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Actualizado: 06 may 2022 / 22:25 h.
  • El diestro peruano Roca Rey tras la faena a su primero, al que cortó dos orejas. EFE/José Manuel Vidal.
    El diestro peruano Roca Rey tras la faena a su primero, al que cortó dos orejas. EFE/José Manuel Vidal.

La memoria imprime mejor las sensaciones que la propia geometría del toreo. Más allá de dibujar lances o muletazos es capaz de retratar -seguramente para los restos- otros parámetros difíciles de explicar como la intensidad, el sentido de la armonía, la naturalidad, la belleza de los sencillo... De todo eso hubo, y seguramente mucho más, en la luminosa faena de Morante de la Puebla que –con o sin la puerta que le robaron a Roca Rey- ha vuelto a firmar el trasteo más trascendente de esta orejera Feria de Abril.

Morante toca el cielo y Roca entreabre la puerta
Roca Rey con su primero, al que cortó dos orejas. EFE/José Manuel Vidal.

El diestro de La Puebla apareció con un vestido recamado de alamares y cargado de oro, muy en el aire de los ternos de los años 30. Esa torería ancestral iba a presidir toda su labor desde que se abriera de capa cuajándole sensacionales lances a un primero derrengado de atrás. El pésimo papel del piquero –le zurró mucho y mal- sólo iba a servir para terminar de estropear una embestida claudicante y espesa con la que Morante, torerísimo en todo lo que hizo, no se dio más coba de la necesaria. Hizo muy bien.

Morante toca el cielo y Roca entreabre la puerta
Morante de la Puebla con su segundo, al que cortó una oreja. EFE/José Manuel Vidal.

Pero el milagro estaba por llegar. Fue con un cuarto abantote al que supo recoger de salida con sobria eficacia. En el quite le enjaretó un mazo de verónicas de excepcional ritmo y cadencia que remató con una buena media. Entró por chicuelinas Ortega y después de banderillas Morante se fue a la raya, delante del cuatro, para destocarse con elegante ademán y brindar a su plaza. La montera quedó a sus pies y citó con el ‘cartucho de pescao’, casi en el mismo sitio en el que recibió una cornada que le cambió la vida hace ya muchos años. El muletazo, con el toro cruzado, salió de aquella manera pero es que Morante se puso a torear al ralentí con la mano izquierda antes de que el animal se distrajera con la montera.

Morante toca el cielo y Roca entreabre la puerta
El diestro Morante de la Puebla tras la faena a su segundo. EFE/José Manuel Vidal.

A partir de ahí empezó a brotar esa sinfonía primaveral que olía y sabía a la mejor Sevilla, al toreo eterno, a la más bella expresión regionalista en esa hora mágica –se acercaba el lubricán- que precede al crepúsculo. La plaza era un grito, una emoción compartida enhebrada con la definitiva madurez de uno de los toreros de nuestra vida, de uno de los mejores que ha habido en la historia. No, no se puede torear más despacio, con más sencillo trazo pero revelando tantos registros y una belleza que trasciende del propio molde del toreo para convertirse en arte mayor. ¿Quieren que nos pongamos a contar muletazos? Pues llamen a un contable porque el asunto no puede ir por ahí. Nos había vuelto locos por ambas manos, deteniendo el tiempo en cada embroque frente a una embestida que, por bondadosa, acabó rajada. Morante aceptó la querencia del animal y terminó de darle fiesta en las tablas con el bicho cada vez más acobardado y rebrincado. Le iba a dar todas las ventajas en la estocada que fue más efectiva que redonda.¡Qué más daba! La plaza de Sevilla que yo conocía le habría pedido el rabo. Le dieron una oreja de la que nadie se acuerda. Y qué más da...

Morante toca el cielo y Roca entreabre la puerta
Juan Ortega con su primero. EFE/José Manuel Vidal.

Ese cómputo de orejas sí era necesario para que Roca Rey abriera una Puerta del Príncipe que se le sigue resistiendo. El peruano apareció en Sevilla revestido en papel de gran figura, pletórico, rotundo, brillante y entregado a tope con un tercero –el mejor del decepcionante envío de Cuvillo- al que exprimió desde que se abrió de capa. Fue una faena intensa, trepidante, de inmediata conexión con el tendido desde su explosivo inicio, pasando por el toreo fundamental y esas sobredosis de exposición que le lleva a enroscarse los toros con los pitones siempre a milímetros de sus taleguillas desde el primer muletazo hasta las postreras y angustiosas bernardinas. Qué le formó un lío de los de verdad, con el personal aclamándole y pasando por alto ese medio espadazo bien agarrado arriba que no fue óbice para que le pidieran las dos orejas que el palco concedió. La famosa puerta había quedado entreabierta...

Morante toca el cielo y Roca entreabre la puerta
El diestro peruano Roca Rey con su primero. EFE/José Manuel Vidal.

Y Roca salió dispuesto a abrirla contra viento y marea, subiéndose encima de un sexto bravucón y mentiroso que se acobardó después de los iniciales muletazos cambiados por la espalda, citando de rodillas. El paladín peruano comprobó que el aninal claudicaba después de torearle con aplomo y se entregó sin fisuras, sin importarle las consecuencias, pegándose un arrimón que le costó una fea voltereta. Se tiró a matar muy en corto, casi encima de la testuz. La espada cayó arriba y la petición fue unánime, vehemente... El presidente se pasó por el... palco el mismo reglamento que se invoca según, como y cuando. Le había robado la misma puerta que le había enseñado una hora antes. La bronca se oyó en Lima.

Morante toca el cielo y Roca entreabre la puerta
La infanta Victoria Federica. EFE/José Manuel Vidal.

Despidió su feria Juan Ortega que tiene otra oportunidad en septiembre. No, no barajó demasiadas opciones con sendos ejemplares vacíos y sin alma. Al segundo, al que picó de cine Palomares, le pudo dibujar un preciosista inicio de faena antes de comprobar que no había agua que recoger. Tampoco pudo ser con el quinto, vacío de todo, al que toreó bien de capa y trazó muletazos de salón sin enemigo delante.

Ficha del festejo

Ganado: Se lidiaron seis toros de Núñez del Cuvillo, incluyendo el sobrero que hizo segundo. Muy bien presentados. El primero resultó flojo y acusó el castigo; desinflado y sin alma el segundo; buen toro por pronto y profundo el tercero; noble pero muy rajado el cuarto; vacío el quinto y bravucón y mentiroso el sexto.

Matadores: Morante de la Puebla, de púrpura y oro, silencio tras aviso y oreja

Juan Ortega, de verde inglés y oro, silencio en ambos

Roca Rey, de pavo y oro, dos orejas y dos vueltas al ruedo tras unánime petición de oreja.

Incidencias: se colgó el cartel de ‘no hay billetes’. Dentro de las cuadrillas destacaron el picador José Palomares y los banderilleros Abrahám Neiro y Antonio Chacón