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Actualizado: 11 mar 2022 / 04:36 h.
  • ¿Conoces el secreto laberinto vegetal de Sevilla?

Sevilla tiene a gala de ser el lugar de España donde se tiene el laberinto vegetal más antiguo de España, un laberinto -al más puro estilo de las películas- donde perderse y donde la salida siempre será la meta a lograr. Tan evocador como espectacular.

Se les llama «Dédalo» y está «escondido» dentro de un lugar tan emblemático como lo es el Real Alcázar de Sevilla. De él, por la documentación que se tiene, se sabe que es el más antiguo y fue mandado plantar -pues está hecho con setos vegetales- por el rey Carlos V, si bien es cierto que el actual emplazamiento en estos espléndidos jardines data de 1910 y tiene otro dibujo en el que “perderse”.

El anterior se encontraba en lo que hoy es el Jardín de la Cruz y en si interior había lugares tan legendarios como una reconstrucción a pequeña escala del Monte Parnaso en el que se remataba con una maravillosa fuente Hipocrene. Una «maravilla del mundo» del que aún quedan algunos vestigios en legajos.

El trazado renacentista tenía altos setos de mirto, ciprés y tuya y este nuevo no hace más que dar mayor fuste a un entorno, natural, magnífico.

Simbología del laberinto del ayer

Así se tiene por cierta que la fecha en la que se crea este esplendido laberinto fue en 1619. Hay testimonios gráficos en los que se puede visualizar como era aquel laberinto del Alcázar en torno a aquel Monte Parnaso sevillano encontrándose en fotografías de Laurent, Hauser y Menet del siglo XIX en el que se aprecia el laberinto ya diferente al original.

Aún se conserva la entrada original al laberinto de Sevilla que invitaba a perderse en su interior donde debe pasar por la puerta que está rematada por la imagen análoga de Teseo matando al Minotauro, sólo que en ese emplazamiento ya no está.

El laberinto además tiene todo tipo de simbología, es la muerte figurada y la resurrección espiritual que tiene como iniciado en su nueva vida, así nuestro Teseo logró escaparse del mismo mediante el famoso hilo de Ariadna.

En las catedrales también encontramos laberinto, como el de Chartres, que sería «el pecado, que se identifica con el reptar de la serpiente, y, por asociación, la dificultad de mantenerse en el camino verdadero. Recorrerlos de rodillas -ninguno tenía callejones sin salida que obligaran a detenerse- sustituía el viaje hacia Tierra Santa».

En el laberinto sevillano encontramos de todo, era una obra de arte topario donde se recortaban cuerpos de figuras sobre el mirto y se le añadían las manos o cabeza de barro cocido, era la representación de los grifos y otros animales fantásticos que trataban de sembrar el miedo y la inquietud entre los que se perdían en su interior. En el Cenador de la Alcoba se puede ver un mapa de como era el original.

Era encontrar la luz entre las tinieblas, el contenido esotérico y simbólico era alto; aunque era una especie de camino iniciático lo cierto es que se contemplaba más como una diversión, un juego, un reto de trazado sencillo y fácil para la orientación.

Un lugar que, seguramente no conocía, y le hemos enseñado otro de los secretos que guarda nuestra ciudad.