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Desde la espadaña

Bar y apartamento por una moneda

Poco a poco recortan y secuestran nuestra Sevilla y la ocultan sin remedio. Entristece y adolora

03 feb 2020 / 08:13 h - Actualizado: 03 feb 2020 / 08:17 h.
"Desde la espadaña"
  • Bar y apartamento por una moneda

A veces, a los escritores hay que perdonarles que descubran la intimidad de una idea, aunque ello pueda no gustar. Porque, ante todo, siempre se debe ser impersonal y objetivo y más cuando se trata de estropear la mirada y el color de Sevilla. Desde luego, nos ha tocado vivir una época donde la voracidad por nuestro patrimonio está más que probada y dejamos al sereno y abandonada nuestras épocas más románticas. Esta es la realidad de nuestro ayuntamiento sevillano con la historia: sólo la síntesis del proyecto y la estadística que servirá al político para presentar en su campaña electoral.

Porque, aunque procuro guardar la entereza y la serenidad cuando tocan a Sevilla, no es menos cierto que a veces está entereza y serenidad se quiebra y me vengo abajo. Tal hecho ocurre cuando la gloría urbanística municipal le ha echado el ojo a la Casa de La Moneda y autoriza que se transforme en apartamentos en alquiler (vulgo apartamento turístico) y un bar. Exacto, frótese los ojos porque el lugar donde se fundía el oro proveniente de las Indias entre 1.500 y 1.717, B.I.C. desde 1.985 y protegido urbanísticamente desde 1.970, ha sucumbido a lo fácil. Y ya son demasiadas costillas las que han quitado a Sevilla.

Desde el siglo XIX, la Casa de la Moneda pasó a manos de la familia Marañón donde ya contemplaba la edificación de viviendas. Pero tras varias vicisitudes, esta familia puso a la venta la finca. Sin embargo, mayor inquietud me llega cuando es conocido que al ser un edificio B.I.C., la Consejería de Cultura tenía el derecho de tanteo, es decir, que podría haberse hecho con el inmueble como bien de los sevillanos y los andaluces. Pero no lo hizo porque aquel gobierno andaluz de los 40 años no vio este patrimonio como merecedor de la ciudad. Ya ven como a veces lo políticos están en un precipicio mental que nadie quiere ver.

En la calle Betis no se autorizaba la colocación de barandillas en todo el malecón (por temas de seguridad) porque en su entorno se hallaba un B.I.C. (puente de Triana). Todo hasta que desgraciadamente falleció una joven extranjera al caerse por el pretil y entonces, en menos de quince días, toda la calle Betis parió una barandilla protectora de seguridad. Ahora, un B.I.C. como la Casa de la Moneda rodeada de muchos otros B.I.C., se convertirá en apartamentos turísticos y un bar (apunten a una franquicia y olvídense de un gemelo de La Escobas o El Rinconcillo) cuando, oh casualidad, florecen los billetes y las prisas por dejar de ver este edificio rodeado de chapas y redes que está dando mucho que hablar. Prisas y más prisas parece ser el nuevo membrete del ayuntamiento hispalense cuando, para más inri, este edificio podría y debía ser de todos los sevillanos para su disfrute.

En Sevilla hemos visto ya desde hace varias décadas como se cambia el aspecto urbanístico. Hace tiempo que hemos dejado de ver fachadas que lucían fuertes pilastrones y finas molduras. Porque no crea que esta nueva Casa de La Moneda será sede de una cofradía de penitencia. Espere, por el contrario, tiempo al tiempo, los calzones y bragas del Primark colgados de la fachada barroco-neoclásica de algún turista tieso (sic) y guarro que no guarda respeto por la ciudad, así como el nacimiento de grandes antorchas que resguarden esos veladores para que el invierno sea más agradable para los clientes.

La urbanística sevillana no se ha dedicado a subir las casas en altura ni en adornar de esbeltos miradores que recreen la vista de Sevilla. El patrimonio de la ciudad se está destruyendo a golpe de pico y machota dejando como solares imaginarios antiguas casas y mobiliarios como el caso del que escribo. He dicho en muchas ocasiones que buscar la simbiosis entre lo histórico (¡Sevilla epicentro del mundo durante varios siglos!) y las normas y cánones constructivos en nuestros días es difícil y trabajoso. Sin embargo, para la administración municipal y los grupos inversores es más cómodo prescindir de historias y problemas. Con los años (y van unos cuantos) veremos el error lamentabilísimo y llegarán los desengaños por la orfandad al que hemos obligado a Sevilla. Todo es prisa; la prisa del dinero. El ímpetu por el ingreso y el aumento estadístico-turístico donde el acierto estético y el primor arquitectónico no se debería regir por días ni premuras. Así que, ya saben, la Casas de La Moneda, vendida por 3,5 millones de euros a un grupo inversor madrileño (ya ven, Madrid y no Sevilla) construirá sus apartamentos turísticos junto al Archivo de Indias, La Catedral y El Alcázar como nuevo concepto del rico.

Poco queda ya de las imágenes de Sevilla donde el cielo te la muestra llena de palmeras, naranjos y limoneros. Observo con tristeza a mi Sevilla, esa mujer adornada de moñas de azahar y jazmín, admirada por propios y extraños, que dentro de poco ya no columbraré.


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