La Tostá

Aquí un intruso, pero a compás

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
01 may 2022 / 10:16 h - Actualizado: 01 may 2022 / 10:18 h.
"La Tostá"
  • Aquí un intruso, pero a compás

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Soy lector diario de las excelentes columnas del profesor Ramón Reig, que publica en El Correo, donde escribo desde 1984. Ayer leí su columna Basta de intrusos en el periodismo, y les confieso que, sin pretender quitarle la razón, me sentí chungo. Intenté tirarme por el váter pero cuando tenía ya los pies dentro me di cuenta de que, como vivo solo, ¿quién iba a tirar luego de la cisterna? Así que lo dejé para cuando haya enseñado a alguno de mis perros. Evidentemente, soy un intruso del periodismo, pero ejerzo la carrera desde hace cuarenta años, desde los 24. Es curioso, pero al principio los flamencos me consideraban también un intruso de este arte. Antonio Mairena me habló un día del intrusismo gaché, y yo soy gaché o gachó. O sea, más payo que Miguel Poveda.

A pesar de no ser gitano, quise ser cantaor pero supe pronto que no tenía el duende, el pellizco, solo la afición y los conocimientos. Decidí no ser un intruso del cante y, encima, sin el don del ángel. En cambio, lo del periodismo me gustaba desde niño. Sin embargo, cuando entré en este diario, porque me llamaron, lo primero que dije es que tenía menos papeles que una liebre. Vamos, ni siquiera el certificado de estudios primarios. Creo que hice méritos para que me lo hubieran dado, porque cuando dejé el colegio, con 12 años, lo sabía todo sobre Viriato y los Reyes Católicos. Menos mal, porque no sé qué hubiera sido de mí, de mi vida, sin esos conocimientos en oficios como los de panadero, sastre, camarero, escayolista, decorador, albañil o calicatero, donde nunca necesité título alguno.

Tampoco para ejercer el periodismo, porque nadie estudia Ciencias de la Información para escribir gratis o mal pagado sobre el Planeta, la Andonda, la Repompa de Málaga o Tomás Pavón. Y ningún periódico hace fijo a un crítico de flamenco, en Andalucía, la cuna de este arte, salvo que escriba también de otras cosas. Llevo cuarenta años siendo lo que llaman un “colaborador”. No sé lo que es un contrato laboral en el flamenco y en dos años me jubilaré con una paga de autónomo, que es lo menos que se despacha en pensiones. Pero no me quejo, siempre me he buscado la vida y así tendrá que ser hasta que estire la pata. Es el sino de los plumillas independientes, de las personas libres.

No entré en el periodismo buscando dinero, porque ganaba más abriendo calicatas en las calles de Sevilla, sino por amor al flamenco y para que este arte tuviera un sitio en la prensa andaluza. Entre otras cosas, logré que lo tuviera en la sección de opinión no de manera ocasional, sino fija. Se puede decir que inventé el columnismo flamenco. Gracias a mi esfuerzo, el flamenco tiene dos premios nacionales, de la Cátedra de Flamencología de Jerez (2010), uno internacional, de la Escuela Flamenca de Andalucía (2020), doce libros –uno de ellos, el de la Niña de los Peines, premiado como Mejor Libro Flamenco del Año por la revista audiovisual Flamenco Hoy–, y, entre otras muchas cosas, dirijo el portal flamenco más importante del mundo, ExpoFlamenco, desde hace años. Todo esto sin título universitario.

Siempre he sido un intruso, pero a compás. No muchos periodistas de título pueden decir esto. Pero sí, el intrusismo en el periodismo es un problema.


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