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Los medios y los días

Bonos para bares, ¿y sólo para libros?

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24 mar 2021 / 04:17 h - Actualizado: 23 mar 2021 / 19:19 h.
"Los medios y los días"
  • Bonos para bares, ¿y sólo para libros?

Hay lugares donde los ayuntamientos les dan a los ciudadanos vales para que se los gasten en los bares y así se palíen algo los efectos de la pandemia en la hostelería. No sé aún de ningún sitio en el que los vales se regalen para gastarlos únicamente en librerías. Es normal, ¿para qué sirve un libro? Para nada, teniendo Internet y el móvil un libro no hace falta. Pero Internet y el móvil aún no tienen un grifo para servirse una cerveza o una barrica de vino adherida para hincar el codo. Un libro, además, puede ser muy peligroso porque mientras la cerveza y el vino te adormilan, un buen libro tiene la magia de despertarte de los sueños que día a día te siembran en la mente para emborracharla.

Internet es un sunami de datos donde al mismo tiempo hay de todo pero no hay de nada, con esto quiero decir que en Internet hay información pero no conocimiento, la borrachera mental está asegurada y a esa borrachera se une la que aparecen en mil programas de televisión alienantes de los que debe huir todo ciudadano responsable y demócrata después de verlos para convencerse de que, por su salud mental, ha de prescindir de tales emisiones. Esto último va en la línea de lo que afirmaba el sociólogo Pierre Bourdieu: una persona inteligente debe negarse a ir a la televisión cuando la invitan para no degradarse a sí misma aunque ya se sabe que habrá que descartar de esta máxima a los escasísimos programas que valen la pena. También va en la dirección del famoso dicho de Groucho Marx: la televisión es ideal para cuando la estás viendo comprender que debes apagarla y coger un libro.

No sé por cuánto dinero valdrán los bonos que les regalan a los ciudadanos para que los consuman en los bares, no creo que den para emborracharse mucho pero entre el bono y lo que, ya puestos, aporte el cliente, se puede agarrar otro estado de ebriedad que sumar al de Internet-TV. Al final, el país se convierte en una especie de asociación de alcohólicos anónimos salvo que suceda como en aquel viejo chascarrillo: “Ring, ring. ¿Dígame?”. “¿Oiga?, ¿es ahí alcohólicos anónimos?”. “No, aquí todos tenemos nombres y apellidos”.

Si uno con un vale de esos de los bares se toma un vino y luego lo trinca la Guardia Civil, lo hace soplar y se pasa de la raya, ¿quién es el responsable? Está claro que el que conduce pero, ¿no será responsable civil subsidiaria la institución que regala el vale? ¿No hay en esos vales un pequeño estímulo al alcoholismo? En cambio, si los vales fueran para comprar libros, los libros se beben, si son buenos, pero no emborrachan sino que despejan. Ahora bien, una vez más comprendo a los obsequiadores de vales ya que un libro te puede despejar una incógnita y sin embargo levantarte tres y entonces habría que adquirir más libros para aclarar los nuevos interrogantes y así sucesivamente, ergo, los servidores públicos no están para complicarle la vida al contribuyente sino para alegrarlo. Decía el antropólogo Claude Levi-Strauss que el trabajo intelectual del humano está condenado al fracaso por el motivo que acabo de indicar; es muy deprimente Levi-Strauss porque a despejar un interrogante mientras aparecen tres se le llama progreso del conocimiento, él mismo fue un ejemplo de avances cognitivos.

La borrachera de Internet -que te dice de todo y no te dice de nada porque es un saber parcializado- la despejan los libros, más que ningún otro los de historia que sistematizan el saber humano. Ahora mismo tengo sobre mi mesa tres, entre otros. Uno que estoy leyendo, La nueva clase dominante. Y dos que esperan su turno: La historia transnacional y Construir el mundo. En cuanto termine con las teclas agarro el papel. Puede que acabe como don Quijote pero bendita locura es ésa -la locura de la cordura-, mucho mejor que gastarse el dinero público en vino. O al menos que a los vales del vino los acompañen otros sólo para libros.


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