jueves, 17 octubre 2019
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Atención: el arte chano: The Richard Channin Foundation, ¡¡¡en el CAAC!!!

30 jul 2019 / 10:26 h - Actualizado: 30 jul 2019 / 14:47 h.
  • Atención: el arte chano: The Richard Channin Foundation, ¡¡¡en el CAAC!!!

Ya me gustaría mantener el mismo tono divertido, desenfadado y ¿por qué no? descarado, que han tenido y parece que siguen teniendo los participantes en esta muestra, desde el momento que aceptan de nuevo enfrentarse a lo que hicieron en sus comienzos, para volver a reírse -de y con ellos mismos- contagiando esa (son)risa a todo aquel que la vea, y ¡cómo no!, ya hubiese querido yo tener esa idea de rescatar lo que hicieron ellos -y fueron esos años- que ha tenido su comisario –Sema D´Acosta- quien se ha atrevido a montar una retrospectiva de unos autores que en su día, bien pudieran habérseles tildado de activistas del arte, entendido esto en el sentido que tenían de participación ciudadana, libre, desprejuiciada y alternativa.

Exposición que además les ha servido de pasaporte –si es que no lo tenían ya- para entrar en estos espacios a la vez sagrados y profanos (porque consagran a quienes exponen y se verifica en las visitas que tienen lugar desde la apertura al cierre), como es el CAAC, y porque después de esto, que debe ser algo parecido a tocar el cielo (o al menos acercarse bastante), poco queda para que de una vez por todas se percaten los grandes gurús del Arte, de la existencia de estos jóvenes artistas “cuarentañeros”, que apostaron un día en serlo y sus respectivas trayectorias así lo han ido demostrando.

Los caminos del arte son inescrutables. Se llega a ellos mediante una labor callada, casi secreta, o por el contrario gritando que aquí estamos, somos artistas y hacemos arte. Esto es lo que se propusieron estos tres amigos, colegas desde la Facultad de BB. AA. de Sevilla desde que un buen día del 99, decidieron crear la Richard Channin Foundation en el estudio que compartían en uno de los barrios más populares del Centro de Sevilla.

La alegría, frescura, atmósfera de juventud, de celebración del arte y de la amistad, no sé si pueden transmitir lo que se vivió en directo y se revive ahora en el CAAC hasta el 20 de octubre, en torno a la producción de tres personalidades diferentes que desde 1999 hasta el 2004 se fusionaron en uno, o puede que en realidad fuera sólo uno que se sirviera de tres nombres distintos, como son Miki Leal, Juan del Junco Y Fernando Clemente.

Con la RCHF, se vinculará para siempre un término que debería pasar inmediatamente a los diccionarios en sus múltiples acepciones y no sólo la que recoge la RAE: “despacio, despacio”, como es el de Arte Chano o lo chano por extensión. Juego de palabras que pueden devenir de artesano. o charro, chabacano, amateurista, guay, etc. en una especie de metalenguaje que en principio pertenecía sólo a la comunidad richardchanniana pero que debería –si no lo es- ser ya universal.

La retrospectiva, recoge “sólo” los cinco años que la RCHF estuvo activa, y no una selección de todo lo que han hecho hasta ahora cada uno de sus componentes, lo que hubiese supuesto dedicarle todas las salas, claustros y aún los jardines y huertos del cenobio cartujano.

Se centra por tanto, fundamentalmente en la labor conjunta como grupo, al margen de que algunas obras fueran hechas de manera individual, siendo esta una de las características fundamentales de la muestra.

Otro aspecto que suscita y el gran acierto que en mi opinión supone esta exposición -por lo que considero que era más que necesaria- es que se centra en ellos, pero con ellos, en toda su generación y en las otras que por encima o por debajo, hemos tenido ocasión de conocerla en sus días. Para los que no, la amuestra supone una ocasión extraordinaria de acercarse a lo que se “cocía” (no sólo literalmente hablando, sino en la real de los fogones), en una parte del panorama sevillano en las postrimerías de los dorados años aún de la post-Expo.

La RCHF supuso un aglutinante no en tanto en cuanto a la estética de sus obras, o además de, sino porque organizaban un guion en torno a ellas, y la exhibición –o mejor, su puesta en escena- congregaba a muchísimos artistas, periodistas, comisarios, amigos, vecinos y público en general, entre otras cosas porque lo organizaban todo ellos y las hacían fuera de los circuitos comerciales. Circuitos a los que se fueron incorporando con la misma libertad que tenían las que hacían en su estudio (como fueron las de “Cavecanen” dirigida por Fernando Roldán; la “Isabel Ignacio”, llevada por ella y Enrique Acosta; “La Caja China”, dirigida por Pepe Barragán y la “Fúcares” de Norberto Dotor, compañero de facultad y después galerista en Almagro y Madrid, o en otros espacios como “La Carbonería” o la “Fundación Cajasol” (si bien esta con una obra reproducida en 2008).

Atención: el arte chano: The Richard Channin Foundation, ¡¡¡en el CAAC!!!

