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Actualizado: 03 jul 2020 / 04:00 h.
  • Donald Trump con un bate de béisbol. / EFE
    Donald Trump con un bate de béisbol. / EFE

Se consideran enemigos porque mientras más poderoso eres más enemigos necesitas crear y mientras más tienen los que más tienen, más quieren. Cualquiera sabe si algún día llegarán a entenderse estos dos machos alfa nietzscheanos. Aunque ya lo he dicho en otras ocasiones, a mí no me caen mal, los acusan de autoritarismo, una ideología cuyo autoritarismo es acusarlos de autoritarismo. Me fío menos de esa ideología sibilina que de estos dos hombres hoscos y firmes que van de frente y saben del sufrimiento, responsabilidad, y el sacrificio que conlleva estar al pie de la realidad, mamándola, uno como empresario relevante y otro como exjefe de los servicios secretos de la antigua URSS.

La ideología autoritaria de la sociedad líquida no permite la firmeza de ideas, le da miedo lo que llama prepotencia porque ella no tiene nada sólido que ofrecer, Trump y Putin ya pueden ir en peregrinación y de rodillas a todos los santuarios progres -que no sé cuáles son- que mientras no les den mucha cancha a los lobbies homosexuales y feministas no tienen nada que hacer. Y eso que Trump asumió en su momento postulados que defiende la izquierda marxista internacional como negarse a que existan el tratado de comercio trasatlántico o la concentración mediática excesiva de los monopolios de la comunicación de EEUU.

Ahora veo que critican a Trump porque compra todas las medicinas contra el Covid-19 que puede para dárselas a su gente. ¿Y qué? ¿Acaso no nos gustaría tener ese poder adquisitivo para hacerlo? ¿Por qué iba a ser el presidente USA eso que se llama solidario? ¿Desde cuándo el ser humano es solidario si no saca algo a cambio de esa presunta solidaridad? Vivimos en la mentira y nos empeñamos en seguir habitando entre palabras bonitas con lo cual la enfermedad de la ingenuidad nunca mejorará.

¿Quién ha creado a USA? Ellos -un pueblo de inmigrantes- que se lo han currado y nosotros que la hemos mitificado y seguimos haciéndolo. Aunque en el fondo sea un gigante con los pies de barro y no haya ganado en solitario una sola guerra importante en su vida, ahí que está, con nuestra complicidad, con su dólar aún gobernando, con una marca de garantías, USA, con un destino al que consideramos dorado y con ese mundo audiovisual en gran parte falso que nos tragamos y ante el que nos arrodillamos.

¿No nos gustaría a los españoles poder hacer lo que ha hecho Trump y lo que pueda hacer para aminorar el desastre que el Covid-19 está causando allí que, por cierto, es tan desastre? Para ser la potencia que representa claro que lo es, un desastre y una vergüenza, pero en España, con 47 millones de habitantes, unos 30.000 muertos; en USA, con más de 320 millones, 135.000, todo para redondear.

He dicho que Trump no me cae mal, por tanto, eso quiere decir que tampoco me cae bien, exactamente, sólo que comprendo su actitud, pero espero que su arrogancia, su chulería y sus modos bravucones muerdan el polvo como ya lo está mordiendo ante Irán, ante China e incluso ante Venezuela. Y ante Putin que acaba de declararse caudillo no por la gracia de Dios, como Franco, sino por la gracia del pueblo. Y a mí eso me ha gustado, si bien me gustaría también que no fuera tan cerrado y que cuando su gente madure más abra la mano a esas cuestiones que exige la posmodernidad porque, por ejemplo, permitiendo el matrimonio homosexual no da un paso atrás sino adelante, la gente se siente más libre y así se la puede controlar mejor.

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