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¿Para qué sirve un curso de conducción segura?

Por lo que cuesta un cambio de aceite o un fin de semana en la playa, invertiremos en nuestra seguridad y en la de los nuestros al aprender a afrontar situaciones peligrosas al volante.

Mario Garcés mgarces83 /
08 jun 2019 / 10:09 h - Actualizado: 08 jun 2019 / 10:09 h.
  • ¿Para qué sirve un curso de conducción segura?

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Si hiciéramos la siguiente pregunta a los lectores que ahora están frente a este texto: ¿es usted un buen conductor?; es probable que hubiese una proporción grande de respuestas afirmativas. Sin embargo, una pregunta tan global, tan genérica, no tiene una respuesta sencilla. Ser un buen conductor no es, exclusivamente, lo que alguna propaganda de seguros o incluso la DGT promulgan. No es tener todos los puntos del carnet y un expediente inmaculado, sin sanciones. Ambas pueden ser buena señal, pero no siempre. De hecho, pueden ser incluso lo propio de un conductor que recorra muy pocos kilómetros al año, que apenas se mueva y cuya experiencia al volante sea muy pequeña, aunque tenga muchos años de carnet.

Un error común, también, es el de banalizar la cuestión argumentando que, para lo poco que cogemos el coche, para lo despacio que conducimos o para lo que lo usamos, no nos merece la pena aprender esas cosas. La mayoría de accidentes se producen en trayectos cortos, cotidianos, en los que nuestro nivel de atención disminuye precisamente porque son rutinarios y conocemos el camino.

Acumular años de experiencia al volante tampoco es una garantía de destreza. Evidentemente, las diferentes situaciones vividas en la carretera ayudan a volverse más previsor, a anticiparse al peligro. Es lo primero que distingue al conductor novel del conductor con años de carnet: la percepción del riesgo. Para desempeñar una actividad bien, suele ser necesario que nos guste. Hay mucha gente que conduce por pura obligación, que no lo disfruta sino más bien al contrario, lo vive como una situación estresante. Conducir con temor o desinterés también es peligroso. No es lo mismo tener miedo al automóvil, que tenerle respeto.

¿Para qué sirve un curso de conducción segura?
Curso impartido por la Escuela de Conducción RACE. Cualquier conductor puede realizarlo, no hace falta ningún tipo de cualificación especial.

Un aprendizaje muy valioso para quien cree que más sabe

Una de las primeras cosas que se aprende en un curso de conducción segura es que lo mejor consolidado en un conductor son los vicios y las malas costumbres. Es una cura de humildad excelente comprobar, en la que suele ser la primera lección práctica, que ni siquiera se sabe adoptar una postura adecuada a los mandos del coche. Algo básico para circular con seguridad. Unos brazos y piernas demasiado estirados son un más que probable punto de bloqueo en las articulaciones en el momento de un impacto, cuando el cuerpo más se tensa. Es una garantía de fractura en caso de accidente. Lo contrario, situarse muy cerca del volante, conlleva que el airbag haga mal su función, al desplegarse demasiado cerca de la cabeza y del torso. Incluso el simple hecho de colocar los retrovisores de forma que apenas se vea la carrocería de nuestro propio coche, ayuda a controlar mejor los ángulos muertos.

La mayoría de cursos de conducción segura (o de conducción preventiva, evasiva, u otros diferentes nombres que suelen recibir) comienzan con una clase teórica. Ésta no consiste en volver a lo que se estudió en la autoescuela, aunque se pueden repasar normas, sino en explicar el funcionamiento básico de los diferentes dispositivos con los que cuenta un coche actual para evitar un accidente. Para saber hasta qué punto la estabilidad de un vehículo moderno es muy elevada. Otros contenidos a tratar habitualmente son los relativos al mantenimiento del vehículo, con ejemplos claro de cómo influye el estado de amortiguadores y neumáticos en la pérdida de control. La forma correcta de trazar curvas, de gestionar la inercia del vehículo, de situar las manos al volante durante los giros y, en definitiva, de anticiparse a los riesgos.

¿Para qué sirve un curso de conducción segura?
Maniobra sobre suelo deslizante impartida en un curso de Volkswagen Driving Experience. Circuito Ascari, a una hora de Sevilla, en Ronda (Málaga).

