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Afganistán, interrogantes

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29 ago 2021 / 04:00 h - Actualizado: 29 ago 2021 / 04:00 h.
"Tribuna"
  • EFE
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Desgraciadamente las noticias que durante estos últimos días se están dado sobre este país conllevan un alto grado de desesperación.

¿Ha fallado occidente? La respuesta habrá que confeccionarla pasados unos meses. Solamente si lo hacemos de esta manera podremos tomar verdadera conciencia sobre lo que ha pasado; porque si no lo que podrá ocurrir es que nos olvidaremos lo que hoy, de manera insistente, nos cuentan los diversos medios de comunicación.

Si nos quedamos en lo inmediato no hay ninguna duda de que se ha fallado

El enclave geográfico de este país posibilitaría, de no ser por la situación política que viene arrastrando desde hace décadas, un territorio con muchas esperazas de desarrollo económico y social.

Lo cierto es que el fracaso de ahora no es sino el malogro de un país devastado por intereses poco claros. Esto ha facilitado la existencia de extremismos ideológicos que tienen a sus gentes presas en vida.

Nos hallamos en un fiasco del cual los países occidentales forman parte. La desilusión, la decepción y el chasco han pasado a ser un fragmento incrustado en el corazón y en la mente de un número infinito de afganos.

Nuestro occidente vive alejado de un sin fin de conflictos existentes en nuestro mundo. No solamente está Afganistán ¿Quién se acuerda de la tragedia de Siria? y ¿quién sigue teniendo en mente las dificultades por las que están pasando muchos países de África y de América Latina?

Sí, sí y sí, repitámonos en nuestras mentes lo que millones de seres humanos están pasando en varios continentes de nuestro planeta tierra.

¿Venezuela? ¿Nicaragua? Las desavenencias en el Chad, Sudán, Somalia, Nigeria....el ahogo a la población civil producido por Boko Haram.

Ahora, durante un tiempo, todos nos volcaremos hacia Afganistán. Bien, esto es excelente; pero ¿qué estamos haciendo por los otros conflictos?

Afganistán debería ayudarnos a analizar todos los interrogantes que tenemos actualmente en referencia a este país y a los que estamos sin dar respuestas adecuadas desde hace, también, varios años.

Soy de los que piensa que los países de occidente tienen en su mano una herramienta muy eficaz para ayudar a que, al menos, unos cuantos conflictos queden solucionados, posibilitando que en los rostros de los pacientes sufridores se refleje la esperanza y la alegría. Esto les permitiría alzar sus corazones como banderas, siendo éstas el símbolo de que todo puede encontrar una solución.

Esta herramienta no es otra que los proyectos y programas de cooperación.

La cooperación bien articulada entre todos los países de occidente lograría transformar muchas sociedades que viven sumidas en un conflicto permanente. Son sociedades embebidas por la historia del desencuentro. Si dedicáramos tiempo a estudiar y a analizar con rigor cómo se llevaron adelante muchos procesos de independencia nos percataríamos que las raíces de los problemas están, precisamente, ahí. Claro esto nos obligaría a hacer autocritica y reconocer nuestros grandes errores. Pero esto posibilitaría hallar muchas soluciones; porque de las equivocaciones pueden aparecer propuestas más reales y más solventes, adecuadas a nuestra realidad actual.

No es cuestión de flagelarse, como quieren algunos que nos azotemos. Pareciera que lo que nos gusta es zurrarnos. No, no y no, podemos reconducir las situaciones; pero para que esto ocurra es muy importante que los responsables políticos de occidente quieran buscar soluciones conjuntas.

Afganistán nos está interrogando y esto nos lleva a observar cómo está siendo la actuación que estamos desarrollando desde occidente y nos percatamos que no estamos dando ejemplo de un trabajo coordinado adecuadamente ¡qué triste! Esto puede demostrar nuestra gran debilidad.

Todos los políticos dirán que las fuerzas armadas han hecho un gran trabajo, aunque existe un fracaso político. Se puede afirmar que es verdad. Han realizado misiones que han costado vidas y han creído en lo que estaban haciendo. Habría que darles un premio. La cooperación militar ha logrado durante dos décadas sembrar esperanza.

Pero el mejor premio sería que pusiéramos en marcha proyectos y programas de cooperación que verdaderamente transformaran las sociedades en conflicto.

La cooperación es, sin duda, una herramienta eficaz; pero para que alcance la operatividad adecuada sería preciso que ésta se trabajara en equipo entre la iniciativa privada y la iniciativa pública. Se deberían desarrollar programas y proyectos de desarrollo económico, político, social, educativo y sanitario conjuntamente. Esto ayudaría a generar infraestructuras adecuadas y sostenibles.

Ejército, Instituciones Sociales, Empresas y Gobiernos trabajando en equipo. Ésta debería de ser la noticia.

En definitiva, menos ideología y más eficiencia y eficacia; menos intereses particulares y más pensar en la búsqueda del bien común; menos discursos tendenciosos y más disponibilidad para generar un lenguaje que ayude al encuentro.

Los interrogantes de Afganistán deberían ayudar a aflorar los interrogantes dormidos sobre los conflictos existentes en otros continentes.

Desarrollar una cooperación diferente y más planificada conjuntamente, esta es la respuesta.


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