Actualizado: 17 oct 2020 / 16:37 h.
  • Todas esas cosas que nunca nos diremos

Este 2020 se cumplen veintiséis años de la creación de Histrión Teatro, una de las compañías referentes de la escena andaluza, que tantos buenos momentos nos ha regalado merced a su buen hacer y su apuesta por los textos de calidad. Algo que ya pudo apreciarse en su primer espectáculo, Volpone el zorro, de Ben Jonson, en 1994, y que continuó con sus adaptaciones de clásicos como Tartufo, Cada mochuelo a su olivo, Cyrano de Bergerac o Macbeth. Todas ellas insertas en una etapa de continua investigación que les permitió explorar diferentes cauces con los que sorprender al público, y que se nutrió del buen estado de salud del teatro andaluz del momento. A partir de 2008, y coincidiendo con la crisis económica, la compañía inició una importante transformación en la que, dejando a un lado el clasicismo anterior, decidieron probar con autores contemporáneos, abriendo el camino a nuevas dramaturgias y plasmando la realidad cotidiana en sus montajes. Algo que les obligó a redefinir el proyecto en busca de otro tipo de públicos y les permitió alcanzar nuevas metas.

Hoy, Histrión Teatro, con más de veinte espectáculos a sus espaldas y capitaneado por Gema Matarranz y Nines Carrascal, es una de las referencias del teatro contemporáneo nacional, y prueba de ello es su presencia en festivales y circuitos de todo el territorio, su salto a la escena internacional —Argentina, Colombia, Panamá, Francia o Portugal— y el abanico de galardones que atesora; desde el Premio al mejor espectáculo en gira nacional por la obra Los Corderos, concedido por la Feria de Artes Escénicas de Aragón en 2011, al Premio de la Asociación de Artes Escénicas de Andalucía, que en 2013 reconoció la labor de Gema Matarranz y Manuel Salas como mejor actriz y mejor actor por su participación en Teatro para pájaros. Pero la cosa no queda ahí, ya que Matarranz fue finalista de los Premios MAX dos años después, tras encarnar magistralmente a Juana la Loca en Juana, la reina que no quiso reinar, y en 2018 recibió el premio honorífico de la Diputación Provincial de Granada por toda su trayectoria.

Todas esas cosas que nunca nos diremos

Una metáfora de la realidad

En El mueble, último espectáculo que acaba de ver la luz en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, Histrión estrecha aún más los lazos con Juan Carlos Rubio, dramaturgo de larguísima trayectoria y reconocido prestigio, de quien ha estrenado títulos como Arizona (2014), Lorca, la correspondencia personal (2017) o La Isla (2019); estos dos últimos reconocidos en la Feria de Teatro en el Sur de Palma del Río (Córdoba). Aunque esta vez, y como novedad, la compañía granadina apuesta por la comedia. Escrita en colaboración con Yolanda García Serrano y dirigida por el propio Rubio, El mueble, cuyo subtítulo reza «Todas esas cosas que nunca nos diremos», aborda los conflictos que surgen en el seno de cualquier

par matrimonio de nuestra época, máxime cuando llevan juntos más de un cuarto de siglo. Asuntos que, enfocados desde el humor grueso, la sátira y la complicidad con el espectador, hayan su metáfora perfecta en esos muebles de marca sueca que necesitan de la colaboración para poder ser montados en casa. Una asociación en la que se producen roces, que atraviesa malos y peores momentos, y que desemboca en la realidad misma, aunque lógicamente tratada desde la comicidad. Algo en lo que Gema Matarranz (quien interpreta a Tati) vuelca todo su talento para trascender el escenario y meterse al público en el bolsillo, como nos tiene acostumbrados desde hace años. A su lado brilla Alejandro Vera (en el rol de Carlos), actor cuyo crecimiento es indiscutible —arrancó su carrera junto a Josep María Flotats, se curtió en los musicales y explotó en el mencionado montaje sobre Lorca—, y que, como ya ocurriese en su anterior colaboración con Histrión, consigue alcanzar unas cotas extraordinarias a las órdenes de Rubio. A destacar del montaje la frescura de los diálogos, la naturalidad de las acciones y ese punto de reflexión que se agradece en toda propuesta, y que a su vez va aderezado con un puntito de amor. Amor entre los personajes, amor por la palabra escrita y amor por un arte, el de Talía, que en manos del director cordobés siempre aspira al sobresaliente.