Es bueno conocer las limitaciones propias, pero también las del vehículo que se conduce. Esto se consigue experimentando en un lugar cerrado al tráfico, seguro y acompañado de monitores profesionales. Ellos nos acompañarán al vehículo después de la clase teórica, nos harán una serie de demostraciones para comenzar a crear confianza en los sistemas de seguridad y después nos invitarán a tomar el volante, a colocarnos correctamente y enfrentarnos a una serie de obstáculos y a nuestro propio miedo.

Frenar a fondo es muy sencillo, pero casi nadie lo hace bien

Uno de los ejercicios básicos en este tipo de cursos es la frenada de emergencia. Una pista despejada, larga y recta, con un punto de referencia donde empezar a frenar. Parece tan fácil de hacer que cualquiera diría que no va a fallar. Pues todo lo contrario. El instructor pide al alumno que se vaya al inicio de la pista, acelere y mantenga una velocidad constante (se suele empezar a unos 80 km/h y luego se va incrementando, por ejemplo, hasta 120 km/h). Cuando llega a la altura de unos conos, da la orden al conductor para que pise embrague y freno a fondo. Quien no lo ha experimentado nunca, suele pisar el freno con cierta brusquedad, pero no a fondo, y va incrementando la presión gradualmente. No es que sea difícil pegar el pisotón, es que existe ese temor natural a llevar al vehículo al límite. Un límite que nunca se ha experimentado.

Tras varios intentos, conforme se gana confianza en uno mismo y en el coche, las distancias de frenado comienzan a ser buenas y el alumno se sorprende por la capacidad de detención que tiene un coche, por lo fácil que le resulta mantenerlo bajo control y por la diferencia en metros que supone el saber frenar del no saber hacerlo. Una variante de este ejercicio es lo que se llama la frenada asimétrica, que consiste simplemente en hacer la misma maniobra sobre una superficie que tiene más adherencia en las ruedas de un lado que en las del otro lado. Equivale a frenar con parte del coche metido en un charco, o pisando una placa de hielo.

¿Para qué sirve un curso de conducción segura?
Pista de pruebas con señalización de conos, que pueden simular un obstáculo o indicar el punto de frenada.

La maniobra de esquiva o «test del alce»

Lo del test del alce recibe su nombre de los países escandinavos, donde la decisión entre chocar contra un alce que cruza repentinamente la carretera o esquivarlo parece clara: suele ser mejor esquivarlo que empotrarse contra él. La analogía es simple. No hace falta que se trate de un alce, sino de esquivar cualquier vehículo que irrumpa sorpresivamente en nuestro carril, o un peatón, un niño tras un balón o una vaca. El control de estabilidad se desarrolló precisamente para permitir a los coches realizar este tipo de maniobras con seguridad. Pero hasta que no se comprueba de forma práctica cómo de bueno es su funcionamiento, es difícil que un conductor sienta la seguridad suficiente como para esquivar un obstáculo con plena confianza en que el coche va a responder sin perder el control. La habilidad necesaria para maniobrar también se puede entrenar, pues hay que aprender a no mirar al obstáculo, sino hacia el punto por el que lo vamos a evitar.

En el siguiente vídeo aparece un ejemplo práctico de cómo responde un turismo mediano, que cuesta unos 20 000 euros, ante un pasillo de conos estrecho y corto que simula un doble cambio brusco de carril. O lo que sería equivalente: dar un volantazo para evitar un obstáculo en una carretera de doble sentido, circulando a unos 80 km/h, y regresar inmediatamente al carril para evitar los coches que vienen de frente. A continuación, otro vídeo con los contenidos que imparte la Escuela de Conducción de Ilunión.

Un curso de conducción segura suele costar entre 100 y 300 euros, dependiendo de la duración y de los contenidos. Hay escuelas de conducción que lo ofertan a particulares y a empresas (formación para empleados), y que también enseñan técnicas de conducción eficiente, que no es más que la gestión adecuada del cambio de marchas, el acelerador, el freno y las distancias de seguridad para conducir con la máxima fluidez, reducir el gasto de carburante y aumentar la seguridad y la vida útil del vehículo. Invertir en un aprendizaje tan valioso, del que puede depender la integridad propia y de quien nos acompaña en el coche, tiene un coste inferior al de un fin de semana de vacaciones.


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