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Amistades ¿«perri-grosas»?

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24 jul 2022 / 04:00 h - Actualizado: 24 jul 2022 / 04:00 h.
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  • Amistades ¿«perri-grosas»?

Exacto. El presente título alude a unas «amistades peligrosas» a lo perruno y lo de los signos de interrogación es porque, en realidad, no lo son (más bien, todo lo contrario). Fíjate con atención, si miras la foto que acompaña el artículo, ¿qué te sugiere? Los 2 protagonistas son Oreo, un simpático Teckel que todavía no llega al año y mi particular «rey de los perrunos», Atila, un poderoso Pastor Alemán de 4 años.

Ambos son perros, sí, aunque parecen más bien «el punto y la i», ya que la diferencia de tamaño es notable. Hay quien, al verlos desde lejos, piensa que Oreo corre peligro, como si fuera a ser devorado por Atila en cualquier momento... Nada más lejos de la realidad.

Los animales consiguen ser certeros maestros emocionales, y en este caso, nos demuestran que son capaces de dejar atrás aspectos banales (como la diferencia de tamaños y de razas) para así crear momentos verdaderamente geniales, como el que refleja la foto. En ese instante, Oreo se ponía de pie sobre sus pequeñas patas traseras para lamerle el hocico a Atila; no contento con eso, en muchas ocasiones pone su cabeza dentro de la boca del «rey de los perrunos» y sale de un «repeinao»... ¡Que te da la risa!

Y, ¿cómo responde Atila a las ocurrencias de su amigo? él se deja querer, permite que Oreo repita su «ritual saltarín» una y otra vez, y cuando se cansa de su rol de paciente hermano mayor, le da con la cabeza o lo aparta con la pata y Oreo queda en una pose un tanto cómica, tumbado bocarriba y con las patas delanteras plegadas en «postura de cachorrito» (se queda así unos minutos, luego, vuelve a la carga).

Belleza, fuerza, valentía...

Ya lo decía Lord Byron: «El perro posee belleza sin vanidad; fuerza sin insolencia; valentía sin ferocidad, todas las virtudes del hombre y ninguno de sus vicios», no le faltaba razón al célebre poeta británico, pues al mirar la instantánea de Oreo y Atila veo la fuerza de la amistad, la belleza del cariño, ese que es capaz de apreciar a pesar de las diferencias y la valentía de 2 perrunos que, cada vez que se ven, se comportan como si fueran uno.

Atila, Oreo, ¡Gracias, cuánto os quiero!


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