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Viéndolas venir

Ayudar a los estudiantes

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Álvaro Romero @aromerobernal1
17 oct 2020 / 09:59 h - Actualizado: 17 oct 2020 / 10:00 h.
"Viéndolas venir"
  • Ayudar a los estudiantes

El progreso no consiste en avanzar hacia la fórmula falsamente mágica de que si las circunstancias son difíciles bajamos las exigencias. Ni siquiera los alumnos están dispuestos a que se les trate como a tontos, diciéndoles que sí, que sí, que tomen el papelito como rebaños y sigan adelante, en manada para seguir compitiendo absurdamente en la siguiente fase de la vida, que no es un juego. No es ser progresista bajar la calidad de la enseñanza porque no se quieran poner los recursos suficientes o porque se dé por sentado que con los que hay no van a poder esforzarse los que siempre se esfuerzan. Progresar no es desilusionar a miles de docentes con el cuento chino de que aprendan lo que aprendan sus alumnos al final estarán aprobados, porque total; no es relativizar el aprendizaje de los alumnos hasta el punto de que no importa lo que aprendan porque los titulitos sobran. No. Eso es involucionar precisamente a la desigualdad insoportable de la que veníamos, a esa desigualdad por la que nuestros abuelos eran todos igualmente ignorantes. Habíamos soñado otra cosa para nuestros hijos.

Y la pandemia no puede servir de excusa. Está claro que genera una situación excepcional, pero la solución no es rendirnos, asumir que no se puede y ganan todos, como si estuviéramos en un concurso infantil en el que hay diplomas para todos desde el principio, porque no se trata de ningún reto, sino de un entretenimiento. Me pregunto qué habría sido de esta ministra, de este Gobierno, en materia educativa si no llega a mediar el COVID-19 que ha puesto a innovar a miles de maestros sobre la marcha para pensar cómo seguir enseñando y a imaginar a miles de políticos, también sobre la marcha, cómo seguir cosechando votos con la facilidad de siempre: poniéndose en la piel de una presunta masa para indagar en qué les agradaría. El problema es que la masa, tal y como estos políticos la conciben en clave orteguiana, existe solamente en sus pragmáticos esquemas electorales. Masa son ellos. En la realidad, cada individuo es uno; cada estudiante es una historia; cada familia, un universo complicado de posibilidades.

El Gobierno facilitaría el proceso educativo que merecen todos los estudiante de este país no decretando que en caso de varios suspensos se les puede pasar la mano y punto, sino insistiendo en la inversión que nos hemos quedado esperando a medias, afinando la calidad de esas tecnologías punteras para que no nos quedemos colgados en clase o en casa; normalizando, gracias a personal experto, que es también posible seguir aprendiendo aunque contemos con la distancia que nos deben acortar las nuevas comunicaciones en red. Pero tal vez ese es un camino demasiado largo para quienes están acostumbrando a ganar siempre tirando por el corto, ¿no?


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