jueves, 17 octubre 2019
08:55
, última actualización

Asalto a los cielos

26 jul 2019 / 08:41 h - Actualizado: 26 jul 2019 / 08:48 h.
  • Asalto a los cielos

La expresión “asalto a los cielos” fue atribuida a Pasionaria. Dicen que Hemingway sólo lloró una vez en su vida y fue en la despedida en Barcelona de las Brigadas Internacionales. Yo sospecho otras lágrimas.

Después se embriagó para siempre y se lió y casó –seguro que borracho- con Marta Gellhorn, una corresponsal de guerra mucho más joven que él. Suele suceder.

Lo ocurrido hoy en la sesión de investidura es el reflejo de la relación de los socialistas y los comunistas, que sólo se abrazaron durante la Segunda República. Es curioso que no lo hicieron por las ideas obreras, sino de la mano de los republicanos, que siempre fueron minoría, pero que nunca dejaron de pensar en España.

Sin embargo, la frase no es de Dolores Ibarruri, ni tampoco de Marx, como igualmente se atribuye erróneamente. Asaltar los cielos evoca los titanes, esto es, los humanos contra los dioses del Olimpo.

Pablo Iglesias pudo hoy asaltar los cielos; pudo hacer historia entrando en ese Gobierno como no lo lograron los titanes y hacerlo como Moisés desde el monte Nebo aunque no pisara la tierra prometida; pero al igual que los republicanos una vez cruzaron el Ebro, desaprovechó su oportunidad.

A diferencia de lo que Pedro Sánchez no ignora y por tanto miente, no se trataba de conseguir un gobierno de izquierdas, sino de aquello que Martha Gellhorn definió con una majestuosa frase, “España era el lugar donde había que detener el fascismo. Fue uno de esos momentos de la historia en los que no tienes dudas".

Hoy también pudo haber sido ese día.

Los socialistas jamás han hecho ningún pago trascendente a los comunistas. Baste ver el ocaso de muchos de ellos, convertidos en simples jarrones y no de la China.

Baste observar qué ha sido de Amparo Rubiales o de Soto y de Saborido, por no salir más lejos que de nuestra tierra con todo mi respeto hacia ellos.

Fue por eso por lo que Anguita siempre privilegió los programas sobre los nombres y las carteras. Solo él conoce los sinsabores de los poderes fácticos, eso que ahora llaman el Ibex 35. Solo él es consciente de lo que era el felipismo abrazado al Rey Emérito. Y solo él sabía cómo PRISA volvió a sus orígenes apoyando a Felipe.

Si se fijan, hay una mueca en la salida de su escaño de Pedro Sánchez que esboza una sonrisa, tras “perder” su investidura. Los españoles no sabemos reir tras las derrotas, luego no debió serlo. Claro que había un Plan, pero no el que pergeñaba Albert Rivera. El Plan era justo el que ha resultado del “debate” de investidura.

Los ciudadanos deberían despreciar a quienes convirtieron lo inconcluso de España en una comedia sobre poltronas. Si Trevijano viviera, gritaría “abstención”. Pero tampoco ha sobrevivido.

Eso que nunca hubiera aceptado Anguita, hoy seguro que le ha sumido en esa melancolía proverbial, de quien sabe que ya ni él, ni nadie, podrá cambiar el mundo.

Porque Pablo Iglesias ha fallado. De Pedro Sánchez nadie esperaba nada. Los grandes goleadores saben que en todo gran partido al menos habrá una ocasión. Se trata de no fallarla.

Ayer Podemos tuvo la oportunidad de parar al fascismo que llamara Hemingway, al que probablemente mató el recuerdo de Gellhorn. Los rojos mueren de amor y melancolía y los socialistas henchidos de poder y de mujeres ricas o empoderadas.

El fascismo no es Vox, ni sus cómicas tiras añejas. El fascismo es lo que hoy se ha perpetuado por el error Iglesias. Así que, junto a él, volvamos al amor; al menos, algo aprehende, aunque solo sea melancolía...


  • 1