El hecho de introducir el humor como uno de los “intrigantes” (mejor que integrante) de las obras, ha hecho que se les considere rompedores y vanguardistas precisamente por eso, porque resulta todo tan espontáneo, que la carga grotesca, bizarra o kischt de lo que transmiten, se entiende como limpia, sana, abierta, sin censuras. Se centra en acciones planificadas de manera conjunta, en vídeos rústicos, dibujos a rotulador, algo parecido a las fotonovelas en la planificación de situaciones inspiradas en culebrones de TV., historietas gráficas, filmografía patatera, etc. en donde “La Patrulla RCHF” eran los héroes y protagonistas ante invasiones de hipotéticos extraterrestres, hacían de defensores ultraplanetarios, se hacían pasar por millonetis, jugaban a los disfraces, la montaban en el parque de Mª LUISA, en cualquier sitio o en la playa, actuando con su karaoke, ... y en general, con todo lo que les pasaba por la cabeza.

Las palabras exhibicionismo, narcisismo, cutre, lúdico, ...asaltan nuestra percepción después de ver cómo cada pared, suelo, techo o vitrina, acumulan pantallas, esculturas, instalación de enseres usados en las performances que han escenificado, cientos (¡o miles!) de fotos de ellos y de las fiestas de sus inauguraciones, invitaciones, catálogos, recortes de prensa, C.D., merchandising, objetos de coleccionismo ahora ya fetichista, etc., y de que sean pocas son las obras dedicadas a otro asunto que no sea el de ellos mismos o sus modos distintos de autorrepresentarse.

Pero este narcicismo tenía un doble propósito: pasárselo estupendamente y darse a conocer, el salto a la fama desde su propia agencia de trabajo y de publicidad. Dicho de otra manera: desde su lugar en el mundo, y que fueran los visitantes y los medios los que se acercaran a ellos a la vez que participaran del pifostio que se montaba en sus “showrooms” o allá donde quisieran organizarla pacífica, compartida y jocosamente. Por otra parte los autorretratos, cumplen otras muchas funciones, entre ellas, la de autoafirmación y la de dejar constancia de un momento concreto de la vida, una necesidad de ver a través de ellos el paso del tiempo.

Una exposición como la que ha dispuesto Sema D´Acosta, tan artista como ellos por la dificultad que habrá tenido con tanto material a veces por las cualidades del material, no tan bien conservado, es bastante inabarcable. Por eso sólo me queda insistir en el extraordinario número de “souvenirs” que afortunadamente se han conservado en buenas condiciones, como el logotipo con la cara impresa a una tinta de David Selby -el Richard Channing (terminado en G) de la pantalla- que se dispone entre los atrezzos que surgen por doquier, sin que haga falta decir, que entre los rostros de los tres juntos o por separado y entre las fotos de los muchísimos asistentes a sus convocatorias.

Por cuestiones generacionales o porque supieron ver en su día el significado que ya tenía -y que iba a tener a la larga la RCHF y cada uno de sus miembros- quiero resaltar ahora a sus seguidoras de 1ª hora, como son Margot Molina (que les ha dedicado numerosos artículos desde el primer momento), o Esther Regueira y Lorna Scott quienes le invitaron a participar en el PaseArte del año 2000 (original iniciativa consistente en visitar estudios de artistas, algo similar a la actual “La Noche en Blanco”), y que cómo no podía ser menos fue otro éxito más tanto mediático como de convocatoria.

La RCHF no dejó indiferente a nadie, pues nadie quería perderse lo que sin duda estaba llamado a ser uno de los eslabones más personales del arte en Sevilla: ellos no se parecían a nadie y no tenían precedentes aquí exceptuando el Equipo Múltiple. Pero con ellos, con la desaparición de la RCHF, se fue también un modo de entender no sólo el arte, sino la forma de abarcarlo y por supuesto de relacionarnos: en los estudios, en la calle, con comida y bebida como aglutinante popular (las famosas “papas aliñás” y los “garbanzos con chorizo” que encargó uno de sus mentores: el Dr. MARCELINO GARCÍA para la subasta solidaria del Comité Anti-Sida de Sevilla en la que participaron junto a tropecientos artistas, críticos, gestores culturales,...).

Por eso, no quiero dejarme atrás a Juan Lacomba ni a Jesús Reina, (que le organizaron exposiciones, escribieron textos), ni al tristemente desaparecido Paco del RíO desde la obra cultural del “Monte”. Tampoco al profesorado de la Facultad de BB.AA. entre quienes se encontraba -y encuentra- Mercedes Espiau, y así un largo etc. que puede conocerse a través del Catálogo que con motivo de la exposición, ha editado la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía y el propio CAAC.

Llegados a este punto no tengo más remedio que mencionar si quiera a algunos autores que

fundadores de la RCHF), Javier Parrilla, Manolo Bautista, J.M. Pereñíguez, Cristobal Quintero, Mª José Gallardo y Natalia Gómez, citados por Sema D´Acosta en la Hoja de Sala, aunque citarlos a todos, sería igual a hacerlo con la casi totalidad de los artistas que pululaban por aquí. Esta exposición trata de Miky Leal, Juan del Junco y Fernando Clemente. A ellos he intentado dedicar este comentario, con todas las lagunas del planeta Teresito, porque la verdad: están, son y afortunadamente siguen siendo inabarcables.

A 20 años de distancia, no parece sino que la RCHF sigue intacta, tal cual la dejaron en el museo personal de la memoria (la suya, la nuestra y la de los que la vean pasados los años) y por lo que se ve, el virus RCHF sigue por ahí, recordándonos que alguna vez fuimos jóvenes, guapos, selváticos, sin las convenciones que la corrección nos ha impuesto hoy. ¿O no?


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