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Actualizado: 02 jul 2020 / 07:30 h.
  • El suplicatorio del alcalde

Si de algo se ha dado cuenta Sevilla para bien o para mal es que la vocación tiránica de algunos alcaldes de esta ciudad con la construcción de macroproyectos de ensueño donde la espectacularidad sólo cabe en una maqueta debe finalizar cuanto antes. Porque luego llegan las noticias confusas y sobrecogedoras del mantenimiento de estas pirámides tan modernas. Por eso, desde que este Ayuntamiento se lanzó a la construcción de un Estadio Olímpico siempre nos han llegado noticias de inquietud y temor por la losa hipotecaria y de mantenimiento que se colocaba sobre la cabeza a varias generaciones de sevillanos. El día que se inauguró el Estadio mitad sevillano, mitad poncinos (Santiponce), mientras unos cuantos creyeron que se hallaban ante el maná de la Sevilla del siglo XX y XXI haciendo ese día casi fiesta mayor de Sevilla otros, muchísimos más, sabíamos que esa mole de hormigón sería una dura procesión de penitencia para el vecino de la ciudad.

Pero ahora llegan ofertas por parte de grupos inversores para comprar el Estadio Olímpico y seguramente su precio de salida será una ganga pues la falta de mantenimiento e inversión ha hecho que el estadio no sea más que una chabola moderna con cubiertas retiradas por seguridad y una pista de atletismo que hubo que eliminar por su estado deplorable de mantenimiento. A todo esto, un solar de aparcamientos cuyo único uso es de estacionamiento de buses, circuitos de carreras ilegales de coches y botellódromo al más estilo salvaje.

Por eso, y porque ya sabemos que a la vuelta de pocos meses llegará a este país una crisis muy superior a la anterior con un déficit por encima del 14% y un desempleo que alcanzará el 20%, el Ayuntamiento de Sevilla de la mano de su alcalde está escribiendo un suplicatorio para que cuanto antes y como sea, el Estadio Olímpico se venda y nos quitemos esa losa. Y digo suplicatorio porque esta obra olímpica forma parte de una sociedad y todos sus socios (Junta de Andalucía, Gobierno de España, Ayuntamiento de Sevilla y Diputación de Sevilla) deben estar de acuerdo; pero vamos, ya le digo yo que como la oferta cuadre lo más mínimo, en menos que tardamos en tomarnos un café solo en taza ya se ha llegado al acuerdo.

No lleguemos a ver estos macroproyectos como simples travesuras de un político pues este tipo de acciones causan a esta ciudad una obligada servidumbre. Sevilla necesita la solemnidad de sus palacios, conventos y edificios históricos de la Expo´29 que están llenos de historia. En los últimos años se han realizado en esta ciudad obras más que faraónicas que decidían hacer diabluras con el sevillano. El sueño (y la pesadilla para todos) de construir un Estadio Olímpico para un proyecto que pocos creían ha arrollado tanto la caja municipal que finalmente se ha tenido que asumir que en esta ciudad existen otras prioridades. Por tanto, y esta es la realidad, nos quisieron seducir con un proyecto lleno de misterios y enigmas. Lo lamento, pero Emasesa debería pensar en arreglar estas filtraciones de dinero público porque al final este tipo de iniciativas y caprichos políticos terminan por transformar al público de calle y nos convertimos en meros pagadores de algo que no nos dijeron en su momento. Por eso, el alcalde de Sevilla está finalizando el suplicatorio y cuanto antes mejor. Sólo espero que hayamos aprendido de todo esto y que luego no nos prometan una playa en Sevilla para hacerla sede del campeonato mundial de windsurf. Somos lo que somos y en eso debemos fijarnos. Y lo sueños, bajo un parral en verano con un botijo a mano.

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