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Actualizado: 29 oct 2020 / 13:23 h.
  • El humo, producto de un mal mantenimiento, lo sufrimos todos
    El humo, producto de un mal mantenimiento, lo sufrimos todos

Dicen las cifras de ventas que ha crecido enormemente el mercado de coches usados y, en particular, el de coches ya envejecidos y baratos, por la necesidad que han sentido muchas personas de evitar los desplazamientos compartidos en los medios de transporte públicos. Es una solución y un 'problema', a medias, porque perpetúa en las carreteras una cantidad preocupante de transporte de coches que ya deberían haber sido achatarrados dada su total carencia de mantenimiento. Es probable que muchos de esos coches hubiesen acabado en un desguace pero que sus propietarios hayan decidido venderlo por lo mínimo aprovechando que la demanda aumenta y que, a fin de cuentas, mucha gente sólo necesita un medio de desplazamiento que tal vez sea temporal, que le dé el apaño en sus trayectos diarios y que le genere el mínimo coste posible.

Tanto si se encuentra usted en esta nueva situación (la de haber comprado un coche viejo para salir del paso) como si, sencillamente, su coche ya tiene un buen puñado de años, recuerde simplemente que éste no se mantiene solo. Puede que no le merezca la pena reparar las pequeñas averías del motor como fugas de aceite o fluidos, aunque debiera, pero aquello que le une con el asfalto no puede ser obviado por simple racanería. Neumáticos y amortiguadores son cruciales, para ir de A a B a diario a ritmo tranquilo y para viajar largas distancias. Para Sevilla en pleno verano, pero también en pleno invierno, con lluvia y con las heladas matinales y el rocío mañanero. En todas esas circunstancias puede salir a relucir el mal estado de conservación de un neumático.

Recordemos que un neumático no sólo está en mal estado cuando su banda de rodadura presenta desgaste. También lo está cuando la carcasa en general tiene cortes o grietas y, por supuesto, cuando simplemente tiene muchos años y el caucho se ha endurecido. Y detectar este detalle es más difícil que ver el simple desgaste, porque hay muchos conductores confían exclusivamente en que recorren muy pocos kilómetros al año y que por tanto sus ruedas aguantan como el primer día durante mucho tiempo. Y no es así. No lo es si el coche duerme en garaje, donde las condiciones son más favorables para la goma, pero sobre todo no lo es en absoluto si el coche duerme en la calle, sufriendo los cambios de temperatura y de condiciones climatológicas a lo largo de su vida útil.

Otros efectos del descuido de los propietarios los sufren especialmente los motoristas, pero también los viandantes. Es el producto del exceso de humo que sueltan por el tubo de escape algunos coches. Humo negro y denso que en especial afecta a los motores turbodiesel, y que suele ser por causa de que uno o varios elementos mecánicos están en mal estado: inyectores, válvula de recirculación de gases (comúnmente conocida como EGR), el propio turbo, el catalizador (en este caso el humo huele, literalmente, a huevos podridos a causa del azúfre) o existe alguna toma de aire en la admisión. A veces reparar estas averías no es muy costoso (sobre todo si son por toma de aire, pues sustituir alguno de estos conductos requiere poca mano de obra y piezas baratas). Otras, sin embargo, sí pueden resultar muy caras y para ello es mejor, precisamente, prevenir que ocurran practicando una conducción lo más suave y cuidadosa posible.

Hay quien sólo repara lo justo y necesario para superar la siguiente ITV (que no es, en absoluto, infalible), sin percatarse de que la responsabilidad que tiene va más allá de un simple trámite. Igual que se es conductor, a veces se es peatón, y se puede estar en la situación de sufrir un atropello por el descuido de otro conductor. Si su coche está bien mantenido, un frenazo a tiempo en un paso de cebra puede emplear dos metros menos de distancia de detención sólo con contar con neumáticos y amortiguadores bien conservados. ¿No le compensaría en tal caso estar en cualquiera de las dos situaciones frente a un coche correctamente mantenido?

También hemos hablado por aquí en alguna ocasión de los desconsiderados que aparcan a la maldita sea, soltando el coche en mitad de una plaza sin cuadrarlo entre las líneas, ocupando dos (o más). A estos propietarios (y sus familiares, por qué no decirlo) sólo se les puede rogar encarecidamente que, ya que no cuidan su vehículo propio, al menos dejen que los demás cuiden del suyo, de la pintura y de los paragolpes, evitando al menos los portazos en el supermercado y los roces propios de maniobrar sin cuidado alguno. La póliza del seguro no la regalan, y tampoco nos van a pagar la diferencia en precio el día que vendamos nuestro coche por menos dinero del que debería a causa del estado de la

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