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Viéndolas venir

A la luz del quinqué

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Álvaro Romero @aromerobernal1
12 sep 2021 / 18:09 h - Actualizado: 12 sep 2021 / 18:11 h.
"Viéndolas venir"
  • Foto: EFE
    Foto: EFE

La escalada del precio de la luz arranca en septiembre de exageración en exageración, de hipérbole en sístole y de sístole en diástole, hasta un probable infarto otoñal que nos puede llevar a soñar con la oscuridad de nuestros ancestros, cuando el candil era un instrumento tan de andar por casa como hoy el móvil, cuya linterna también depende al cabo de la electricidad.

Mi padre lo llamaba “quinqué” y ahora recuerdo aquellas noches entrañables de mi niñez en que una probable aventura era que se fuera la luz a la inoportuna hora de comer y tuviéramos que hacerlo a la luz del quinqué. Recuerdo que el plato, entrevisto entonces en la penumbra, como los rostros de mis padres -el misterio de toda la casa íntima dos metros más allá-, me parecía no solo más sustancioso, sino trascendente en la imaginación de mis antepasados como hombres primitivos esperanzados en el amanecer para salir de la cueva. Todos agudizábamos más el oído, como alimañas aplastadas por el ciego porvenir, sobre todo si al apagón se unía una tormenta, que también solía, y la llama del quinqué bajo el cristal languidecía de súbito, a punto de apagarse cuando la cocina toda se iluminaba tenebrosamente por un relámpago que nos retumbaba a continuación en el pecho, encogido tras la esperanza pequeñita de que, tarde o temprano, todo volvería a la normalidad y guardaríamos aquel candil en el fondo de las despensa, con su aceite fluctuante y su torcida mustia y negra a la espera de otra aventura doméstica.

Dicen los que entienden de la cosa –porque uno mira la factura y se siente cada día más analfabeto- que el megavatio por hora se lucirá mañana a 154 euros. La mezcla de euros con el recuerdo del quinqué me desemboca en la nostalgia en forma de pesetas. Más de cinco mil duros, hubieran ajustado mis padres en aquel entonces, y lo dirían con ese eco misterioso y de asombro reprimido con que mi abuela hablaba de las cosas del Movimiento.

El mayor misterio de ahora es que todos los políticos, desde un extremo hasta el otro, se dedican a contarnos el cuento del lobo cuando están en la oposición, pero basta con que lleguen al gobierno para que lo desmitifiquen todo y nos digan que lo del lobo es eso, un cuento; que lo único que pasa es que hay que pagar y punto, porque el misterio de la luz no depende de ellos, y que al final del año, seguiremos tan pobres como al principio.


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