Facebook Twitter WhatsApp Linkedin
Actualizado: 17 may 2022 / 04:00 h.
  • La casa embrujada de Sevilla Este

Nuestro caso nos lleva a investigar en una determinada zona de Sevilla Este, tras el Palacio de Congresos de Sevilla. Siendo mi buen amigo Manuel Zamora agente inmobiliario, tuvo un encargo especial: vender una vivienda adosada en dicha ubicación.

Se trataba de una construcción del año 1987 y cuando se interesó por ella le dijeron: «no la vas a vender, está encantada». Así nuestro agente inmobiliario comenta como sus compañeros le dicen que es imposible vender por que «tenía fantasmas» y espantaba a las ventas. Compañeros de su misma inmobiliaria y otras cuatro diferentes más lo habían atestiguado e, incluso visto...

La casa esa «golosa» y se presumía que se podía vender fácilmente. Así se encargó Manuel Zamora de su posible venta. Cuando se puso a investigar su pasado le comentan, de nuevo, que tiene fantasmas y que eran “misión imposible”.

En la descripción de la misma comentaba: “La casa tiene un pequeño jardín a la entrada, al penetrar en ella tiene una escalera que sube y una puerta que da al salón y la cocina. La primera vez que entré en la casa, en julio, me sorprendel frío que hacía en su interior impropio de la Sevilla de esa época del año” y también le generaba muchas sensaciones, como angustia o inquietud.

Zamora recorre la casa él solo y echa un primer vistazo, va entrando en diferentes habitaciones, en muchas de ellas no había ningún sentimiento especial pero al subir las escaleras comienza a tener mucho frío, allí arriba sólo hay tres habitaciones aparentes y un baño.

Pero en una de ellas aparece una escalera de madera que da a una apertura en el techo y daba a una buhardilla. Allí experimenta sensación de soledad de angustia, la invitación a irse.

Estando allí escucha un fuerte ruido en la habitación principal, al bajar no había nadie y, de hecho la puerta estaba cerrada por lo que tenía la absoluta seguridad que se encontraba solo en la casa.

“Llegó la visita a ver la casa, le interesaba pues estaba cerca a un colegio en el que los niños están, del que eran alumnos y comienzo a decirle de las calidades y el precio por debajo del normal de venta. La madre acompañaba a la compradora y le dijo: «Hija no compres esta casa», tajante” recuerda Zamora.

Nuestro agente le preguntó por la razón y le dijo: «hijo tengo muy malas sensaciones de esta casa y en esa habitación hay algo que no me gusta».

Al salir le vuelve a decir: «he notado como una sensación mala, un espíritu o algo feo que ha pasado aquí, no quiero que mi hija esté en esta casa» mientras señalaba a la habitación de la escalera de madera.

Zamora sigue tratando de vender la casa pero no quiere obedecer a tendencias de «malos rollos» o de fantasmas. Prefería creer en malos aislamientos o humedades pero la casa estaba muy bien conservada y no tenía nada estructural que explicara todo aquello...

En otra ocasión sube una pareja que llega hasta a la buhardilla, la pareja le dice que se sienten agobiados y «no estaban bien en la estancia», a la mujer se le enfrían las manos y dice «tengo una sensación rara, no puedo seguir aquí más tiempo». En vista de los problemas para vender la casa Zamora habla con otros compañeros que le dicen que hay muchas visitas que no han querido estar allí y de ofertas que se les vino abajo a última hora.

En las investigaciones del caso se llamó a la familia propietaria que dijo «deben vender la casa sea como sea... ¡Ah! y en mi casa no ha pasado nada». Tirando del hilo fue junto a otro compañero y vieron la casa profundamente por si había algún tipo de problema en la misma como fugas que explicaran esas sensaciones, pero no hallaron nada.

En aquella visita incluso se escuchaban ruidos provenientes de la habitación principal. Cuando acuden y están allí sienten el ruido, miran al armario -que tenía un espejo- y ven a una tercera persona, salen de la habitación y no hay nadie pero escuchan un ruido sordo... Al penetrar de nuevo en ella no hay nadie.

Sienten arriba como si alguien les mirara y de arañar el suelo. Todo ello ya lo habían sentido otros agentes inmobiliarios y poca explicación le encontraron amén del miedo en el cuerpo.

Tiempo después supieron, por otros propietario, que en esa zona de la casa, ese desván-buhardilla era una especie de cuatro de juegos infantil y un niño tropezó cayendo por la escalera de madera con el infortunio que perdió la vida. Al saber de esa circunstancia es cuando saben que estaba relacionado todo lo sucedido. Esta revelación fue clave para explicar lo que pasaba en el interior de aquella casa..

Posteriormente otra inmobiliaria vendió, finalmente, la propiedad, sin saberse si esos fenómenos continuaron aunque se la conocía por la «casa encantada de Sevilla-Este».