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Abre tu corazón

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21 mar 2018 / 18:48 h - Actualizado: 21 mar 2018 / 21:56 h.
"Cofradías"

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Que hayamos llegado casi a la plenitud formal no lo pone ningún cofrade en duda. Si Sevilla es grande no lo es tanto por sus monumentos, su cielo, su paisaje, su gastronomía o la amabilidad de sus gentes. Hay ciudades en el mundo –basta salir a buscarlas– que rivalizan o superan a nuestra Ciudad en patrimonio o grandeza urbana. Sevilla es absolutamente única por sus dos insuperables fiestas, Semana Santa y Feria, inigualables y a la vez mil veces copiadas. Nuestra Semana Santa es, desde hace décadas, la “madre y maestra” de las Semanas Santas de España, que es como decirlo del mundo. Sus modos y maneras cofrades se imponen más o menos extensivamente por Andalucía, pudiendo llegarse a abusos que deberían ser evitados por los responsables locales de esas ciudades o pueblos que, por sevillanizarse, están perdiendo su idiosincrasia y sus formas propias. Y no es menos cierto que en regiones tan distintas culturalmente como Castilla y León, Asturias, Galicia o Aragón empiezan a triunfar asombrosamente modelos hispalenses. Sinceramente no me parece acertado ni conveniente, pero es cuestión de gustos y libertades. Es una clara derrota -antropológica y culturalmente hablando- para todos. Pero lo que verdaderamente agiganta a la Semana Santa sevillana, y la hace única, es la devoción profunda, el respeto, la veneración solemne y pública a nuestras Sagradas Imágenes. Es esa esencia que ni se improvisa ni se copia fácilmente, a diferencia de palios, mantos, candelabros, bandas de cornetas y tambores, uniformes, coronas, tocados o mariquillas. Y no digo tampoco que no haya devociones profundas y sentidas en toda Andalucía y España. Pero la entrega del sevillano por cada una de sus Cofradías es muy difícil de encontrar. Por eso no se empeñe nadie en convertirla en espectáculo de masas ni en recurso puramente turístico. Su esencia es el espíritu de una Ciudad que trasciende. Estos días que los sevillanos haremos de las calles nuestro hogar colectivo –porque en ellos habitarán los que más queremos- tenemos que volver a dar testimonio de nuestra riqueza más preciada: Fe y devoción. Abrir los corazones y volver a demostrar que cobran vida y verdad esas devociones que materializamos en unas Imágenes excepcionales y en unas exquisitas estaciones de penitencia. Abre tu corazón hermano. Perdona, ama, sirve, entrégate... Y disfruta dando gracias a Tu Señor. Que ya está aquí, un año más, nuestra Semana Santa.


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