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Actualizado: 13 may 2022 / 22:01 h.
  • El Juli mantiene su estado de gracia en la Feria del Caballo

La primera gran cita jerezana, después del prólogo ecuestre, había quedado revalorizada en los rescoldos de la Feria de Abril. Más allá de la oficialidad de los premios, la memoria seguía marcando el recuerdo inmarchitable del mejor y más inspirado Morante y la autoridad de gran figura de un Juli que también ha pasado por Madrid cuajando una de las tardes más importantes de su vida cuando su carrera apunta al cuarto de siglo de alternativa.

Con esos mimbres, el encuentro de la Feria del Caballo gozaba de ese plus de interés que sumaba la lidia de los toros de Santi Domecq, hijo de la tierra. Pero las cosas se plantean de una forma y salen de otra manera. Y la verdad sea dicha había que frotarse los ojos para comprobar que los toros que salieron por chiqueros tenían idéntico hierro que los que lidió el mismo ganadero en Sevilla, no hace tantos dias, por más que acabarán saliendo -tirando de sobreros- tres toros cargados de posibilidades.

El primero, siguiendo la nefasta moda moderna, tardó dos siglos en ser soltado. Fue un ejemplar terciadito y tan noble como blandengue que no admitió más allá que un puñado de chicuelinas, tres o cuatro verónicas de salón y una faena de planteamientos -brindada a Alvarito Domecq- en la que no se pudo concretar nada. Resumiendo: su feble nobleza no daba para más. Morante, que era su matador, lo despenó de un hábil y fulminante volapié.

Al de La Puebla tenía otro. Pero antes de que sonara el clarín mandó regar y rastrillar la plaza. Paró a ese cuarto, muy escurrido de carnes, con lances de manita alta. Tampoco andaba sobrado de bríos, rodando por el suelo en el primer par de banderillas mientras el personal perdía la paciencia. El diestro cigarrero tampoco se iba a dar coba. Otro espadazo habilidoso echó abajo el funo. Le quedan dos más -del hierro de Torrestrella- en la misma plaza, este mismo sábado.

El Juli, por su parte, anduvo más que sobrado con un segundo -brindado a Niña Pastori-, al que empujó en línea recta en los primeros muletazos antes de comprobar la cortedad de sus viajes y la debilidad de su batería. Para qué vamos a contar más: sólo cabía echarlo abajo. Lo hizo de dos pinchazos y estocada. Aquí paz y después gloria... El quinto también salió gripado y con los pitones cómo escobas. La gente ya no aguantó más y pidió su devolución. Era evidente que el bicho no podía ni con el rabo pero el presidente se empeñó en que fuera al caballo...

El sustituto fue un torillo negro, más cuajadito, que no se desplazó del todo mal en los capotes. ¿Sería por fin en éste? Julián brindó desde el platillo mientras el bicho destrozaba las tablas podridas de un burladero. Y se puso a torear... con sencilla y templada naturalidad, llevando al toro sin apretarle. Se echó el trapo a la izquierda para trazar largos naturales antes de formar el lío definitivo con una intensa tanda diestra. El madrileño está en su mejor ser y su más feliz estar y se le nota en la cara de los toros. Vamos, que acabó formando un gazpacho gordo después de un incomprensible parón de la banda, que atacaba Nerva. No importó. La espada entró rápido y bien. Las dos orejas eran de cajón. Las paseó con un clamor diferencial.

La tercera pata del banco era Manzanares. Y para él un tercero, colorao y de buenos modales, al que Duarte cuajó con los palos. El alicantino se lo llevó pronto a los medios para hilvanar una faena de buen trazo que, ay, no siempre fue acompasada a la calidad de su enemigo. No, no es que estuviera mal Manzanares pero -como en Sevilla- volvió a dejar la impresión de que navega muy lejos de sí mismo. La clase y la alegre prontitud del toro demandaban otra tensión, otra expresión, otros resultados por más que su infalible espada amarrara un trofeo intrascendente para premiar una faena llena de intermitencias.

Con el sexto, esmirriadito y abanto, volvieron las peores tornas. El palco lo devolvió a los corrales para que saltara el segundo sobrero y se consumara el desastre ganadero. El sustituto, con aire de eral, salió con la noche acechando. Y acabó haciendo cositas buenas en la brega, desplazándose con importancia en banderillas. El Manzana se había vuelto a llevar una bola premiada, un toro que se rebosaba con clase en la muleta abriéndose en los embroques, acaso un poquito rebrincado. A la faena de Josemari le faltó otra vez un hilo argumental definido y no concretó nada. Lo que pudo ser y no fue...

FICHA DEL FESTEJO

Ganado: se lidiaron seis toros de Santiago Domecq, de escasa presencia, incluyendo los sobreros que hicieron quinto y sexto. El primero fue tan noble cómo blando; deslucido e inválido el segundo; tuvo clase, nobleza y mecha el tercero; desfondado el cuarto; muy nobles quinto y el sexto, que fue un punto rebrincado.

Matadores: Morante de la Puebla, de Bombay Zafiro y oro, silencio y silencio

Julián López 'El Juli', de marino y oro, silencio y dos orejas

José María Manzanares, de noche y oro, oreja y ovación tras leve petición.

Incidencias: La plaza registró tres cuartos de entrada en tarde muy calurosa. Antes de iniciarse el paseíllo se interpretó la Marcha Real. Dentro de las cuadrillas destacaron Daniel Duarte y Mambrú banderilleando tercero y sexto.