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Actualizado: 07 jun 2022 / 04:00 h.
  • Expediente X policial: «hemos visto un fantasma»

Es de lo que le s quiero hablar pues es una experiencia personal mano a mano con dos policías locales. Hace cuestión de unos años -tres años- tuve la ocasión de conocer a dos agentes que les interesaban este tipo de hechos y cosas «extrañas». Son muy aficionados pero hasta el límite de saber donde es pura diversión y que no les afecte y origine miedo.

En la ruta que realizaron conmigo por las calles de Sevilla me resultaron agradables, iban acompañados de sus esposas y en los desplazamientos a un nuevo punto o parada me iban contando cosas que les habían sucedido y que no les encontraban explicación. Me decían: «mejor no darle muchas vueltas a determinadas cosas que pasan por que si no uno se lleva el trabajo a casa y todo afecta» y, lo cierto, es que razón no les falta.

De aquella relación nació una amistad en la que me suelen informar de nuevos hechos o episodios extraños que viven así como de otros compañeros que también han tenido vivencias que podríamos calificar de paranormal o, al menos, de inexplicable.

Pero una noche les iba a suceder algo especial que prefiero que sean ellos los que lo relaten. Me llamaron por teléfono tarde, de noche ya, de hecho estaba ya dispuesto a dormir tras un largo día. A esas horas me extrañó la llamada y, pensando que podía pasar algo, atendí rápidamente.

Al otro lado del hilo telefónico estaba el agente de policía que me decía: «Jose, perdona que te moleste a estas horas, es que tenemos un problema» comenzó.

Le indiqué que me dijera en qué los podía ayudar y él me replicó: «Mira, hemos entrado aquí en el Sanatorio por que nos avisaron que podía haber una incidencia con unos chavales. Hemos entrado con el coche hasta dentro y cuando íbamos a darnos la vuelta, ya sin registrar nada extraño, hemos visto delante nuestra a una niña que se metía en el edificio que está junto a la carretera. Ha sido muy extraño porque la hemos visto perfectamente, como te puedo ver a ti. Hemos parado y hemos entrado en el edificio pero por más que hemos buscado y llamado no la hemos encontrado. XXXX ha querido solicitar refuerzos para la búsqueda pero sabiendo que aquí pasan cosas raras no hemos querido mover nada. ¿Tú puedes venir en un momento?». Era tarde y la hora no invitaba a nada pero aquellas personas necesitan de mi ayuda y me decidí a ir.

Al llegar en mi moto vi, efectivamente, la patrulla a un lado y los dos agentes esperando: «Gracias por venir tan pronto, perdona la hora. Es lo que te he contado. Hemos entrado y el frío es brutal pero, aparte, la sensación de estar vigilados o acompañados es tremenda. ¿Entramos juntos?» y de esa forma dimos una ronda por el edificio.

Lo curioso fue que al llegar a la tercera planta pudimos escuchar, desde las escaleras, unas pisadas, fue entonces cuando el agente que abría el grupo mando con su mano parar y nos dijo: «Está ahí, se ha ido para el pasillo». Fue cuando avanzamos y, efectivamente, al final del mismo, con los agujeros que hay en él, con ese cuidado, pudimos ver a la niña que estaba caminando, de espaldas hacia la puerta que da a la escalera trasera. Fue en ese momento cuando giró y desapareció. Entonces, instintivamente uno de ellos avanzó y yo bajé junto al otro agente por la escalera interna para tapar una posible salida. La cosa es que nos volvimos a encontrar sin haber rastro de aquella niña de nadie. ¿Dónde estaba? Quizás la respuesta que mejor responda a ello sea la de uno de estos agentes: «se ha desvanecido como un fantasma».

Y es que también la Policía o el Ejército tienen auténticos expedientes X en los que se ven metidos y no por ello quiere decir que desvaríen, al revés, tienen toda la credibilidad sabiendo que ellos, mejor que nadie, han vivido episodios tan impactantes.

No es la primera vez que ocurre esto con agentes de la Policía, en otra ocasión coincidimos en este mismo sitio un grupo de personas, mi amigo Manolo Molina y yo con dos patrullas de la Policía Local que nos dijeron textualmente: «Si, aquí hay fantasmas, si yo no estuviera de servicio me quedaba con vosotros» y es que ellos, mejor que nadie, pese a sus escepticismo, saben lo que ocurre en el interior del que yo considero último edificio encantado de Sevilla, el «Gran edificio encantado» de la ciudad.