miércoles, 12 agosto 2020
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Atentado parental

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Pepa Violeta Pepavioleta
19 ene 2020 / 13:31 h - Actualizado: 19 ene 2020 / 13:53 h.
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  • Atentado parental

“El PIN PARENTAL es una solicitud que va dirigida a los directores de los centros educativos en los que estudian nuestros hijos, con tal instancia solicitamos a la dirección que nos informe previamente, a través de una AUTORIZACIÓN EXPRESA sobre cualquier materia, charla, taller o actividad que afecte a cuestiones morales socialmente controvertidas o sobre la sexualidad, que puedan resultar intrusivos para la conciencia y la intimidad de nuestros hijos, de tal modo que como padre o madre pueda conocerlas y analizarlas de antemano, reflexionar sobre ellas y en base a ello dar mi consentimiento o no, para que nuestro hijo asista a dicha formación”. Así, tal cual y sin yo quererle añadir ni una coma nos habla VOX en su web oficial, de cómo debemos educar a nuestras criaturas. Casi me caigo de espaldas cuando leí que esta fuerza política, con el apoyo de PP y Ciudadanos ya ha elegido Murcia como territorio pionero para poner en marcha tan macabro experimento.

Dejemos odio y rencores aparcados y obviemos por un momento los intereses oscuros de esta alianza tripartita entorno a la educación, para analizar de la forma más racional posible, las causas por la que esta medida es un auténtico atentado a la libertad de cátedra, a la libertad individual y un ataque a los derechos fundamentales.

Expertos y expertas en Estudios de Género, organizaciones nacionales e internacionales, profesorado, investigadores/as, pensadoras/es...ponen la coeducación como pilar fundamental e indispensable para trabajar el sexismo, la violencia, la xenofobia y la discriminación desde la infancia. Solución única para acabar con los feminicidios en nuestros país lo antes posible, solucionar el problema del acoso escolar que va en aumento y crear un tejido humano fuerte en valores solidarios, que sepa llevar el barco a buen puerto cuando sea el turno de cambiar de marineros/as.

Hacer de nuestros hijos/as una parte más de nuestra propiedad privada, que nuestros intereses como progenitores prevalezcan por encima de unos derechos fundamentales reconocidos como seres humanos y volcar en ellos/as nuestras taras emocionales sin remordimiento, supondrá un peaje que vamos a pagar muy caro.

Nuestras criaturas, merecen ser tratadas con respeto, depositan su confianza en una sociedad que tiene como deber primordial ayudarlos a conformarse como seres humanos responsables, civilizados, solidarios e igualitarios. Y no estamos cumpliendo.

Debería darnos un poco de vergüenza consentir que avancen proyectos adoctrinadores como estos. Les faltamos el respeto a nuestros hijos/as cada vez que les ponemos una piedra más en un camino ya de por sí angosto.

Quizás deberíamos buscar como desbloquear el PIN de esos padres y madres que no entienden que la libertad de cátedra está por encima de su trasnochada ideología. Que la sociedad que estamos construyendo implica compromiso total y valentía para expulsar de este proyecto a los que no quieren trabajar por la igualdad. Saben esconderse bien y disimulan mejor aún. Educación sexual, temas relacionados con movimientos LGTBI, feminismo, educación en la diversidad... pueden convertirse, si esta locura avanza, en cuestiones que dejen de estar presentes en las aulas; con el peligro que esto conlleva si lo dejamos en manos de la moral y la decisión de unos padres que suspenden en igualdad.

Desde el movimiento feminista volvemos a salir en defensa de nuestra infancia, nuestra esperanza para construir una sociedad rica en valores, crítica, consciente y dispuesta a anteponer siempre la libertad por encima de todo. El Tribunal Constitucional ha señalado en diversas sentencias que el derecho a la objeción de conciencia solo existe en nuestro ordenamiento en los casos expresamente contemplados por la Constitución y las leyes.

Debemos estar atentas/os a estos ataques y berrinches políticos y morales y a los medios de comunicación que les hacen de sostén y legitiman discursos que suponen un auténtico atentado para nuestra joven democracia. El derecho a una educación pública y de calidad nos salvará de vivir en una eterna esclavitud.

Nunca está de más aprovechar nuestra presencia en los claustros, AMPAS y tribunas varias que esta sociedad nos ofrece, para volverles a recordar a los/as censores/as que no vamos a volver a la caverna, sabiendo que las sombras que durante tanto tiempo nos han acompañado, sólo era producto de nuestra ignorancia. Ahora que hemos conseguido escaparnos de las cadenas que nos mantenían atadas/os y sabemos a qué sabe la libertad, vamos a proteger lo que más deberíamos querer. Nuestros descendientes son hijos/as del mundo, no nos pertenecen, pero sí tenemos la responsabilidad de dejar el mejor legado posible.

Mantener en pleno siglo XXI que la igualdad de género, la diversidad sexual o la discriminación, deben ser gestionado desde lo privado y cederle el poder a los progenitores de sacar de las aulas a sus hijos/as para que no reciban esta formación, implica volver a las sombras de las que nos hablaba Platón. Si de verdad supiéramos amar de forma consciente a nuestros hijos/as, jamas se nos pasaría por la cabeza encerrarlos/as en la misma caverna de la que nosotros pudimos escapar.


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