Actualizado: 25 ene 2020 / 08:04 h.
  • Tesoro del Carambolo, la maldición continúa

El 30 de septiembre de 1958 en la sede de la extinta Real Sociedad de Tiro de Pichón se acometían obras de ampliación. Un operario, Alfonso Hinojos del Pino, alcanza con su piqueta una vasija cerámica que, con sumo cuidado, rescata del suelo y se la da a la mujer que hacía la comida de la cuadrilla de trabajadores.

Tras limpiar la vasija, se logra ver su interior y se comparte una auténtica conmoción: aparecen varios huesos y 21 piezas de oro de 24 quilates que, en total, pesan 2.950 gramos. El que para la historia será el Tesoro del Carambolo se compone de un collar con dos ramas de cadenas, dos brazaletes cilíndricos, dos pectorales y dieciséis placas rectangulares.

A quien encontró la vasija, tras tomarle declaración la Policía Armada (Hoy CNP), fue detenido incomprensiblemente. Así eran las cosas durante el franquismo. La maldición afloró. Años después, y gracias al tesón del operario fue reparado hasta económicamente por hallar un Tesoro que estudiaron expertos. Jamás estuvo exento de polémica por su altísimo valor histórico y artístico siendo únicas las técnicas orfebres para su ejecución. El tesoro es objetivo de coleccionistas privados, como veremos.

Está acreditado en el Cerro del Carambolo se levantó un templo fenicio en honor de Astarté [Tanit], diosa de la fertilidad, y Baal el dios que avalaba tratos mercantiles. Se celebraban retozando servicios de prostitutas sagradas. Se cree que el Tesoro era el ajuar de algún adinerado o atributos de algún sacerdote del templo fenicio más importante del Mediterráneo, según el arqueólogo Fernando Amores. En parte, desmintió a Juan de Mata Carriazo, quien sitúa el Tesoro con la desconocida civilización tartésica.

El ‘Tiro de Pichón’ desapareció al poco tiempo de encontrarse en su subsuelo el Tesoro del Carambolo. Acabó siendo un ‘casino’ en el que no faltaban sucesoras de quienes remataban con sexo los tratos fenicios. Timbas, juergas y muchas historias de ruinas de quienes se jugaban –y perdían- la hacienda y la mujer redondeaban la maldición del lugar.

Las otras actividades del ‘Tiro de Pichón’ tampoco obviaron prestamistas, usureros, extorsionadores y aprovechados que mancharon una sociedad que centra parte de las maldiciones que concurren en el Carambolo.

Más cenizos del Cerro del Carambolo acaecieron tras la desaparición del ‘Tiro de Pichón’ cuando varios conductores aficionados al ‘motocross’ perdieron la vida o resultaron gravemente heridos por unas pistas que se repartían por un Cerro que los expertos consideran sagrado

El Tesoro que dimite e indemniza

Siendo alcalde de Sevilla el abogado socialista Manuel del Valle (1983-1991) firmó convenio con el joyero madrileño Jesús Yanes para reproducir los originales del Tesoro del Carambolo. La idea fue exponer réplicas en el nonato Museo de la Ciudad. Se proyectó instalar en la Casa Consistorial de Sevilla. Inicialmente, las copias serían expuestas en la Expo de 1992.

Pero Del Valle no renovó candidatura del PSOE. Le sucedió el ginecólogo Luis Yáñez-Barnuevo. Este político, a quien muchos atribuyen un ‘gafe’, acabó perdiendo la Alcaldía que el PSOE detentaba, tras dos mayorías absolutas. La ganó, apoyado por el PP, Alejandro Rojas-Marcos (Partido Andalucista). Las fricciones entre el nuevo Alcalde y Jesús Aguirre, Duque de Alba y Comisario sevillano para la EXPO, estallaron al retrasarse injustificadamente ejecución de convenio para elaborar réplicas del Tesoro del Carambolo que haría el joyero Jesús Yanes.

La realidad que el original del Tesoro saldría de la cámara acorazada del Banco de España (en el Museo Arqueológico hay una copia) sin estar garantizado su retorno en plazo convenido, había riesgo de ‘cambiazo’ sobre original y se carencia de un seguro que cubriera el alto valor de joyas únicas.

El entonces Duque de Alba dimite por los retrasos para entregar las joyas y Jesús Yanes demanda al Ayuntamiento por incumplir un contrato, plazos y compromisos que Rojas-Marcos no asumía como propio. Lenguas malvadas aseguraron entonces que el Tesoro tenía precio entre coleccionistas norteamericanos y europeos.

