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Actualizado: 20 oct 2020 / 17:43 h.
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  • Antidisturbios

Yo sí corrí delante de “los grises”, recuerdo sobre todo unas cuatro o cinco veces en alguna de las cuales pasé mucho miedo. Tuve la suerte de no ser detenido nunca, ni en esas carreras ni en reuniones nocturnas clandestinas. Pero vamos a dejar esas batallitas para otra ocasión o para ese acto de desahogo y vanidad que son unas memorias y reflexionemos sobre la polémica de la serie Antidisturbios, emitida por Movistar, por Movistar/Telefónica, que pasó de instalar y vender teléfonos a controlar medios de comunicación apoyada por el PP, la banca y los fondos de inversión, unida después a Prisa y a Berlusconi y ahora otra vez casi en solitario.

Se habrá advertido que he dicho que voy a opinar sobre la polémica, no sobre la serie porque no la he visto y ahora como le estamos haciendo publicidad gratis tal vez la vea si tengo ganas porque no sigo ninguna serie en la oferta que me da Movistar por tener wifi en casa (soy cliente platino de Movistar y no me pienso ir porque el mercado te puede volver loco y yo necesito equilibrio psicológico que ya bastante me alteran otros factores).

Tengo una hipótesis que es el punto de partida de una reflexión y de un trabajo científico, que puede ser demostrada o rebatida por los hechos: debe ser una serie sustancialmente progre para un público progre de esos que viven en el carpe diem digital. Si es así, ¡qué antiguo!, ¡qué anodino!, ¡qué fuera de la realidad! Si no, lo siento, escribiré otro texto para mandarme a mí mismo a hacer puñetas.

Hay un hecho: que se han quejado todas las instituciones -sindicatos y asociaciones- que representan a las fuerzas antidisturbios. Y eso me parece alarmante. Defiendo la libertad de expresión y ahora tendrán que cargar los antidisturbios con sus efectos. Sé que hijos y nietos de los grises que me perseguían a mí persiguen ahora a otros y también a mí si me da por meterme en follones que el poder considere excesivos. Sé que hay muchos que cuando les ponen un uniforme se creen Pérez Prado, el rey del mambo. Y ahora viene el “pero”.

La situación es distinta en estos tiempos de lo que llaman democracia y de la globalización. Yo creo que ahora hay que pensarse dos veces ese recurso fácil de atacar a los antidisturbios o al ejército o a la guardia civil, así, gratuitamente, y creer que por eso ya no se es de derechas ni fascista. Cuando todo se está saliendo de madre hacen falta unos primos de Zumosol que te libren de chulos, débiles mentales y moscas de todo tipo. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado son mis cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, si se dieran casos en los que abusaran de su autoridad los estudiaría y los denunciaría si lo estimo oportuno, pero jamás le daría armas públicamente al enemigo denigrando a los míos, comiéndoles la moral a los que me defienden de niños pijos separatistas, de gente que no respeta las reglas que a mí me gustan. Tampoco defiendo echarles incienso, sólo pensar dos veces lo que se hace en el contexto actual porque esas personas me pueden librar de que me corte la cabeza un yihadista o de que maten a una mujer o de que entren más ilegales en mi territorio o de que alguien muera solo en su casa por Covid-19 o de que se me metan okupas en casa si es que los mismos que impulsan algunas series y películas -no sé si ésta- los dejan.

Corrí delante de las fuerzas antidisturbios y ahora corro a defenderlas sin ortodoxias ni cheques en blanco porque quien tira piedras contra su propio tejado es simplemente un gilipollas y España se está llenando de gilipollas. Cito mucho una frase del gran León Felipe: “Porque hay un momento en que es preciso determinar bien nuestra posición en este mundo, como el marinero en el mar, y conocer adónde vamos”. ¿Conocemos adónde vamos?

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