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Ayudar con dinero público no debe ser un problema sino la solución

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12 dic 2021 / 11:20 h - Actualizado: 12 dic 2021 / 11:31 h.
"Opinión","Paro","Inmigración","La vida del revés","Desempleo"
  • Ayudar con dinero público no debe ser un problema sino la solución

Hace tres meses, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, anunciaba un giro en la política de ayudas públicas a inmigrantes en su país. Resumiendo mucho la cosa, Frederiksen venía a decir que si algún extranjero no podía conseguir contrato de trabajo, en lugar de disfrutar de ayudas públicas a cambio de nada, tendría que colaborar en tareas municipales durante 37 horas a la semana. Además, apuntaba a la necesidad de hacer entender a los inmigrantes que para integrarse es necesario trabajar, salir de casa, aprender el idioma local y recibir una cantidad económica a cambio de esfuerzo personal. Pagar un dinero a cambio de nada resulta contraproducente según la primera ministra de Dinamarca. Y yo me apunto a la idea.

Este es un debate especialmente interesante y si lo trasladamos a la realidad española podemos ampliarlo a los propios españoles. La tasa de paro tan monumental que arrastra España desde hace años se traduce en cantidades astronómicas que aporta el Estado para que millones de personas pueden tener una vida, más o menos, digna. Españoles, colombianos, marroquíes, bolivianos y personas de cualquier procedencia reciben unas cantidades que no siempre están justificadas.

Es evidente que no podemos dejar tirados a los que no tienen trabajo; resulta necesario para una sociedad moderna no dejar a su suerte a los grupos más desfavorecidos. Es tan evidente como que no podemos entregar ayudas a esos que abusan, a los que trabajan un rato y cobran el paro otro dependiendo de sus necesidades e intereses personales, a los que no tienen intención alguna de trabajar ni de integrarse ni de nada. Recibir una ayuda a cambio de una colaboración en los ayuntamientos o en otros ámbitos es saludable. Y ejercer un control férreo para evitar abusos es absolutamente necesario. Ya son muchos años los que España soporta actitudes indignas y eso no puede ser.

No se puede perder de vista el problema real. Si alguien inevitablemente debe recibir ayudas públicas que así sea, pero regalar millones y millones de euros a personas que podrían estar colaborando con su esfuerzo a construir una sociedad mejor, es inviable. No se puede pudrir (si es que es posible mayor deterioro) el problema que hemos creado. Concretamente, el clientelismo que buscan los políticos es bochornoso y no dudan en seguir manteniendo en píe políticas imposibles buscando votos a costa del esfuerzo de todos.

Sé que todo esto que digo es muy poco popular; y sé que hay casos especiales que deben seguir manteniendo ayudas indispensables. Pero sé, también, que conozco casos vergonzosos y sangrantes de personas que llevan viviendo del cuento mucho más de la cuenta.

Alguien debería dar una vuelta a este asunto por el bien de todos. Y no dejaríamos de ser una sociedad exquisita si se modificasen algunas leyes sobre las ayudas públicas. Del mismo modo que los empresarios se ven ante la dura y dolorosa decisión de despedir a alguno de sus empleados para lograr sacar adelante el proyecto y salvar muchos puestos de trabajo, el Gobierno de turno debe pensar en el futuro sostenible de nuestra sociedad y no en sus votos.


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