Finalmente, Jesús Aguirre se quedó compuesto y sin cargo y la Justicia indemnizó a Yanes con casi 200.000 euros para reparar la informalidad contractual. El Tesoro no fue replicado fuera de Sevilla.

La réplica del divorcio

Las arras matrimoniales son testigo del anticipo de amor, indisolubilidad y compromiso. La Infanta Elena, las más vinculada a Sevilla por la hípica, un novio jinete que tuvo y su vasta cultura (la Biblioteca más importante hispalense la honra, aunque no escribió ningún libro) decidió celebrar boda en el Altar mayor de la Catedral. El afortunado fue Jaime de Marichalar. El día elegido fue el 18 de marzo de 1995. Oficiaba, con pompa protocolaria, el cardenal franciscano Carlos Amigo.

Pues alguien decidió que las arras matrimoniales reprodujeran el Tesoro del Carambolo quizá por el amor sincero que –entonces- se profesaba la pareja. De la solemnidad con que se repartieron las arras de orfebrería no faltaron testigos. Poco tiempo después de la boda, y ser padres los contrayentes, el matrimonio decidió ‘interrumpir la convivencia’. Es decir, separación de toda una Infanta y un aristócrata entregado a las finanzas. El divorcio se acordó en 2009 ¿Fue la maldición de las arras las que divorciaron a tan ilustres contrayentes?. Esa pregunta no la ha contestado nadie, pero flota en el ambiente de quienes creemos que el Tesoro hace de las suyas.

El fiasco del Hotel-Atalaya

El fallecido Gabriel Rojas colmató todos sus sueños (presidió el Sevilla SAD y una hermandad rociera, construyó miles de casas, hoteles, creó una ganadería...) excepto uno. Proyectó construir un hotel de lujo de 150 habitaciones con excelentes vistas a Sevilla desde 2009 en el Cerro del Cartambolo.

Como los terrenos del empresario colindaban con la zona arqueológica proyectó levantar, junto al Hotel de sus sueños, un centro de interpretación que integraba las ruinas del santuario. Las cortapisas de la Consejería de Cultura aplazaron el proyecto tras tener aprobado el del Hotel y el asunto acabó en el Supremo. En 2016 logró que se le indemnizaran con 1,55 millones de euros. El empresario llevaba entonces 4 años muerto. El Hotel de Rojas se quedó en proyecto. El tesoro profanado de Astarté se cebó sobre una empresa que resultó de imposible ejecución.

Incendios extraños

Durante el verano de 2018 se produjeron varios incendios, al parecer intencionados, que arrasaron más mil árboles que plantó el colectivo ‘Sevilla Más Verde’ en el Cerro del Carambolo en programa de repoblación arbórea.

El CNP y el Ayuntamiento de Camas, término al que pertenece el Cerro del Carambolo, investiga las causas. Pero, tras más de un año de espera, no hay conclusiones, ni autores, ni informes sobre las actuaciones desarrolladas. No sabemos si la mano humana al provocar incendios forma parte de sucesos extraños que suceden en una zona protegida por la historia y por quienes quieren darle dignidad a las ruinas del santuario donde veneraban, los primeros sevillanos, a Astarté. Estaremos atentos en #Infraganti a más maldiciones sobre el Cerro y Tesoro del Carambolo. ¿Sucederán más?

El Tesoro se esconde

El Museo Arqueológico de Sevilla tiene una sede maldita. La última es la misma del ‘Palacio del Renacimiento’ durante la Expo de 1929 tras construirlo Aníbal González asemejándose al Palacio de Monterrey salmantino su estética exterior.

Sobre este excelente monumento de la Plaza de América se centraron promesas de políticos y autoridades sistemáticamente incumplidas. Además, sufre de carencias de personal, presupuesto y hay crónica de que en su deriva sobre activo cultural sevillano hubo fiestas parecidas a las bacanales romanas. Algunas estatuas fueron presa de frenesíes sexuales y acabaron fracturadas. El ‘escándalo’ se quedó entre pantalones de VIPS.

El pasado octubre se anunció que, desde 2020, cerrará al público durante un mínimo de tres años por una mejoras y obras que no se concretan mucho por parte de ‘quien corresponda’. Una réplica ‘buena’ del Tesoro del Carambolo no podrá ser admirada por los sevillanos y visitantes, que llegan desde todas las partes del mundo ante la excelencia de las piezas que integran el Tesoro.

Estaremos varios años, y sin saber hasta cuándo, sin poder estar cerca de los avalorios con que se presentaban respetos a Astarté, cuya reproducción también se veta al visitante varios años. El Tesoro del Carambolo obra su última fechoría confirmando las maldiciones que arrastra. No quiere ni que le vean su réplica autorizada.

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