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La Tostá

Almudena como moneda de cambio

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
28 dic 2021 / 10:40 h - Actualizado: 28 dic 2021 / 10:43 h.
"La Tostá"
  • El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (d), conversa en una sesión plenaria del Ayuntamiento de Madrid. / Cézaro De Luca - Europa Press
    El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (d), conversa en una sesión plenaria del Ayuntamiento de Madrid. / Cézaro De Luca - Europa Press

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La escritora Almudena Grandes murió el pasado 27 de noviembre, y aún no había sido enterrada cuando empezaron a pedir homenajes para ella desde distintos puntos de España. Esa urgencia a la que se refería el alcalde de Madrid, el señor Martínez Almeida, cuando justificaba el no a nombrarla Hija Predilecta de su ciudad. Este tipo de nombramientos requiere un consenso y la derecha no lo veía. En España es algo lógico, porque la derecha y la izquierda llevan siglos queriéndose destruir la una a los otros, o al revés. No se recuerda un cachondeo igual en nuestro país con la muerte de una escritora que se ha tenido que morir para que se pidan para ella plazas, calles, bibliotecas, monumentos o asociaciones culturales con su nombre en todo el territorio español. Mientras por otro lado el alcalde de Cádiz, el podemita Kichi, mandaba a quitar una placa de la casa natal de otro escritor y poeta español, el gaditano José María Pemán. Esto es España. Si no había consenso para nombrar a Almudena Grandes Hija Predilecta de Madrid, con tanta urgencia, no lo había y esto suele ser así, aquí y en Pekín. No solo no había anuencia, sino que la mayoría de las peticiones de homenajes como este y otros venían de la política y no del pueblo. Pero ante la necesidad de que se aprobaran los Presupuestos del Ayuntamiento de Madrid, el alcalde ha cedido y la escritora tendrá su más que merecido reconocimiento en la ciudad que la vio nacer. O sea, se ha utilizado a una de las mejores escritoras de España como moneda política de cambio y no sabemos si la familia va a consentir o no tamaña indignidad. Los reconocimientos a una labor o a una obra musical o literaria no se limosnean, se dan cuando el pueblo los pide, y Almudena Grandes no merecía tan indigno espectáculo. Tampoco Pemán y mucho menos después de llevar tantos años enterrado, por muy franquista que fuera.


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