valle

Muñoz y Pabón ya se movía como pez en el agua en el mundillo cofrade sevillano a comienzos del siglo XX. Su concurso fue fundamental para vincular a los hermanos Gonzalo y Joaquín Bilbao -pintor y escultor de gran fama- con la cofradía del Valle a raíz del pavoroso incendio del 5 de julio de 1909 que modificó para siempre los rasgos de la dolorosa de los ojos verdes. El canónigo ejercía sus funciones más allá del hipotético carácter simbólico del cargo de teniente de hermano mayor honorario con el que presidió un cabildo fundamental en el que se encomendaron las labores de restauración al escultor José Ordóñez -qué llevó el peso de los trabajos- y a Joaquín Bilbao, que pudo ejercer algún tipo de dirección u orientación artística.

Pero todo ello se realizó bajo el influjo del propio Pabón, que ofreció una estancia de su domicilio de la calle Abades para que sirviera de taller al escultor. No fue la única influencia decisiva del canónigo en la cofradía del Valle. El famoso cura ya había sido comisionado por la Junta de Gobierno para resolver la reforma del bizarro grupo escultórico que acompañó hasta 1908 al Señor de la Cruz al Hombro. Para ello había franqueado la puerta a su amigo Joaquín Bilbao. La mano del escultor y las sugerencias del canónigo obraron esa modificación, que se estrenó en la Semana Santa de 1909 recibiendo numerosas felicitaciones. La radical reforma implicó la supresión de la mayor parte de las imágenes del abigarrado y castizo conjunto anterior dejando sólo las del propio Nazareno, las tres Marías y la Verónica. Aquel proceso también supuso modificar, de paso, la propia actitud del Señor que pasó de llevar la cruz con las dos manos a extender la derecha a las mujeres. Otra intervención, poco conocida, fue la eliminación del mechón hebraico que le caía al Nazareno por la sien derecha.

Pero los trabajos de Joaquín Bilbao, de la mano de Juan Francisco Muñoz y Pabón, no se interrumpieron. En 1910 había vuelto a colaborar con José Ordóñez para adaptar un misterio efímero que pudo incluir alguna de las figuras desechadas en el otro misterio, el de la calle de la Amargura, para acompañar al Señor de la Coronación. En cualquier caso -aporta Roda Peña- no hicieron un grupo nuevo. Esas figuras sólo duraron ocho años y no fueron del agrado de los hermanos, que ya llevaban mucho tiempo dando vueltas a la sustitución del propio paso, deteriorado por el uso y la mala conservación y, definitivamente, obsoleto para los nuevos vientos regionalistas que confieren su identidad definitiva a la Semana Santa de Sevilla.

Y sería el Regionalismo el motor del inconfundible paso de los espejitos en el que, cómo no, también tendría un papel determinante el calonge choquero que implicó en el empeño a Gonzalo Bilbao -laureado pintor, hermano de Joaquín- para el diseño. Éste se basó en un antiguo frontal adquirido por el propio Pabón por 150 pesetas de la época. El paso se talló entre 1912 y 1913 aunque su construcción no estuvo exenta de dificultades por falta de fondos. Hubo que esperar hasta 1916 para acometer el dorado del conjunto que se redondearía en el otoño de 1922 con la realización de los cuatro sayones de Joaquín Bilbao que sustituyeron a las figuras que había adaptado doce años antes mano a mano con Ordóñez.

La relación de los Bilbao con la cofradía bajo la sombra de Muñoz y Pabón aún se mantuvo aunque no estuvo exenta de polémicas. Hay que recordar que Joaquín llegó a restaurar al Señor de la Coronación en 1918 y que intervino en una decisión que el tiempo ha puesto en la picota. Se trata de la sustitución del manto de hojilla que había bordado Patrocinio López en 1905 siguiendo el modelo de las antiguas bambalinas dieciochescas de la Antigua y Siete Dolores. Hoy pertenece a una cofradía de Huelva. Joaquin Bilbao se implicó en el diseño de la nueva pieza junto al pintor Manuel García Rodríguez y el propio Pabón. El flamante manto fue bordado en los talleres de Juan Manuel Rodríguez Ojeda en 1919. Un año más tarde –ahora hace un siglo- fallecía Pabón dejando en cierto desamparo a Joaquín Bilbao para cobrar los trabajos realizados para cofradía del Jueves Santo. Hubo cruce de misivas, tiras y aflojas y al final se aceptó un precio rebajado dividido en algunos plazos a conveniencia de la hermandad. El misterio del Señor de la Coronación, una auténtica joya de la Semana Santa del siglo XX, se estrenaba -por fin- el Jueves Santo de 1923.

La sustitución del Cristo de las Cigarreras

El binomio Pabón-Bilbao también iba a dejar su impronta en otras cofradías, en especial en la de las Cigarreras, que -como el Valle- había nombrado Teniente de Hermano Mayor honorario al famoso canónigo en un cabildo general celebrado en 1915. Desde 1892, la hermandad tenía en depósito una valiosa imagen del Señor Amarrado a la Columna de aires roldanescos que procedía del antiguo convento del Pópulo. El concurso de Muñoz y Pabón fue determinante, una vez más, para que la hermandad se embarcara en el proyecto de tallar una nueva imagen en propiedad. El encargado fue Joaquín Bilbao, que realizó el impresionante Cristo del Dolor, bañado por el impresionismo y la monumentalidad escultórica del momento, que sólo saldría a la calle entre 1916 y 1939 y, excepcionalmente, en 1973.

¿Qué pasó con el valioso Cristo del Pópulo? Las viejas fotografías revelan que era el que más y mejor se adaptaba al magnífico misterio “a la turca” que sigue saliendo a las calles en la Semana Santa de... Sanlúcar de Barrameda. Pero Muñoz y Pabón se iba a acordar de su patria chica, Hinojos, que entonces formaba parte de la archidiócesis hispalense. El canónigo consiguió que el cardenal Almaraz firmara el decreto de traslado de la imagen hasta la parroquia de Santiago el Mayor de la localidad onubense. Y allí sigue saliendo en la noche del Martes Santo en la hermandad de la Columna...

Entretanto, el radio de acción del canónigo de Hinojos ya se había extendido a otras cofradías hispalenses. Y su papel también iba a ser determinante en la presentación más difundida del Señor del Gran Poder, fijando la inconfundible iconografía de la túnica lisa. Fue en 1910: la junta de gobierno de la hermandad del Gran Poder atendió las recomendaciones del sacerdote choquero, que se unieron a las del erudito José Gestoso -otro motor imprescindible de la revolución estética de las cofradías- y el mecenas y protector de las artes Rafael González Abreu para que el Señor fuera vestido con túnica púrpura y lisa en su salida de Semana Santa.

Hasta entonces había lucido su preciosista ajuar de prendas bordadas, recuperado esporádicamente en los últimos años para las salidas de la Madrugada. En 1915 -también en 1920 y 1948- aún vistió una de ellas pero a partir del año siguiente la iconografía de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder entronizado en su paso ya no se ha separado de esa prenda sencilla –salvando las excepciones de los últimos años y las que están por venir- que tantos fieles y hermanos asocian a la visión y devoción por el Señor de Sevilla. Pero el retablo de devociones y acciones de Juan Francisco Muñoz y Pabón iba a ser más amplio y no se puede entender sin la Reina de las Marismas y la Esperanza de San Gil... (continuará)


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