Facebook Twitter WhatsApp Linkedin
Actualizado: 28 jul 2021 / 19:31 h.
  • Paco Mir se ríe de su propia condición
    Fotos de Manuel Israel Cuadrado Macías.
  • Paco Mir se ríe de su propia condición
  • Paco Mir se ríe de su propia condición
  • Paco Mir se ríe de su propia condición

El Perro del Hortelano es una de las comedias más populares y versionadas de Lope de Vega. Tal vez por ello a la hora de abordar la dramaturgia, Paco Mir se ha decantado en esta nueva versión por un enfoque metateatral que no centra la comicidad en el texto, sino en la forma de montarlo.

Así, la obra comienza con dos personajes que se definen como técnicos y le piden al público que colaboren recreando en su imaginario lo que el vestuario -que han sacado de una obra de Agatha Cristie- y la escenografía, que ellos definen con mucha retranca como “conceptual”, propone en cada acto con algunos simples elementos, como una alfombra colgada a manera de tapiz, una pequeña columna y un busto que remiten a la arquitectura clásica o unas escaleras de madera con la que insinuarán diferentes localizaciones. Todo ello, dicho con toda una gama de gestos y entonaciones que instalan con facilidad la carcajada en el patio de butacas. Era de esperar, teniendo en cuenta que estos dos singulares personajes están representados por Manolo Monteagudo y Moncho Sánchez-Diezma, dos actores de reconocido talento y vis cómica, a los que se sumarán acto seguido dos actrices no menos talentosas, Amparo Marín y Paqui Montoya.

La primera asume el papel de la Condesa Diana y la segunda, aunque en principio tiene que dar vida al personaje de la criada Marcela, a lo largo de la obra no le quedará más remedio que representar también al Marqués Ricardo y al Conde Federico, además de al Conde Ludovico, que en esta nueva versión se torna en una duquesa. Son los personajes más histrionicos de la obra a los que Paqui Montoya, con encomiable versatilidad, imprime una carga cómica que hace las delicias del público. Aunque no es la única que tiene que abordar más de un personaje, también Manuel Monteagudo se ve impelido a representar, además del personaje de Tristán, lacayo de Teodoro, el papel de Fabio, cuya sola caracterización despierta con facilidad la risa del público.

Cabe destacar el derroche de oficio y el dominio de la comicidad que nos brindan los cuatro intérpretes, así como el el desparpajo, la frescura y la amable transgresión de la dramaturgia de Paco Mir, quien también ha sabido imprimir fluidez al ritmo, lo que desde luego no es baladí teniendo en cuenta la dimensión del escenario del Teatro Romano, algo que, por cierto, la dramaturgia incorpora al texto con deliciosa retranca. Cabe resaltar también el tratamiento moderno que Paco Mir otorga a la comedia clásica, una nueva mirada que, partiendo de homenajear la manera de hacer teatro de la época de Lope, se ríe del teatro contemporáneo, o lo que es lo mismo, se ríe de su propia condición. Lástima que tanto la música como la iluminación se queden a mitad de camino en su complicidad con el humor.

La ficha

Obra: El perro del hortelano
Lugar: Teatro Romano/Festival Anfitrión
Compañía: Vania Producciones/Sofía Aguilar Producciones de Arte
Dramaturgia, dirección y escenografía
: Paco Mir
Espacio sonoro: Juan Padilla
Interpretación: Moncho Sánchez-Diezma, Manuel Monteagudo, Amparo Marín y Paqui Montoya
Calificación: 3 estrellas

ETIQUETAS ►