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La Tostá

Antes muertos que sencillos

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
06 nov 2019 / 08:13 h - Actualizado: 06 nov 2019 / 08:19 h.
  • Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal antes del debate electoral. / Europa Press
    Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal antes del debate electoral. / Europa Press

Una cosa que agradezco y que me atrae de un político, sea mujer u hombre, es que sea natural y que se comporte de una manera sencilla. Que sea como es en el día a día. Hombre, tampoco que vaya al Congreso de los Diputados con los botines de sacar al perro o sin ducharse, porque hay que guardar las formas, aunque seas de izquierdas. Me refiero a que valoro la sencillez. Por tanto, cuando veo que los distintos candidatos a la presidencia del Gobierno de España van a un debate en televisión y un asesor le tiene que decir qué corbata llevar, cómo mirar al contrario, la manera de mover las manos o los músculos de la cara, o cómo escaparse para ir al retrete sin que se den cuenta, me pongo de muy mala uva. Contratan a uno o varios asesores solo para eso y lo hacen para llevarnos al huerto, claro. O sea, para situarse.

El menos natural de todos los candidatos es Pedro Sánchez, y no quiero decir con esto que no merezca seguir en la Moncloa. Le hice un buen marcaje en el debate del pasado lunes y creo haber dado con el motivo de esa afrentosa falta de naturalidad: Pedrito cree que siempre está en pantalla. Y no, Pedro, los demás también salen. Es guapito, vale, pero se creé que las cámaras desobedecen al realizador para pelearse por ver quién lo saca más favorecido y por eso no levanta la cabeza cuando habla un contrincante, porque no quiere que los televidentes se den cuenta de lo bien que le sienta el maquillaje.

El más natural fue Santiago Abascal, El Facha, como le llaman. Lástima que sea muy de derechas, porque quedaría bien en Ciudadanos, donde andan buscando a un candidato menos infantil que Rivera, el del perrito y el ladrillo. Albert es un peluche que no tardará en estar en el altillo de algún ropero. Abascal tendrá recorrido en esto de los debates porque es en un plató de televisión igual de derechas que en la calle, y eso no es fácil. Es natural, no actúa, se muestra como es. Salvo cuando mira a Iglesias, que parece que lo amenaza con el puño americano. Mira como el demonio de Tasmania.

Pablo Iglesias, en cambio, es muy parecido a Sánchez, aunque menos presumido y con coleta. Domina el tema, pero le quitas el bolígrafo, que es su punto de apoyo, y le pasa como cuando le quitaban a Gary Cooper la fea costumbre de no saber qué hacer con las manos cuando interpretaba: que no sabía ni mirar a los comanches. Iglesias pone unas caritas estudiadas que no me explico cómo no ha salido ya en los mangos de los paraguas. Si se fijan bien tiene una jeró para cada contrincante, siendo la mejor la que le pone a Sánchez, como de busca gresca de barrio obrero. En cambio, a Abascal le puso dos o tres caretas distintas: la de rojo, la de maestro de escuela decimonónico, de aquellos que daban la vida por una pringá, y la de vendedor de mantas.

Por último, Pablo Casado. Este chico es casi perfecto: natural, sencillo y limpio. O sea, aseado. Mira al contrario como diciéndole, ten cuidado que soy más valiente que tú, más torero y más gitano. Como Paquiro a su hermano. Pero luego no es nada, un lindo gatito que mira a veces como un chihuahua viudo, enseñando los colmillos sin despegar los labios.

Si hay unas nuevas elecciones pronto, que todo apunta que sí, propongo que se hagan los cinco una fotografía juntos con el siguiente eslogan: “Antes muertos que sencillos”.


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