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Angostillo

A Juan, en noviembre

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Isidro González IsidroGonzez
17 nov 2023 / 04:00 h - Actualizado: 17 nov 2023 / 04:00 h.
"Angostillo"
  • Rótulo de la calle Juan Martínez Alcalde, en Sevilla Este.
    Rótulo de la calle Juan Martínez Alcalde, en Sevilla Este.

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Querido Juan:

Se aproxima tu setenta y cinco cumpleaños y acaban de cumplirse nueve años desde que nos dejaste en este mundo. Espero estés bien ahí arriba gozando de la gloria eterna, tú que te afanaste por descubrirnos y describirnos las Glorias de Sevilla cuando no eran tan conocidas por el gran público ni siquiera por muchos cofrades, ni vistas como una realidad con acento propio dentro de nuestra piedad popular.

Te escribo ahora que se acerca el Adviento porque, recuerdo bien, es un tiempo de Sevilla que personalmente te encantaba y describías como el más bello e íntimo de la ciudad, entre el final de las procesiones de gloria, los besamanos de la Amargura y las Esperanzas y al fondo la Navidad, que tanto festejabas con los belenes de todo tipo y estilos que adornaban tu casa.

Sabrás que se ha anunciado, por fin, la coronación de la Divina Pastora de Santa Marina, algo que reivindicaste hace más de cuatro décadas, en una época de dificultades en la hermandad, errante entre San Martín y San Andrés, que viviste en primera persona. Quedan dos años, y ya están comenzando los preparativos. Me figuro cuanto estarías disfrutando ahora aportando ideas y sugerencias, seguro que alguna publicación más, y viendo como poco a poco se va haciendo realidad esa dulce corona que suavemente descansará sobre la sienes de la primera Pastora del universo como la definías.

Y también se prepara el cincuentenario de la coronación canónica de la Virgen de la Hiniesta, que impulsaste al recordar la concesión vaticana que llevaba años sin materializarse. Como fiel cronista y testigo privilegiado de aquel acontecimiento mariano celebrado en mayo de 1974 en nuestra Catedral revestida con sus mejores galas, comentabas que pareció que podría ser la última de estas ceremonias por las circunstancias de la sociedad y la Iglesia de entonces, pues tuvo hasta cierta contestación en un diario local, hecho que recordabas con simpática nostalgia décadas después cuando el panorama cambió radicalmente.

Acaban de celebrarse las procesiones de las Vírgenes de Todos los Santos y del Amparo, citas puntuales y esplendorosas como siempre, cenit de las hermandades de gloria, devociones que tanto valorabas y difundiste y con cuyas hermandades colaboraste en cuestiones concretas. Dejaste esta tierra sabiendo del momento dulce que atraviesan las Glorias, gracias, en buena parte, a cuanto investigaste y diste a conocer. Era una época, hace cuarenta o cincuenta años, en la que algunas imágenes letíficas no salían, varias hermandades tenían una existencia apenas latente y estas corporaciones eran escasamente consideradas a todos los niveles.

A Juan, en noviembre
Libros sobre la Virgen de los Reyes (1989), Hermandades de Gloria (1988) y Sevilla Mariana (1997).

Se aproxima el besamanos de la Virgen de la Amargura, cofradía de la que eras hermano desde tu nacimiento. Recordabas vagamente la coronación de 1954, apenas eras un niño llevado por tus familiares, pero la contabas y revivías como una ocasión grandiosa para San Juan de la Palma y todo el marianismo sevillano. Porque también escribiste mucho y bien sobre la Amargura, describiendo con exactitud la perfección de su cortejo en la calle, la unción del Señor del Silencio y la Dolorosa consolada por San Juan, la exquisitez de sus pasos e insignias, su estilo propio como ejemplo de cofradía de barrio construida gracias a cofrades de honda devoción y vieja sabiduría.

Repaso ahora tus artículos en el Boletín de las Cofradías, publicación que tanto apreciabas y donde dejaste tu mejor herencia nada menos que desde 1966 -textos que bien merecen una recopilación antológica-, y viendo las fechas de tus aportaciones y fotografías comentadas más se engrandece tu labor al tratar sobre nuestras devociones: Glorias, Sacramentales, Semana Santa, Corpus, Virgen de los Reyes..., reivindicando siempre aspectos ocultos, desconocidos u olvidados de nuestra religiosidad. Releo aquel serial pionero en ABC de mayo de 1980, embrión de tu primer libro sobre las hermandades de Gloria, y los que vinieron después, que tanto nos sirvieron para descubrir algo que presentíamos: una gran riqueza de devoción hecha arte e historia en nuestra ciudad y que apenas había sido compilada. Recuerdo el fascículo novedoso sobre el Corpus de 1984 -guía para captar la grandiosidad de esta procesión en un momento en que resurgía la gran fiesta eucarística-, la monumental Sevilla Mariana, de 1997, la primera Guía de las Hermandades de Gloria, aparecida en 1998, o los definitivos Anales de Gloria de 2011, junto a innumerables colaboraciones escritas en diversos medios o los distintos libros que publicaste, todo un valioso y extenso testimonio de cuanto cultivaste y amaste en la vida.

A Juan, en noviembre
Portada de los tres tomos de los Anales de las Hermandades de Gloria (2011).

Hace veinticinco años, en una de las pocas entrevista que concediste, exponías en aquel mismo Boletín un interesante resumen de tu devenir cofradiero. Expresabas ahí que tu tarea investigadora había sido “el resultado de tantas vivencias y de acumular sentimientos antes que conocimientos”. Y no te arredrabas, a la vista de cómo ya iba derivando el ámbito cofrade, en manifestar que “a veces se han sacado bastante cosas de quicio. Se ha magnificado lo trivial y lo anecdótico, se ha exaltado en demasía lo epidérmico. Y lo que es peor: se ha perdido -a veces por completo- el sentido de la medida, precisamente la cualidad que mejor podía definir a Sevilla: su armonía, su ponderación, su equilibrio”. Y también tuviste la valentía de alertar, presintiendo esta época de crecimiento y expansión cofradiera, que “creo que habrá que tener cuidado para mantener siempre la antorcha en alto, pues ya conocemos las veleidades de las modas, y tampoco habría que descartar que un excesivo vitalismo pueda llevar implícito en su misma exageración el germen de la decadencia”.

Con estas reflexiones me despido, Juan. Sigo echándote de menos al no encontrarte en actos, cultos y procesiones y poder charlar contigo sobre lo divino y lo humano en este mundo nuestro, con sus luces y sus sombras, que tanto contribuiste a que fuera más y mejor conocido y vivido por las actuales generaciones. Ese es tu mejor legado, que rememoro agradecido por tu sencillez, generosidad y disponibilidad para cuantos nos honramos con tu amistad, en este hermoso y melancólico noviembre de Sevilla en el que tu ausencia cada año que pasa más se agiganta.


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