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Actualizado: 05 may 2022 / 22:13 h.
  •  El diestro Cayetano con su primero. / EFE - José Manuel Vidal.
    El diestro Cayetano con su primero. / EFE - José Manuel Vidal.

El trajín de la calle de la Mar suele ser el anticipo de la expectación que levanta un cartel. Es una prueba que no falla, que se suele desbordar en el meandro de asfalto de Adriano cuando la corrida es de verdaderas campanillas. Este jueves no había tal. La escasa química del cartel escogido para cubrir el expediente a punto de encarar el tramo final del ciclo continuado solo podía traer la imagen de demasiados ladrillos al sol...y la sombra. Cualquiera de los tres matadores anunciados, amparados de otra forma, habrían caído mejor en las combinaciones primaverales pero la terna así constituida cantaba su escaso poder de convocatoria desde que se imprimió en los papeles...

Aburrido entremés antes de la traca final...
El diestro Paco Ureña en su faena. / EFE - José Manuel Vidal.

No hace tanto, tanto montaba que montaba tanto lo que se anunciara en estos días de vino y rosas. Los farolillos podían con todo pero la dinámica de la feria –la del Real y la del Baratillo- ha experimentado no pocos cambios. Como la propia ciudad. Con esos mimbres la ilusión desciende, por más que se lidiara una corrida, la de los Matilla ‘Bros’, que se llevó algunos de los premios más relevantes de la pasada feria de San Miguel. Los García Jiménez echaron un encierro parejito pero muy difícil de calificar por su comportamiento: siempre sin romper del todo, sin definirse de verdad en el último tercio.

Aburrido entremés antes de la traca final...
El diestro Diego Urdiales. / EFE - José Manuel Vidal.

Toca ir por partes, empezando por la actuación de Diego Urdiales que despide su particular feria sin poder reeditar su concertino otoñal. Su primer enemigo fue un ejemplar con temperamento manso y hasta su puntito de genio que engañó por su movilidad. ¿Tuvo mejor son por el pitón izquierdo? Puede ser pero acabó rajándose definitivamente mientras el riojano alargaba más de la cuenta un trasteo sin trascendencia.

Aburrido entremés antes de la traca final...
El diestro Paco Ureña es volteado por su primero. EFE - José Manuel Vidal.

Mucha más entidad iba a tener su actuación con el cuarto, un toro que despertó muchas esperanzas desde que se deslizó en las magníficas verónicas que Urdiales le recetó en los medios antes del primer puyazo. Cayetano quitó por el mismo palo y el segundo tercio, resuelto con sobria brillantez por la cuadrilla, mostró que el animal podía servir. Desgraciadamente fue un espejismo por más que Diego, siempre en torero, dibujara o esbozara muletazos de su particular empaque, llegando a llevarlo muy largo por el pitón izquierdo. Pero el toro, que no había respondido a las expectativas, se acabó diluyendo como la faena, rematada de un contundente espadazo.

Aburrido entremés antes de la traca final...
aco Ureña en su faena. / EFE - José Manuel Vidal.

El segundo espada en liza era Cayetano Rivera Ordóñez. Hay que alabarle la actitud, el espíritu de entrega y su encomiable esfuerzo con dos toros que hicieron confrontar las opiniones de los aficionados. El segundo salió abantito y muy suelto, pasando de largo en esos capotazos rodilla en tierra con los que el nieto del maestro de Ronda quería pintar aguafuertes ordoñistas. Se ciñó en el galleo por chicuelinas y pareció que encontraba el definitivo acople con un animal muy desigual que lo mismo humillaba y se desplazaba que se quedaba corto de viajes. Fue una faena animosa, sincera, posiblemente sin acertar a resolver por completo los problemas que planteaba el toro y rematada de un gran espadazo.

Aburrido entremés antes de la traca final...
Cayetano Rivera. / EFE - José Manuel Vidal.

El mismo argumento se iba a repetir con el quinto, otro toro de medios tonos pero muy manejable con el que Cayetano volvió a dar lo mejor de sí mismo, comprometido siempre con el animal y entregado a tope en un trasteo que resolvió en cercanías de las tablas antes de agarrar una fea y baja estocada que deslavazó todo. Se le agradeció la actitud.

Paco Ureña había llegado al cartel por la vía de la sustitución, cubriendo el ancho hueco que había dejado Emilio de Justo. Tuvo por delante un tercero que tampoco terminó de rematar nada aunque se dejó más y mejor por el lado izquierdo. El murciano le obligó, tiró de él, pero le costaba rematar las embestidas. En una de esas le echó mano propinándole una fortísima voltereta de la que salió milagrosamente indemne. A partir de ahí llegaron los muletazos más intensos, más reunidos y expresivos de su labor, citando muy espatarrado. La espada también funcionó.

Ureña iba a cuajar la actuación más completa de la espesita tarde con el sexto, que fue el que más se dejó el envío charro. Había hecho una pelea bravucona en el caballo pero el diestro de Lorca lo brindó al personal antes de torearlo reunido, con el compás abierto hasta la exageración en esa tauromaquia expresionista que le ha dado fama, no sabemos si hacienda. Paco se entregó muy de verdad y se dejó todo en ese trasteo que nos redimió de una tarde que ya pesaba más de la cuenta. Se echó la muleta a la diestra sin espada de ayuda y abrochó su labor antes de que el toro marcara sus querencias de manso. Le pidieron la oreja pero se contentó con una ovación. Qué se le va a hacer...

Ficha del festejo

Ganado: Se lidiaron toros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez, correctamente presentados. A la corrida le faltó romper en conjunto aunque se dejó algo más el sexto que también acabó rajado como el manso primero. Sirvieron a medias segundo y quinto; no remató nada el tercero; fue de más a muy menos el cuarto.

Matadores: Diego Urdiales, de tórtola y oro, silencio y palmas

Cayetano, ovación tras petición y silencio.

Paco Ureña, ovación tras dos avisos y ovación tras aviso

Incidencias: la plaza registró poco más de media entrada en tarde espléndida y calurosa.