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Los medios y los días

Arde el mundo, ahora contra el Papa

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24 jul 2022 / 06:54 h - Actualizado: 24 jul 2022 / 06:54 h.
"Los medios y los días"
  • Arde el mundo, ahora contra el Papa

Hace años que le tienen miedo a este Papa Francisco. Los católicos tradicionalistas se lo han montado muy bien interpretando a sus anchas lo que, según unos evangelios asumidos oficialmente por la Iglesia, dijo el fundador de la religión, Jesús de Nazaret, sobre el que se tienen escasísimas noticias realmente científicas. Se han agarrado a que Marx dijo aquello del opio del pueblo en relación con la religión, y a las teorías materialistas del evolucionismo, asumidas por el comunismo, pero también por el liberalismo, y se han montado una vida antievangélica de lujos y corruptelas digna de ser rechazada estilo Jesucristo con los mercaderes del templo.

Nada dijo Jesucristo contra la mujer y sus derechos, nada dijo contra la prostitución, al revés, defendió a una prostituta, nada dijo contra los homosexuales, todo lo centró en un sistema empático llevado a sus extremos: poner la otra mejilla si te dan una bofetada. No se ha tenido en cuenta la cantidad de veces que Karl Marx -que tachó de opio a la religión que esclaviza, no que libera- menciona el desarrollo espiritual del humano mediante el dominio de los medios de producción para que no sean estos quienes dominen a ese espíritu que es lo que finalmente ha ocurrido. Todas las revoluciones comunistas se han hecho para facilitar la vida de quienes habían sido aplastados por sus caritativos, religiosos y cristianos o católicos hermanos. Otra cosa es lo que sucedió después: que la cabra tira al monte y el hombre siguió siendo lobo para el hombre, insistió en desarrollar su innato egoísmo y lo echó todo a perder porque mató el otro innatismo del sujeto: su capacidad de emprendimiento.

Marx no sostenía que por fuerza el sistema comunista tuviera que implantarse a base de sangre y violencia. Creía también que debía llegar por evolución del capitalismo y en varios lugares a la vez; implantación por hartazgo del capitalismo explotador y consumidor hasta límites que él no conoció y que nos lleva a una sociedad red digital donde la gente se ficha a sí misma en Internet y consume tanto que está destruyendo el planeta porque todas esas emisiones que nos están no ya calentando sino achicharrando -y veremos cuando llegue el frío- son fruto, sobre todo, de nuestro consumo enfermizo. También de las barbaridades que el comunismo llevó a cabo en la antigua URSS.

En todas las épocas hemos tendido a considerar que el mundo había enloquecido. Pero nunca el mundo había sido tan mundo, tan total, como ahora. Y ahora ha enloquecido globalmente, nuestros medios de producción nos están hiriendo de muerte, nuestra incapacidad para dominar lo que creamos, para dialogar cultura con cultura, potencia con potencia, en pro de la paz, nos lleva poco a poco a una situación límite que siempre espero que se reconsidere, aunque sólo sea por instinto de conservación y para no tirar por tierra todo lo bueno que la globalización también nos ha traído. Para eso hacen falta sabios ahí arriba, los filósofos de los que hablaba Platón en su utópica república.

Hemos regresado a la época anterior a la Guerra Fría y sin embargo observamos detalles de la Guerra Fría. No, ya no hay misiles comunistas contra misiles capitalistas, no es así exactamente. Lo que hay es misiles y potencias que se agrupan y se distancian sobre la base del mercado pero tomado éste desde distintas interpretaciones, sin dejarse dominar tan fácilmente como antes. EEUU creó un mundo a su imagen y semejanza tras la Segunda Guerra Mundial y le han dicho hasta aquí hemos llegado. Putin se ha unido con China, Irán, Turquía y otros países no le hacen asco a esta unión. Se acabó nuestro hacer y deshacer. Y o lo asumimos o iremos al desastre como la especie más idiota del planeta que en ocasiones parecemos ser.

Hay alguien que les está aguando la fiesta a los sepulcros blanqueados del conservadurismo, alguien que nos acerca a Marx y a su espiritualidad pero con la diferencia de que coloca su fe en Dios además de en los hombres: el Papa Francisco. Esta forma de ver el mundo es la que dio origen a la Teología de la Liberación y a que yo personalmente trabajara contra Franco al lado de quienes se llamaban cristianos por el socialismo. Ya no creo en el socialismo ni en el cristianismo, pero, como dijo Miguel Hernández, “dejadme la esperanza” y, siguiendo a Blas de Otero, “me queda la palabra”.

Curioso, en tiempos en que el comunismo ha muerto o está moribundo se alzan otras voces para intentar que el ser humano alcance en la realidad lo que desea ser en sus rezos. Es su tragedia: su lucha constante entre lo que es, por el momento, y lo que quisiera ser y no lo es por más que disimule: no es bondadoso, solidario, empático. Al menos los que llevan el cotarro son lo opuesto: no hay necesidad de subir los precios, por ejemplo, eso es sólo codicia, ansias de un mayor poder, el veneno de la competitividad que, tomado con tanto exceso, mata. Sin embargo, ahí tenemos a esa tribu de enfermos mentales metiéndonos los dedos en los ojos.

No hay nadie realmente poderoso que actúe de contrapeso a esta situación. Sólo una persona: el Papa Francisco. Hay que ir a por él. O se calla o cambia de actitud o veremos. O empeora de salud y muere o si sigue adelante atentará gravemente contra lo que es en realidad la religión que representa: un negocio y un cubrir el miedo a la libertad de las clases más conservadoras y de mucha clase media. Él sabrá lo que hace y si tiene guardia pretoriana para hacerlo. Por lo pronto, como una de las culminaciones de los ataques mortales que está recibiendo, se anuncia un cónclave de los suyos contra él, en Madrid. A quién se le ocurre ser comprensivo con los maricas y las lesbianas o decir que prefiere un comunista íntegro a un creyente hipócrita o que los medios de comunicación están en manos de los ricos y colonizan las mentes de los ciudadanos. A ese hombre hay que quitarlo de en medio como sea por más que represente a Cristo en la Tierra. En todo caso será El Anticristo.


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