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Actualizado: 01 dic 2021 / 10:55 h.
  • Las gentes del toro posan delante de la imagen de Nuestra Señora de la Piedad.
    Las gentes del toro posan delante de la imagen de Nuestra Señora de la Piedad.

La cita, un año más, era a las plantas de la Virgen de la Caridad que, en contra de la costumbre, aguardaba a las gentes del toro entronizada su camarín después de haber estado algunos días antes expuesta a la veneración de los fieles. En su lugar, rodeado de cera encendida, aparecía la imagen de San José, la misma que regaló Pepe Hillo en un lejanísimo 1793 para encomendarse a su amparo en los días de toros. Este mismo miércoles se clausura el año jubilar en torno al carpintero de Belén que refrescaba así su histórico vínculo con los hombres de luces que tuvieron en la dolorosa de Fernández Andés –vestida con una saya de bordados toreros- a la patrona de la extinta asociación de la Vejez del Toreo. Y es que la cofradía del Miércoles Santo volvía a convocar a la familia de las sedas y los oros en torno a esa Eucaristía que sirvió para dar gracias por esta segunda temporada del covid, pedir por la que vendrá y tener un recuerdo especial a los que nos dejaron en el año que está a punto de pedir la cuenta.

Pero también tocaba pedir por los que están. La ceremonia, cuidada en todos sus detalles por la hermandad, volvió a ser presidida por Andrés Ybarra, director espiritual de la corporación del Arenal. Concelebraba el joven sacerdote Plácido Manuel Díaz Vázquez, estrechamente vinculado a la hermandad, que supo tocar el corazón de los presentes con una homilía de densa carga religiosa que tendió puentes con el mundo taurino y el retablo de esfuerzos y esperanzas que lo rodean.

La familia del toro despide el año en la capilla del Baratillo
La imagen de la Virgen de la Caridad vestía una saya de bordados toreros.

Se echaron de menos algunas caras pero, en esencia, volvieron a estar los cabales de siempre en este acto litúrgico que tuvo muy presente la memoria del diestro Pedro Martínez Pedrés; el empresario Enrique Patón; el gran banderillero Manolo Ortiz; el recordado empresario y ganadero sevillano José Moya Sanabria; el promotor y ganadero Pedro Trapote; el popular mozo de espadas Gonzalito; el picador algabeño Paco López además de José Garfias, Pedro Pérez, Francisco López y El Sevilla además de “todos los que nos dejaron esta temporada desde los distintos lugares de la geografía taurina” según se imploró en las peticiones.

El hermano mayor del Baratillo, Luis Fernando Rodríguez Carrillo, despidió la eucaristía renovando esos estrechos vínculos que unen a la cofradía del Miércoles Santo con el mundo del toro. No fallaron los matadores de toros Antonio Ramón Jiménez, Eduardo Dávila Miura, Francisco Rivera Ordóñez, Oliva Soto, Esaú Fernández y Juan Ortega además de los grandes rehileteros Rafael Torres y Luis Arenas. La capilla, a pleno aforo, acogió también a aficionados, periodistas y gentes del toro, bien atendidas por Pedro Dormido Girón, oficial de la junta baratillera y otros hermanos de hueso colorado como el impar Rogelio Gómez ‘Trifón’.

La foto de familia la completaban el diputado de plaza de la Real Maestranza de Caballería, Luis Manuel Halcón Guardiola además del empresario Ramón Valencia y su número dos, Pedro Rodríguez Tamayo; el abogado y ex hermano mayor Joaquín Moeckel, el juez y presidente de la plaza de la Maestranza, José Luque Teruel, el ganadero Manolo Vázquez o periodistas como Ricardo Domínguez, Santiago Sánchez Traver, Francisco Gallardo, Luis Carlos Peris o Carlos Crivell además de varios miembros de la junta de la corporación del Miércoles Santo que, este año sí, pudo volver celebrar esa entrañable convivencia final para poner el colofón a una tarde noche de devoción, memoria, amistad y toros.

La familia del toro despide el año en la capilla del Baratillo
Matadores asistentes a la eucaristía y convivencia posterior en la hermandad del Baratillo junto a los sacerdotes Plácido Díaz y Andrés Ybarra.

Nexos históricos

Los vínculos de la Hermandad del Baratillo con el mundo taurino y la propia Maestranza son casi tan antiguos como la propia capilla de la hermandad, elevada junto al primitivo monte Baratillo algunos años después de la trágica peste de 1649 que convirtió aquel paraje extramuros de la ciudad en un inmenso cementerio señalado por la cruz que aún campea en la cúpula del coqueto templo del Arenal.

Junto a ese lugar, se construirían los sucesivos cosos provisionales que desembocaron en la construcción de la actual plaza de toros a finales del siglo XVIII. La capilla llegó a servir de oratorio de los toreros que actuaban en el coso maestrante. En uno de sus altares, además, se conserva una imagen roldanesca de San José, regalo del legendario diestro Pepe Hillo que este martes aparecía bajada de su hornacina habitual y estaba colocada en un lateral del presbiterio con motivo de su año jubilar.

Esos vínculos se estrecharon con el tiempo hasta escoger a la Virgen de la Caridad como patrona de la extinta Asociación Benéfica de Socorros a la Vejez del Torero. El llamador de su palio, incluso, es sostenido simbólicamente por un angelito tocado con montera torera. Es la misma imagen que en la última salida de un Miércoles Santo –la de 2019- estrenó la rica saya confeccionada con el vestido verde lago y oro que lució Morante de la Puebla en su último compromiso de la Feria de Abril de 2016.