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Actualizado: 02 dic 2022 / 04:45 h.
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  • No daré nada a los «bancos de alimentos»

Ahora que está cerca la Navidad lo diré alto y claro: de mí no saldrá ni dinero ni productos para los llamados bancos de alimentos. Y por supuesto, nunca me apuntaría de voluntario en ellos. ¿Por qué? Porque si lo hiciera estaría llevando a cabo lo de siempre: perpetuación de la pobreza y estímulo para que las guerras siguieran adelante, en especial la de Ucrania. El cáncer no se cura con aspirinas ni las heridas del mundo se tapan con tiritas y ya no me sirve eso de menos da una piedra porque acabo de cumplir 68 años y ya cuando era niño me ponían a pedir para el Domund en el centro de la ciudad con una hucha de cerámica en forma de cabeza de negrito o de chinito y la cosa sigue sustancialmente igual o peor. Por consiguiente, alguien saca tajada de esto, alguien se dedica a vivir de la pobreza, alguien se dedica a cantar mientras otros mueren, alguien me ha estado mareando la perdiz durante décadas y a mí ya no me la dan. No tengo más remedio que seguir mis razonamientos y no contribuir a que la farsa siga adelante. La mejor forma de ayudar al desvalido es no ayudarlo de esta manera tan “civilizada”. Hay alguien que vino a encender hogueras y no a apagarlas y ese alguien va a nacer pronto, por eso lo respeto y lo expongo humildemente entre las paredes no creyentes de mi casa.

La inflación actual no se detiene con caridad sino con diplomacias, negociaciones y protestas en la calle. Los ucranianos deberían protestar contra quien ha provocado que los invadan, no sólo contra los invasores. ¿A qué ha ido Macron, presidente de Francia, a Estados Unidos? A decirle a aquel país que la víctima de la guerra de EEUU contra Rusia es Europa. Esa es la noticia principal de estos días, no los apaños de Pedro Sánchez ni la incertidumbre de un PP que pueda sustituir tales apaños, temas de los que, sin embargo, no hay que olvidarse. Ucrania se desangra y se congela por voluntad de EEUU que la ha colocado ahí como carne de cañón. Mientras, nuestro dueño y señor nos vende su gas y su petróleo a precios abusivos, con lo cual estimula la inflación y la pobreza en Europa. Mientras, desea subvencionar a empresas medioambientales y de otros sectores que operan en su territorio, con lo cual desindustrializa a Europa porque igual que se nos han ido numerosas marcas a China y a Marruecos ahora se sienten atraídas por EEUU.

Lo que se persigue es que EEUU crezca y Europa aumente su dependencia del país yanqui. Lo que se persigue es un dólar fuerte frente a un euro débil porque a EEUU jamás le gustó que tengamos nuestra moneda. Por otro lado, como el mundo se vuelve multipolar, cada vez más países externos a Europa se buscan la vida con otras monedas, Rusia no va a ser vencida, es sobre todo Europa la que acabará pagando los platos rotos y las ambiciones de un país que vive de la sangre de los demás desde que se creó aunque para eso haya tenido que derramar la suya propia. Desde luego, es una táctica eficaz pero éticamente deleznable, a la que Europa se doblega a pesar de que tiene mucha más experiencia en guerras y a que EEUU es su hijo hortera, inculto, pero listo para los negocios y dominar a los demás sin que su suelo se vea alterado y cuando lo ha sido le ha servido de excusa para el saqueo y aplicar unas soluciones que han sido peores que la enfermedad.

Hay un momento en la vida que, como el marinero en el mar, hay que saber dónde va uno, escribió el gran León Felipe quien llamó raposa a la madre de EEUU. El hecho de entregarle algo al banco de alimentos es, en el fondo, alimentar a una serie de monstruos a los que hay que dejar sin comida para que no causen más daño o para que causen el menor estropicio posible. Yo ya no estoy para obritas de caridad ni para teatros solidarios. Que me perdonen quienes piensen lo contrario, soy un radical, voy a la raíz, los problemas se resuelven agarrándolos por los cuernos. Eso es muy costoso para todos, eso sí es costoso de verdad, de ahí que prefiramos donar unos euros o un paquete de arroz y aquí paz y por ahí guerras que terminan volviéndose contra nosotros, los caritativos, mientras que otros se llenan los bolsillos a costa de nuestra caridad, vendiendo armas, gas, petróleo...

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