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¿Arrodillados ante el coronavirus? Nunca

El mundo antes y después del coronavirus (Día 26)

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08 abr 2020 / 22:53 h - Actualizado: 09 abr 2020 / 10:32 h.
"Opinión","La vida del revés","Coronavirus"
  • Escena de la película ‘Desayuno con diamantes’
    Escena de la película ‘Desayuno con diamantes’

Zhang Wenhong es un gran experto en Covid-19. Uno de los mejores. Advierte que en otoño se producirá, muy posiblemente, una segunda oleada de contagios. Esto es algo que gran parte de los epidemiólogos intuye desde el principio. Porque el patrón se repite de pandemia en pandemia.

Ya sucedió algo similar a lo que vaticina el doctor Wenhong cuando alrededor de 1918 la ‘gripe española’ se llevaba por delante a 50 millones de personas en todo el planeta (algunas teorías llegan a afirmar que fueron 100 millones de personas las que murieron a causa de esa pandemia). Fueron tres oleadas las que diezmaron la población de todo el mundo. La segunda fue la más letal. Por supuesto, los adelantos científicos y médicos de la esa época eran mucho menores que los actuales y eso resulta muy tranquilizador.

Tendremos que aprender a convivir con este virus. Y tendremos que aprender a relacionarnos de otro modo entre nosotros. Por eso, personalmente, me decanto por volver a la normalidad. Aquí se viene a lo que se viene. Lo que no podemos es encerrarnos en las casas por siempre jamás, no podemos perder la ilusión por vivir ni olvidar que la vida tiene sentido, entre otras cosas, porque existe un final. La vida es lo que es e incluye el peligro de topar con un coronavirus desconcertante, asesino.

¿Imaginan una vida entera confinados en casa? ¿Puede alguien pensar en una existencia sin abrazos, besos o conversaciones alrededor de una taza de café? ¿Se puede renunciar a casi todo a cambio de seguridad? ¿Podemos estar seguros de algo?

En fin, creo que ha llegado el momento de plantearse las cosas sin tener en la cabeza una inmortalidad imposible o una vida maravillosa encerrados en una urna hermética.

Todo el esfuerzo que estamos haciendo, todo el trabajo conjunto, puede perder el sentido de un día para otro. Si en el horizonte no se perfila una existencia en libertad, sin temores, no hay nada que hacer. Si nos convertimos en rehenes del miedo, se acabó, no habrá nada que hacer. No dejemos que todo esto pierda sentido. Sería un error fatal.


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