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Viéndolas venir

Blas Infante

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Álvaro Romero @aromerobernal1
10 ago 2020 / 11:44 h - Actualizado: 10 ago 2020 / 13:12 h.
"Viéndolas venir"
  • Blas Infante

Blas Infante nos dio una bandera sin obligarnos al fanatismo, el independentismo u otros ismos. Blas Infante nos dio un himno convencido de que podíamos cantar la misma canción pero con distintas aguas. A Blas Infante lo asesinaron los mismos fascistas de siempre, los que nunca han creído en la potencia de ser universal habiendo nacido andaluz por casualidad. El resto, que somos más, lo mantenemos vivo, también hoy, que fue cuando consiguieron, hace 84 años, matar simplemente su cuerpo.

Hoy se agolpan donde lo asesinaron –sacándolo de su casa a culatazos, como a otros grandes de nuestra Historia reciente- políticos de todos los colores, algunos dándose sutiles codazos para salir en la foto, como todos los años. Pero no todos han comprendido su ideal andaluz, que tenía tanto de adelantado a la peor época del siglo XX español, como él mismo, y por eso acabó tan malamente...

Casi un siglo después de su muerte, de su figura se han apropiado todos sin terminar de comprenderla, sin acabar de interiorizar cabalmente ese pensamiento suyo de que antes de ser de cualquier sitio se es humano con todas las letras y que, desde esa radical humanidad, se debe engrandecer la tierra en que uno vive, y sobre todo a la gente que vive en esa tierra. Porque lo que hace grande un lugar, una región, un país, es que su gente –el pueblo que respira ahí- asuma la grandeza del legado recibido –aun con las miserias de tanto esfuerzo heredado- como un impulso transformador del futuro generacional que volverá a convertirse en pasado, sin fronteras mentales, interesadas y cortoplacistas, que son las peores.

A Blas Infante lo asesinaron los mismos fascistas que hoy también lo asesinarían solo una semana antes de otro andaluz universal cuyos versos por otro muerto le vienen tan bien a su memoria: “Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace / un andaluz tan claro, tan rico de aventura. / Yo canto su elegancia con palabras que gimen / y recuerdo una brisa triste por los olivos”. Es lo que tiene la poesía, que también es universal, aunque por desgracia tenga más adeptos que amantes.


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