sábado, 21 septiembre 2019
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Ante la angustia de emigrar, busquemos la dignificación de las personas

10 mar 2019 / 07:34 h - Actualizado: 09 mar 2019 / 17:38 h.

La semana pasada me referí a África en mi reflexión, hoy quiero inaugurar cuatro artículos en donde pretendo dar las claves para colaborar en ayudar a solucionar el problema de la inmigración en origen.

En esta primera reflexión de la serie me voy a centrar en la dignificación de las personas.

Es imposible solucionar el drama humano de la inmigración y las consecuencias humanitarias que se derivan del mismo si no nos centramos en la principal causa que obliga a dejar la tierra, el país y la familia.

Cuando se pierde la perspectiva de que cada ser humano es una atalaya de la dignidad, un altavoz por el que se anuncia la buena noticia del respeto hacia su identidad como persona es imposible ayudarlo a que permanezca en donde ha nacido y crecido.

Centrar el primer pilar en la dignidad de la persona para buscar una respuesta adecuada a la inmigración implica el tener que intentar responder a la pregunta de ¿por qué la dignificación no tiene la fuerza que debería en las reflexiones que los políticos hacen cuando tratan este tema? La búsqueda de la dignidad pone en crisis el discurso que los políticos realizan, por una sencilla razón, cuestiona, en buena parte, los principios ideológicos en los que apoyan sus programas políticos.

Hablar sobre dignidad conlleva profundizar en valores a los que hemos renunciado, tales como el diálogo, la comprensión, el afecto, el cariño, el reconocimiento de la persona que es diferente, el respeto, la vida, la confianza, la esperanza, la voluntad de trabajar conjuntamente. Al final todo lo reducimos a intentar ser más y tener más poder para limitar la verdadera libertad. En definitiva, ignorar al otro ejerciendo un control férreo sobre su mente y su vida.

La dignidad nos sitúa ante el reto de relacionarnos con los países, que generan la inmigración por la falta de democracia, con la contundencia y con la exigencia de que tienen que cambiar sus parámetros y sus fundamentos políticos. Los países desarrollados, y con principios sólidos democráticos , deberían tener una estrategia común en las relaciones que se establezcan con estos países. Para ello es necesario que, quienes ejercen la política en sociedades maduras y democráticamente avanzadas , revisen sus parámetros políticos y sus formas de convivencia en las relaciones entre las fuerzas políticas. Si nos fijamos con atención nos daremos cuenta que, en las sociedades democráticas, se está perdiendo el norte en la acción política, y esto termina influyendo en las relaciones con terceros ¿Cómo vamos a exigir a los países que potencian una inmigración injusta que terminen con esta endemia humana si nosotros hemos perdido el respeto entre nosotros mismos? Hemos degradado la dignidad, solo nos interesa derrotar al que consideramos adversario y para ello no tenemos el más mínimo pudor en utilizar todas las herramientas negativas y que hagan el mayor daño posible, sin importarnos las imprevisibles consecuencias que esta manera de proceder tiene para la solvencia democrática ¡Ejemplos tenemos!

Instaurar y trabajar por la dignidad de las personas en los países en donde se genera la inmigración injusta debería ser el eje de toda cooperación con los mismos. Para ello las sociedades que colaboran en programas de cooperación internacional deberían establecer un Programa de Trabajo conjunto con los siguientes puntos:

1) Obligar a los poderes políticos de estos países a establecer un programa de acción social y político, que tuviera como objetivo único el respeto y la promoción de cada ciudadano. Para ello sería necesario apoyarse en el Tercer Sector existente en esos países y en el Tercer Sector de las Instituciones Sociales de los países donantes y que tienen presencia en estos países,

2) Apoyar el sistema educativo, el cual debería de tener como fuerza el desarrollo del punto número 1,

3) Apoyar el sistema sanitario y social, para ello es necesario colaborar en la puesta en marcha de una estructura de servicios que tenga lógica y se vaya estableciendo con coherencia. El Tercer sector aquí es esencial.

Por todo lo anterior nuestra cooperación tiene que estar alejada de toda ideología e intereses políticos porque esto termina llevando a la cooperación a una gran obscuridad y, por tanto, a una gran ineficiencia. Solo sirve para hacerse una foto; pero no para que sea agente de cambio social.

¿Qué significa lo anterior? que nuestra cooperación, la que queremos realizar desde España a través de las Administraciones Públicas, debería contar con todos los agentes del Tercer Sector, y también con el Tejido Empresarial, a la hora de colaborar en programas de Cooperación Internacional con países que fomentan la inmigración tanto de manera directa como indirecta. Realizamos una cooperación muy fragmentada que empobrece las enormes posibilidades que ésta tiene para ser palanca de cambio.

Hemos olvidado que el primer eje es la búsqueda de la dignidad

Tenemos el derecho y la obligación de pedir a nuestros políticos y, ahora que vamos a entrar en campaña electoral, que se pongan a trabajar conjuntamente, si no lo hicieran deberíamos castigarlos con nuestro voto, y si esto no lo logramos, al menos, para empezar tendríamos que analizar con detalle cómo entienden ellos la cooperación para ver si lo que buscan de verdad es la dignificación de las personas, y dignificar significa también respetar la vida porque la inmigración obligada lo que hace, es precisamente, matar a la persona . Hay muchas estilos de muerte. Matan porque rompen las raíces de cada ser humano !Ojo! nosotros, en nuestras sociedades desarrolladas, también colaboramos en esta circunstancia, y lo hacemos destruyendo los valores que han servido para configurar los estados democráticos en los cuales vivimos y nos desarrollamos como personas que tienen libertad.

El Papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in Veritate nos señala lo siguiente: "Uno de los aspectos más destacados del desarrollo actual es la importancia del tema del respeto a la vida, que en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos. Es un aspecto que últimamente está asumiendo cada vez mayor relieve, obligándonos a ampliar el concepto de pobreza y de subdesarrollo a los problemas vinculados con la acogida de la vida, sobre todo donde ésta se ve impedida de diversas formas....... La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social. La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida".

La próxima reflexión será la segunda, y me centraré sobre el "rol del tejido empresarial en su ayuda para colaborar en el desarrollo económico de los países que generan una inmigración obligatoria".

DAVID LÓPEZ ROYO

SOCIÓLOGO


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