Los medios y los días

50.000 verdiblancos

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28 ago 2019 / 07:56 h - Actualizado: 28 ago 2019 / 07:56 h.
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Por el bien del Real Betis Balompié y de la ciudad de Sevilla de rebote, espero que los cincuenta y tantos mil béticos que con frecuencia se dan cita en Heliópolis, empiecen a asimilar de verdad que no estamos ante el equipo de los autobuses destartalados y las tortillas de patatas en cajas de zapatos sino ante una empresa de primera categoría sin empresarios competentes a la cabeza. Sevilla casi siempre ha tenido un problema serio: la falta de buenos empresarios oriundos, eso se puede ver en el escaso mecenazgo cultural, por ejemplo, pero mecenazgo de altos vuelos, no sólo un dinerito que se reparte por aquí y por allá para que todos estén contentos.

El comportamiento de los 50.000 se parece mucho al de la devoción religiosa de esta tierra, la costumbre y la necesidad de creer en algo a toda costa y venerar a ese algo, ahogan la razón. Año tras año, planifique el Betis la temporada como la planifique, allí que están los 50.000 verdiblancos rascándose el bolsillo para sacar su carnet o su entrada. Probablemente no pocos se tengan que privar de otras cosas más precisas para vivir, pero vivir espiritualmente posee tal fuerza que es más poderosa que otras exigencias de la vida, seguramente más perentorias.

Es fácil manejar a 50.000 personas y a 100.000 y a unos millones, basta con seguir el orden del día y el enfoque que a cualquier cuestión impriman los medios. Pero lo del Betis es más profundo y más serio. ¿Cómo pueden engañar así a tantas personas que saben de fútbol si no es porque ese saber es lo de menos y colocan por encima una necesidad psíquica, una adicción a unos símbolos que a otros les tienen prácticamente sin cuidado? Siempre que hay una multitud de la que alguien se aprovecha es porque esa multitud lo permite.

La afición del Betis es blandita, no es tan buena como dicen, es fiel que no es lo mismo que estar a la altura de las circunstancias de estos tiempos de competiciones salvajes entre seres humanos y empresas. La liga pasada, la mayoría parece que se decantaba por el “Kike vete ya” (por Setién). No estoy seguro de que se hubiera mantenido esa postura si en los dos últimos partidos de liga el Betis hubiera ganado 4-0 al rival, aunque el equipo se hubiera quedado fuera de Europa.

A los empresarios inseguros y faltos de preparación –igual que a los políticos mediocres- no les gustan los asesores con personalidad fuerte, por eso echaron a Lorenzo Serra Ferrer. El acto demuestra una torpeza absoluta porque los éxitos que logran los buenos asesores, los jefes listos se los saben apuntar, pero en lugar de eso prefieren echarlos a la calle o no contratarlos cuando lo que necesita el Betis es que ningún futbolista ni empleado se crea que viene al equipo simpático de la mejó ciudad der mundo. Eso ya es pasado, ahora si el verderón se duerme se lo lleva la fuerza de un perdigón made in siglo XXI.

Por fortuna, entre los 50.000 cada vez hay más que se dan cuenta del asunto, al margen de que saben de qué va el problema, es que no tienen más que observar al equipo de enfrente, ahí está la diferencia entre mirar arriba para alcanzar trofeos relevantes o aspirar sólo a conservar la categoría quedándose como mucho en la mitad de la tabla. Se puede perder, pero con dignidad, se puede entrenar mal o bien, pero con sello propio, se puede estar entre los 50.000 pero dejando ya tanta palabrería mística y tanta fe del carbonero. El Betis es una empresa con accionistas y lo que vale es la cuenta de resultados final, eso alimenta el cuerpo y el espíritu, qué quieren ustedes, a mí no me gusta escribir de esta manera, pero, como cantaba en mis tiempos Sandro Giacobbe, “lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo”.


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